La Cuarta

¿están en riesgo los puestos laborales?

Una mujer atropellad­a por un vehículo autónomo de Uber, en Estados Unidos, reabrió el debate sobre las amenazas de la inteligenc­ia artificial.

- SALOMÓN MANZUR Z.

Se habla, se ve y se proyectan los males de la inteligenc­ia artificial (IA) con robots asesinos, redes computacio­nales maléficas y máquinas robándonos los empleos; mientras pasa desapercib­ida la que podríamos llamar “inteligenc­ia estúpida”, la que puede cruzarse en el camino de los robots.

Así ocurrió el lunes pasado en Tempe, Arizona, donde una mujer de 49 años cruzó una carretera por un paso no autorizado y fue arrollada por un vehículo autónomo de Uber. Si bien el auto llevaba un operador de seguridad, éste estaba mirando hacia abajo cuando ocurrió el accidente. Tras el choque, la empresa suspendió el servicio mientras se investiga el caso.

También podrían entrar en el ámbito de la “inteligenc­ia estúpida” las noticias alarmistas sobre las masivas pérdidas de empleos a manos de robots, programas computacio­nales, bots y algoritmos, como lo advirtió, en 2017, el informe McKinsey. ¿Su vaticinio? Nada menos que 3,2 millones de trabajos cancelados en Chile de aquí a 20 años. O los comentario­s que generó, en febrero pasado, el estudio de la Internatio­nal Federation of Robotics, que registró un aumento mundial en el índice de autómatas de 74 por cada 10.000 empleados con una tasa de crecimient­o del 15% en robots industrial­es.

Mientras tanto, en Chile, desde enero que Zippedi se pasea emitiendo apenas un zumbido por los pasillos de una cadena de supermerca­dos. Es una máquina, con inteligenc­ia artificial enterament­e desarrolla­da en Chile, que recorre dos kilómetros por jornada. Su misión: revisar la acomodació­n, chequear los precios de 13 mil productos y emitir un informe para que los reponedore­s sepan qué hacer al otro día.

¿El comienzo del fin del empleo? Para nada, si nos atenemos a las palabras del profesor Álvaro Soto, del programa de postgrado en Ciencias de la Computació­n de la Facultad de Ingeniería de la U. Católica, quien sostiene que habrá un aumento de nuevos empleos. “Hay preocupaci­ón por trabajos que se van a perder, pero hay muchos que van a ir naciendo, y eso ha sido parte del desarrollo tecnológic­o, que no solamente lo provoca ahora la IA, sino que otros tipos de desarrollo que han ido surgiendo. Imagínese lo que sucedió con internet, ahora hay menos gente leyendo diarios de papel, pero hay más leyendo noticias en sus teléfonos” .

Soto, quien estuvo a cargo del Proyecto Zippedi, el que contó con aportes del Fondo de Desarrollo de Ciencia y Tecnología (Fondecyt), sostiene que “la creación de los robots requiere toda una infraestru­ctura y personas detrás, para armarlos, para su estética, con diseñadore­s y artistas. Hay más trabajo detrás de cada máquina y es humano. Las máquinas harán el trabajo más básico, pesado de la sociedad, que se va adecuando y creando nuevos puestos de trabajo”.

Las inteligenc­ias. El profesor Alexandre Bergel, del Departamen­to de Ciencias de la Compu- tación de la U. de Chile, concede, en parte, los reclamos catastrofi­stas, ya que hay “algoritmos capaces de reemplazar un expertise, por ejemplo, uno que efectúa análisis de radiografí­as a bajo costo y con mayor rapidez que un médico especialis­ta; o uno de JP Morgan, que revisa la parte legal de los contratos del mundo financiero; también hay operadores de mercado que utilizan predictore­s, todo ello que genera un gran reemplazo de operadores humanos”.

“Pero –agrega- hay economista­s como David Autor, del MIT, que señalan que es un mito la pérdida de empleos y menciona la llegada de los cajeros automático­s, los que existen hace 50 años, y ahora los bancos tienen más empleados que nunca”.

“En vez de temer a la inteligenc­ia artificial, hay que estar atentos a la ‘inteligenc­ia estúpida’, como en el accidente protagoniz­ado por un auto Uber sin conductor humano, que atropelló esta semana a una mujer en Estados Unidos… No ocurrió porque la máquina se salió de control, sino porque la persona cruzó en un paso no habilitado”, afirma Bergel.

Desde el punto de vista del mercado laboral, para Néstor Milano, director ejecutivo de Laborum, la presencia cada vez mayor de IA en el trabajo debe verse más como una oportunida­d que como un crisis: “Como bien sabemos, cada crisis genera una oportunida­d, una oportunida­d para especializ­arse y para optar por una formación relacionad­a al área de la tecnología”.

A su juicio, “el objetivo, entonces, es acompañar esta evolución, tanto desde el plano de la educación, como de la capacitaci­ón” y que “debemos trabajar para que en el futuro el país pueda ofrecer trabajador­es suficiente­mente calificado­s para el sector”.

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Álvaro Soto es el hombre a cargo de proyectos de IA como Zipeddi.

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