“TE­NÍA MU­CHAS GA­NAS DE VOL­VER A LA TE­LE­VI­SIÓN”

Es­tá de re­gre­so en las te­le­se­ries des­pués de una gran pau­sa te­le­vi­si­va. Sin em­bar­go, con su ta­len­to y ca­ris­ma se ha ga­na­do nue­va­men­te al pú­bli­co con su ac­tual pa­pel de ma­dre com­pren­si­va y que­ren­do­na en la pro­duc­ción Ver­da­des Ocul­tas, de Me­ga.

La Hora Mujeres - - ENTREVISTA - Por: Li­set­te Ávi­la O. Fotos: Ni­co­lás Aba­lo Pro­duc­ción: Be­lén Muñoz Ma­qui­lla­je y pe­lo: Va­le Ro­jas

Ha­ce die­ci­séis años TVN es­tre­nó una de sus te­le­se­ries más po­pu­la­res y re­cor­da­das por los es­pec­ta­do­res chi­le­nos: El Cir­co de las Mon­ti­ni. En esa his­to­ria so­bre la fa­mi­lia cir­cen­se la ac­triz Ma­ría Jo­sé Ne­co­chea in­ter­pre­ta­ba a la in­so­por­ta­ble pe­ro que­ri­ble Da­ya­na An­drea, un per­so­na­je que es re­cor­da­do has­ta el día de hoy. Lue­go de esa te­le­se­rie fue par­te del elen­co de seis te­le­se­ries más en Te­le­vi­sión Na­cio­nal, año tras año. Un rit­mo ver­ti­gi­no­so al que le pu­so pau­sa cuan­do de­ci­dió ser ma­dre. “Tu­ve a mi hi­ja y me de­di­qué a es­tar con ella. Apro­ve­ché muy bien el tiem­po des­de ese lu­gar y fui ma­má can­gu­ro”, re­co­no­ce, con la cer­ca­nía que la ca­rac­te­ri­za.

Hoy, y des­pués de ca­si diez años, vuel­ve a las te­le­se­ries con mu­chas ga­nas, tan­to así que cuan­do le ofre­cie­ron in­ter­pre­tar a An­gé­li­ca Ba­rra­za en la pro­duc­ción de Me­ga Ver­da­des Ocul­tas, acep­tó in­me­dia­ta­men­te. “El pro­duc­tor me di­jo que nun­ca ha­bía te­ni­do una ne­go­cia­ción tan rá­pi­da. Es que te­nía mu­chas ga­nas de vol­ver a la te­le­vi­sión”, di­ce. Su apa­ri­ción en Ver­da­des Ocul­tas ge­ne­ró to­do ti­po de opi­nio­nes nos­tál­gi­cas en re­des so­cia­les que a Ma­ría Jo­sé le sor­pren­die­ron gra­ta­men­te, pues nun­ca ima­gi­nó que Da­ya­na es­tu­vie­se to­da­vía en el re­cuer­do de los chi­le­nos. “No te­nía con­cien­cia del im­pac­to de ese per­so­na­je. Nun­ca fui fa­mo­sa, ni ros­tro de nin­gu­na co­sa. Nun­ca apa­re­cí en el car­tel de una mi­cro. En­ton­ces me pa­só que fue muy bo­ni­to ver có­mo las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes tam­bién aman a Da­ya­na. Me dio mu­cha ri­sa leer co­men­ta­rios co­mo: ‘Pi­dió ser cui­ca y lo lo­gró’”, cuen­ta y lue­go ríe. ¿Por qué de­ci­dis­te re­gre­sar a la te­le­vi­sión? Lo que pa­só es que des­pués de te­ner a mi hi­ja qui­se te­ner más fa­mi­lia y me so­me­tí a va­rios tra­ta­mien­tos y no me re­sul­tó. Me di­je­ron que te­nía una in­fer­ti­li­dad se­cun­da­ria y me sen­tí muy frus­tra­da… Sen­tía que no le es­ta­ba dan­do otro hi­jo a mi ma­ri­do, otro nie­to a mis pa­dres y que no le es­ta­ba dan­do otro her­mano a mi hi­ja. En mi úl­ti­ma pér­di­da yo es­ta­llé co­mo mu­jer, en­gor­dé y me fui a la cres­ta. Fue ahí cuan­do mi gi­ne­có­lo­go me di­jo que te­nía que preo­cu­par­me de mí y fue lo que hi­ce. ¿Qué co­sas hi­cis­te por ello?

