En­tre­vis­ta

Eli­sa Zu­lue­ta

La Hora Mujeres - - CONTENT - Por: Li­set­te Ávi­la O. Fotos: Juan Pa­blo Sie­rra Ma­qui­lla­je: Ale­jan­dra Ve­ra Pro­duc­ción: Be­lén Mu­ñoz

Ella es­tá sen­ta­da en una es­qui­na del co­me­dor de su ca­sa. Por los ven­ta­na­les art de­co del es­pa­cio en­tra una luz cá­li­da que ilu­mi­na su ros­tro y el de su hi­ja, sen­ta­da en un co­lum­pio su­je­to a una de las vi­gas de la vi­vien­da. El va­por de las ollas hir­vien­do en la co­ci­na ame­ri­ca­na, el pi­so par­qué, las plan­tas de in­te­rior y las mi­les de ilus­tra­cio­nes co­lo­ri­das que de­co­ran las pa­re­des del li­ving ha­cen que el ho­gar de la ac­triz Eli­sa Zu­lue­ta ten­ga un ca­lor­ci­to es­pe­cial.

“¡Olim­pia, va­mos a es­cu­char mú­si­ca!”, le di­ce Eli­sa a su hi­ja, mien­tras en su ce­lu­lar bus­ca unos te­mas del gru­po in­fan­til Ma­za­pán. Olim­pia, de 11 me­ses, la mi­ra son­rien­te y mue­ve sus pier­nas y ma­nos en se­ñal de ale­gría. Eli­sa se dis­trae y pier­de el hi­lo de la con­ver­sa­ción, y se que­da mi­rán­do­la unos se­gun­dos. Ser ma­dre pa­ra la ac­triz ha si­do un pro­ce­so de go­ce, pe­ro tam­bién de mu­cho apren­di­za­je en po­co tiem­po. “Nun­ca me ima­gi­né de ma­má, ese era mi pro­ble­ma. Me ima­gi­na­ba li­bre y so­la”, di­ce la ac­triz, quien agre­ga ri­sue­ña: “Olim­pia lle­gó sin avi­sar”. ¿Te cos­tó asi­mi­lar­lo en un co­mien­zo? Es­tá­ba­mos via­jan­do y no sa­bía que es­ta­ba em­ba­ra­za­da. Tan­to así que me ti­ré por to­bo­ga­nes, an­du­ve en bi­ci­cle­ta y re­co­rrí to­da Nue­va York. Lo úni­co que sen­tía era que es­ta­ba hor­mo­nal y que te­nía las pe­chu­gas gi­gan­tes. Sa­ber que es­ta­ba em­ba­ra­za­da fue una sor­pre­sa y me cos­tó har­to asi­mi­lar­lo. ¿Có­mo fue tu par­to? Muy lin­do. Una ami­ga fue la anes­te­sis­ta y tu­ve una ma­tro­na que era co­mo una par­te­ra. Lo más her­mo­so es que, pe­se a que el tra­ba­jo de par­to fue lar­go, can­ta­mos bo­le­ros to­ma­das de las ma­nos y la verdad es que lo re­sis­tí bas­tan­te bien. ¿Có­mo fue­ron esos pri­me­ros me­ses de crian­za? Al prin­ci­pio fue ba­cán por­que ella es ex­qui­si­ta, pe­ro de pron­to co­men­zó a te­ner có­li­cos, que eran pro­duc­to de una aler­gia ali­men­ta­ria, y me co­men­zó a cos­tar y fue ru­do pa­ra mí. Pe­ro el tiem­po lo cu­ra to­do… Fi­nal­men­te en­con­tra­ron a qué le te­nía aler­gia. Por suer­te la ve un pe­dia­tra que es muy bueno y le es­tá ha­cien­do un tra­ta­mien­to ale­mán que no es in­va­si­vo. En una en­tre­vis­ta re­co­no­cis­te que ha­bías fra­ca­sa­do en tus ideas pre­con­ce­bi­das de la ma­ter­ni­dad. ¿Cuá­les eran esas? Es que cuan­do es­ta­ba em­ba­ra­za­da yo creía que po­día se­guir ha­cien­do mi vi­da. Pe­ro re­sul­ta que tu gua­gua des­pués no duer­me, tie­ne aler­gia y otras co­sas más, y lo cier­to es que fi­nal­men­te uno no pue­de de­ter­mi­nar na­da. Cam­bia to­do y te em­pie­zas a dar cuen­ta de que con el pa­so del tiem­po es ba­cán. Una vez con­tas­te que eras muy con­tro­la­do­ra, ¿has tra­ba­ja­do en ello? Ese es el pri­mer ‘chanca­cazo’ que me pe­gué, por­que la verdad es que no pue­do con­tro­lar na­da de ella. He apren­di­do a sol­tar y so­lo dar­le amor… Y creo que lo es­toy lo­gran­do. ¿Có­mo quie­res que crez­ca tu hi­ja? Acom­pa­ña­da de gen­te, de adul­tos, can­tan­do, compartiendo al­muer­zos y asa­dos. Quie­ro que ese sea su en­torno. ¿La ex­pe­rien­cia de ser pa­dres ha si­do bue­na? Fe­li­pe (su pa­re­ja) ha­ce exac­ta­men­te lo que yo no ha­go. No es que me ‘ayu­de’, sino que él ha­ce la

