ADIÓS A LA LI­BER­TA­DO­RES: LOS ALBOS SU­MAN SU NO­VENO PAR­TI­DO SIN GA­NAR

AUDAX 1-1 CO­LO CO­LO

La Tercera - El Deportivo - - PORTADA - Ál­va­ro Po­ble­te

Nue­ve par­ti­dos sin ga­nar. Eso es el re­su­men de Co­lo Co­lo en su úl­ti­ma eta­pa con Héc­tor Ta­pia. Des­de el Su­per­clá­si­co del 25 de agos­to que el Ca­ci­que no sa­be de vic­to­rias. Son 64 días de una ra­cha in­dig­na pa­ra el equi­po más po­de­ro­so del país, do­lo­ro­sa y, lo que es peor, me­re­ci­da. El co­ro­la­rio de un ci­clo que no tie­ne ho­ri­zon­te, que ya no da pa­ra más. Aho­ra, ma­ña­na, en di­ciem­bre, da lo mis­mo, el cam­bio de ban­ca en la ca­sa al­ba es inevi­ta­ble y muy ne­ce­sa­rio.

El 1-1 que res­ca­tó Audax Ita­liano en la úl­ti­ma ju­ga­da de­jó a to­dos los blan­cos ca­lien­tes y, ade­más, ma­te­má­ti­ca­men­te fue­ra de la Co­pa Li­ber­ta­do­res, aun­que en es­pí­ri­tu esa me­ta era im­po­si­ble ha­ce ra­to. Co­lo Co­lo jue­ga co­mo equi­po chi­co y sus as­pi­ra­cio­nes de­ben ser las de un equi­po chi­co.

Ta­pia la hi­zo fá­cil. Se ol­vi­dó de los di­bu­jos más so­fis­ti­ca­dos y pu­so so­bre la can­cha dos lí­neas de cua­tro, más Pa­re­des y Ba­rrios co­mo de­lan­te­ros. El DT op­tó pa­ra ha­cer un par­ti­do or­de­na­do, por ce­rrar es­pa­cios y no de­jar que sus ri­va­les se sin­tie­ran có­mo­dos.

Fla­co fa­vor pa­ra el en­cuen­tro. Por­que al otro la­do, en la trin­che­ra ver­de, tam­po­co hi­cie­ron mu­cho por dar­le di­ná­mi­ca al jue­go. Co­mo si los téc­ni­cos se hu­bie­sen pues­to de acuer­do, am­bos elen­cos se in­cli­na­ron por to­ques se­gu­ros y muy po­co cam­bio de rit­mo. Qui­zás si el úni­co re­bel­de era el bra­si­le­ño Ser­gio San­tos, mo­ve­di­zo, atre­vi­do, pe­ro de­ma­sia­do so­lo en su lu­cha con­tra el le­tar­go que se ins­ta­ló en el Bi­cen­te­na­rio de La Flo­ri­da.

¿Opor­tu­ni­da­des de gol? Prác­ti­ca­men­te nin­gu­na. Los fa­ná­ti­cos so­lo pe­dían el fi­nal del pri­mer tiem­po pa­ra ir por un ca­fé que les per­mi­ta com­ba­tir el sue­ño. Rom­pien­do el pac­to de no agre­sión, JJ Ri­be­ra reali­zó cam­bios pa­ra dar­le más ve­lo­ci­dad a su equi­po. Y lo con­si­guió. El pro­ble­ma es que an­tes de es­ta­ble­cer es­te do­mi­nio, Audax se en­con­tró con el pe­nal de La­brín so­bre Ba­rrios (49’) y el gol de Pa­re­des, el pri­me­ro del par­ti­do, el 210 de su ca­rre­ra por al­can­zar el ré­cord his­tó­ri­co de Cha­ma­co Val­dés en Pri­me­ra Di­vi­sión (215).

El ca­so de Pa­re­des me­re­ce un pá­rra­fo apar­te. Es ver­dad, anotó un gol, pe­ro ade­más de eso prác­ti­ca­men­te no to­có la pe­lo­ta. Ca­si siem­pre su­cum­bió an­te la mar­ca itá­li­ca. La con­di­ción fí­si­ca del de­lan­te­ro de 38 años, al me­nos, es du­do­sa. Se le ve grue­so, con ki­los de­más, y muy es­tá­ti­co. En re­su­men, po­co com­pe­ti­ti­vo. Más en­ci­ma, sus úl­ti­mos mi­nu­tos en la can­cha los com­ple­tó le­sio­na­do.

Con o sin Pa­re­des, Co­lo Co­lo per­dió to­tal­men­te la pe­lo­ta. Audax se adue­ñó del te­rreno e hi­zo que la po­se­sión fue­ra mí­ni­ma pa­ra los albos. Agus­tín Orión em­pe­zó a tra­ba­jar, sin que el ago­bio fue­se tan te­rri­ble, en to­do ca­so. La mez­cla de fal­ta ideas del lo­cal y el cie­rre de es­pa­cios de la vi­si­ta hi­zo pen­sar que el re­sul­ta­do no va­ria­ría.

Pa­ra gra­fi­car el es­ta­do del par­ti­do: el úl­ti­mo cam­bio del Ca­ci­que fue Ba­rro­so pa­ra re­for­zar la de­fen­sa, en lu­gar de Pi­na­res. A esa al­tu­ra, las úni­cas va­rian­tes ofen­si­vas de Ta­pia eran Ba­rrios y Val­dés. Los de­más, to­dos a cui­dar el 0-1, el pri­mer triun­fo des­pués de ocho par­ti­dos con­se­cu­ti­vos sin ga­nar (en­tre tor­neo lo­cal y Co­pa Li­ber­ta­do­res). Co­mo equi­po chi­co, to­dos atrás.

Y Co­lo Co­lo no pu­do. Pe­se a que pu­so has­ta el bus en el área, no pu­do. Ma­nuel Fer­nán­dez, en el cuar­to mi­nu­to de des­cuen­to, sa­có un ca­be­za­zo que de­jó sin op­cio­nes a Orión. Tras el pi­ta­zo fi­nal, el ar­que­ro ar­gen­tino que­ría rom­per­lo to­do, frus­tra­do por el re­sul­ta­do.

Un em­pa­te que es un cas­ti­go, un nue­vo cas­ti­go pa­ra Ta­pia y sus di­ri­gi­dos. Otra es­to­ca­da pa­ra un equi­po que no pien­sa en el es­pec­tácu­lo, que no res­pe­ta la his­to­ria de su ins­ti­tu­ción. Y ni si­quie­ra así, ju­gan­do feo, es ca­paz de re­ver­tir una ra­cha tan te­rri­ble co­mo his­tó­ri­ca. El desas­tre no tie­ne fin.

Orión, Zal­di­via y Ba­rro­so ob­ser­van con te­rror có­mo el ca­be­za­zo de Fer­nán­dez se me­te en el ar­co pa­ra el 1-1 de Audax Ita­liano.

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