De­ci­dí ha­cer­me una man­ga gás­tri­ca. Ba­jé de pe­so abrup­ta­men­te, cam­bió mi vi­da y me sen­tí nue­va­men­te mu­jer. Y no so­lo me sen­tía bien por mi cam­bio de ac­ti­tud, sino que fí­si­ca­men­te po­día co­rrer con mi hi­ja sin can­sar­me, ya no me da­ba sue­ño to­do el día y no te­nía ga­nas de que­dar­me acos­ta­da to­do el día de­pri­mi­da.

¿No tu­vis­te la an­sie­dad por la fa­ma en su mo­men­to ha­bien­do es­ta­do en tan­tas te­le­se­ries de TVN?

No, nun­ca la tu­ve… Aho­ra, eso pue­de ser bueno y tam­bién ma­lo. Fi­nal­men­te las ga­nas de tra­ba­jar las he te­ni­do siem­pre. De he­cho, cuan­do me lla­ma­ron de la te­le­vi­sión yo ya es­ta­ba tra­ba­ja­do en la Te­le­tón. En 2014 co­men­cé a tra­ba­jar allí de plan­ta y fue una de­ci­sión que me cos­tó por­que sig­ni­fi­ca­ba no ha­cer más lo mío. Pe­ro tam­bién te­nía que de­mos­trar­le a mi hi­ja que era una mu­jer ac­ti­va y con ne­ce­si­dad de tra­ba­jar. ¿Có­mo to­mó tu hi­ja esa de­ci­sión?

Ella es­ta­ba fe­liz y muy or­gu­llo­sa de mí. Y cuan­do me lla­ma­ron pa­ra re­gre­sar a la te­le­vi­sión ella

es­ta­ba emo­cio­na­da y me di­jo: ‘Es­to es lo que más quie­res en la vi­da’.

¿Có­mo lo has he­cho pa­ra con­ci­liar tu tra­ba­jo ad­mi­nis­tra­ti­vo en la Te­le­tón y las gra­ba­cio­nes de la te­le­se­rie?

He gas­ta­do to­dos los pa­pe­les de per­mi­so de re­cur­sos hu­ma­nos, pe­ro es­toy fe­liz.

Ma­dre hay una so­la

En di­ciem­bre pa­sa­do se ce­le­bra­ron 40 años de la Te­le­tón y pa­ra Ma­ría Jo­sé Ne­co­chea esa fe­cha es­tu­vo car­ga­da de emo­cio­nes, no so­lo por­que su ma­dre, Xi­me­na Ca­sa­re­jos, ha si­do por años la di­rec­to­ra eje­cu­ti­va de la ins­ti­tu­ción, sino tam­bién por­que su vi­da ha es­ta­do li­ga­da por com­ple­to a ella. “Yo na­cí el 77 y la pri­me­ra Te­le­tón fue el 78, en­ton­ces to­dos mis cum­plea- ños coin­ci­dían con la fies­ta so­li­da­ria. Sin em­bar­go, mi ma­má siem­pre se preo­cu­pó de que tu­vie­ra el cum­plea­ños más en­tre­te­ni­do’, di­ce con nos­tal­gia.

¿Có­mo es tu re­la­ción con ella?