mi­tad. No so­por­to esos hom­bres que di­cen: ‘¿te ayu­do?’. ¡No tie­nen que ayu­dar, tie­nen que ha­cer la mi­tad! A Fe­li­pe no ten­go que ex­pli­car­le na­da, él es un fe­mi­nis­ta ori­gi­na­rio. En las no­ches la pa­sea él, se le­van­ta él, la cal­ma él, le da la co­mi­da él y la ha­ce dor­mir… Se aman. Ella mue­re por su pa­pá y él mue­re por ella. Co­mo él fue pa­pá ha­ce ra­to y se hi­zo car­go de su hi­jo, tie­ne un ma­ne­jo in­creí­ble. ¿Có­mo es Olim­pia a sus cor­tos me­ses de vi­da? Es una ni­ñi­ta que a pe­sar de to­do lo que ha vi­vi­do ha si­do re­si­lien­te. ¿Có­mo lo has en­fren­ta­do? Es­toy en una te­ra­pia que me ha ayu­da­do mu­cho y ten­go un hom­bre bas­tan­te cal­mo a mi la­do. Ten­go apo­yo, ten­go tra­ba­jo, ten­go ayu­da y ten­go gen­te que la ama, en­ton­ces tam­bién soy una pri­vi­le­gia­da. Lo es­toy lle­va­do muy en paz. ¿Qué quie­res en­se­ñar­le a tu pe­que­ña mu­jer? A res­pe­tar y a que la res­pe­ten, a que sea in­quie­ta y que se in­tere­se por las co­sas.

SU LU­CHA FE­MI­NIS­TA

Es­tá bus­ca­do un es­pa­cio fue­ra de su ca­sa pa­ra co­men­zar a es­cri­bir su nue­va obra y dar ini­cio así a su ru­ti­na de crea­ción -que ha te­ni­do por años- y de la que han sa­li­do obras co­mo ‘Pé­rez’, ‘Gladys’ y ‘Mía’. En me­dio de sus la­bo­res de ma­dre y dra­ma­tur­ga, hoy Eli­sa ade­más es­tá ini­cian­do un nue­vo pro­yec­to que la tie­ne fe­liz: ser con­duc­to­ra, jun­to a Ig­na­cio Fran­za­ni, del pro­gra­ma ‘Gra­ve­dad Ze­ro’, de Ra­dio Ze­ro. “Me lla­ma­ron a un cas­ting pa­ra pro­bar­me con Ig­na­cio Fran­za­ni, a quien co­no­cía de an­tes, y sen­tí que el pi­lo­to ha­bía que­da­do bueno. Yo te­nía que con­tes­tar si to­ma­ría o no un cur­so, en­ton­ces pre­sio­né pa­ra sa­ber el ve­re­dic­to. No sé si que­dé por can­san­cio o por­que re­sul­tó, la co­sa es que lle­vo un mes en la ra­dio y soy fe­liz. Apren­do to­dos los días, Ig­na­cio es un muy buen com­pa­ñe­ro y el equi­po de la Ze­ro es co­mo una pan­di­lla de ba­rrio”, di­ce en­tu­sias­ma­da.