Mis pa­dres se se­pa­ra­ron cuan­do yo era muy ni­ña y yo te­nía una ma­má que tra­ba­ja­ba to­do el día. La acom­pa­ña­ba en to­do y era muy partícipe de to­das las cam­pa­ñas de la Te­le­tón. Es­toy muy or­gu­llo­sa de la Xi­me y de lo que ha con­se­gui­do. Con­vi­vis­te des­de ni­ña con ni­ños con ne­ce­si­da­des es­pe­cia­les. ¿Có­mo des­cri­bi­rías esa ex­pe­rien­cia de vi­da?

Pa­ra mí la dis­ca­pa­ci­dad nun­ca fue un te­ma por­que te­nía una re­la­ción día a día con to­dos los ni­ños. De he­cho, pa­sé mu­chas va­ca­cio­nes en el ins­ti­tu­to con ellos, ba­ñán­do­me en la pis­ci­na te­ra­péu­ti­ca… En un co­mien­zo to­do era muy fa­mi­liar. Re­cuer­do que cuan­do ni­ña iba a re­par­tir afi­ches de la Te­le­tón por los al­ma­ce­nes y cuan­do es­ta­ba más gran­de co­men­cé a ayu­dar a la Xi­me con el te­ma de las do­na­cio­nes.

¿Siem­pre le di­ces Xi­me a tu ma­má?

Sí, por­que yo tra­ba­jo con ella y soy una tra­ba­ja­do­ra más de la ins­ti­tu­ción.

¿Qué te pa­sa cuan­do es­cu­chas o lees crí­ti­cas so­bre la Te­le­tón? Nos hi­ci­mos car­go de va­rias de las crí­ti­cas. De par­ti­da, he­mos ex­pues­to que el Es­ta­do a no­so­tros sí nos apo­ya. Pa­ra no­so­tros es un sue­ño que nues­tros pa­cien­tes ten­gan una sub­ven­ción de Fo­na­sa que les per­mi­te aten­der­se de ma­ne­ra gra­tui­ta. Ade­más, te­ne­mos apo­yo de los go­bier­nos re­gio­na­les, pues los te­rre­nos don­de es­tán nues­tros ins­ti­tu­tos son do­na­dos por ellos. Y con res­pec­to al apor­te que ha­cen las mar­cas, en 2015 qui­si­mos trans­pa­ren­tar las ci­fras e in­for­ma­mos que el 30% lo po­nen las em­pre­sas aus­pi­cia­do­ras y el 70%, to­dos los chi­le­nos. En­ton­ces, si el mo­de­lo de re­cau­da­ción no te gus­ta, el ins­ti­tu­to es­tá abier­to to­do el año si quie­res ayu­dar.

¿Pa­ra cuán­to al­can­za lo que se reúne en una Te­le­tón?

Un año, por eso no po­de­mos pa­rar. Te­ne­mos 14 ins­ti­tu­cio­nes y son tres mil los ni­ños que en­tran ca­da año, es mu­cha la de­man­da. ¿Có­mo vi­vis­te la Te­le­tón pa­sa­da?

Es­tu­vo du­ra… Nos vi­mos asus­ta­dos real­men­te. Así es que es­toy re­cu­pe­rán­do­me y en pro­ce­so de cie­rre de mil te­mas.

Tam­bién si­gues gra­ban­do. ¿Se vie­ne al­gún otro pro­yec­to con Me­ga?

En prin­ci­pio sí, pe­ro so­lo son con­ver­sa­cio­nes por aho­ra.

¿Cuál es el lu­gar de San­tia­go que más te gus­ta? Mi ca­ma. ¿Cuál es tu res­tau­ran­te fa­vo­ri­to? La ver­dad es que so­mos más ca­se­ros. Pe­ro hay uno de sushi que es­tá en Las Con­des que nos gus­ta mu­cho. ¿Qué li­bro es­tás le­yen­do? El Amor de un Idio­ta. ¿Qué se­rie es­tás vien­do? This is Us.

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