¿De qué pien­sas ha­blar en tu pró­xi­ma obra? De las per­so­nas que que­dan mar­gi­na­das, de la gen­te que que­da de­trás del ti­tu­lar. Co­mo de esa his­to­ria que no se cuen­ta de­trás del he­cho… No de la mar­gi­na­ción ne­ce­sa­ria­men­te eco­nó­mi­ca. Quie­ro ha­blar de las mu­je­res.

Es la era de la mu­jer, di­cen, ¿qué te ha pa­re­ci­do la re­vo­lu­ción fe­me­ni­na que es­tán lle­van­do las mu­je­res en es­te tiem­po?

Me pa­re­ce mu­cho más pro­fun­do y ur­gen­te de lo que apa­ren­ta ser. Es más im­por­tan­te que cual­quier cam­bio po­lí­ti­co, geo­grá­fi­co y es­pi­ri­tual. Me pa­re­ce que es el cam­bio de pa­ra­dig­ma más tras­cen­den­tal de la his­to­ria. No creo que ha­ya al­go que le ha­ga el pe­so his­tó­ri­co.

¿Y có­mo lo re­la­ta­rías co­mo dra­ma­tur­ga?

En eso es­toy. A mí siem­pre me ha cos­ta­do la re­la­ción con los hom­bres por­que me dan ra­bia. Siem­pre he te­ni­do un re­sen­ti­mien­to en cuan­to a la con­for­ma­ción so­cio­cul­tu­ral.

¿Has pe­lea­do por ello?

Sí, he pe­lea­do.

¿Con quié­nes?

Con mis ami­gos, con los ami­gos de Fe­li­pe, con el pro­pio Fe­li­pe, que es muy evo­lu­cio­na­do. En es­ta ca­sa y en la ca­sa de mi ma­dre siem­pre ha ha­bi­do igual­dad de con­di­cio­nes.

¿Has en­fren­ta­do el te­ma de la de­sigual­dad de suel­do co­mo ac­triz?

A mí no me pa­san a lle­var. Yo pon­go mis pun­tos de vis­ta su­per­cla­ros. Yo es­ta­blez­co los lí­mi­tes y a mí na­die me va a ve­nir a jo­tear.

¿Qué opi­nas del aco­so que han de­nun­cia­do ac­tri­ces chi­le­nas con­tra al­gu­nos di­rec­to­res? Las apo­yo ab­so­lu­ta­men­te. Creo que ha­blar es di­fi­ci­lí­si­mo por­que una vez que lo ha­ces que­das a la de­ri­va, sa­len re­por­ta­jes y to­dos quie­ren la ex­clu­si­va. Pe­ro al día si­guien­te ellas es­tán so­las, ex­pues­tas, vul­ne­ra­bles y to­do el mun­do ha­bla de ellas.

¿Cuán­do re­gre­sa Gladys? Vuel­ve en enero y en re­gio­nes. ¿Qué se­rie es­tás vien­do? Es­toy vien­do do­cu­men­ta­les y stand up. ¿A qué lu­ga­res sa­len en fa­mi­lia? A las ca­sas de ami­gos y a ca­fe­ci­tos.

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