ALESSANDRI EN ME­DIO DE LA BA­SU­RA

Lle­va po­co más de un año a la ca­be­za de la co­mu­na de San­tia­go e in­ten­ta con­so­li­dar el es­ti­lo que -está con­ven­ci­do- lo lle­vó a de­jar en el ca­mino a Joa­quín La­vín y de­rro­tar a Ca­ro­li­na Tohá.

La Tercera - Reportajes - - Portada - POR CARLA RUIZ PE­REI­RA FO­TO­GRA­FÍA RUDY MU­ÑOZ

En una no­che nor­mal, la ave­ni­da Dia­go­nal Pa­ra­guay es por don­de tran­si­tan las am­bu­lan­cias que, con las si­re­nas so­nan­do, lle­gan a to­da ve­lo­ci­dad a la Pos­ta Cen­tral. Es la ar­te­ria por don­de los que tra­ba­jan en el cen­tro vuel­ven a sus ca­sas en la zo­na orien­te de San­tia­go. Y es por don­de, desde las 21 ho­ras de una no­che nor­mal, pa­sa el ca­mión re­co­lec­tor de la ba­su­ra.

-¿En se­rio que es­tái trabajando de ba­su­re­ro? ¿Y pa’ qué? -di­ce una mu­jer me­nu­da, de pe­lo ca­fé, cor­ta­do en me­le­na, que se ríe.

Jus­to a su la­do hay un ca­mión pin­ta­do ver­de con blan­co. Gran­de. Que desde la in­ter­sec­ción de Dia­go­nal Pa­ra­guay con Por­tu­gal va pa­ran­do ca­da 20 me­tros, en ca­da edi­fi­cio. En la par­te tra­se­ra hay un hom­bre fla­co, de ca­ra alar­ga­da, afei­ta­do, ves­ti­do con un uni­for­me azul y que usa ga­fas de pro­tec­ción. Con su mano iz­quier­da ma­nio­bra la pa­lan­ca que abre y cie­rra el con­te­ne­dor del ca­mión. Di­ce que le cues­ta “un po­qui­to”, que es su pri­mer día.

-¡Pe­ro, al­cal­de, cui­da­do con la bol­sa! ¡Se va a re­ven­tar y ahí le lle­ga la co­mi­da en la ca­ra!- le di­ce otro de los ope­ra­rios, ex­pli­cán­do­le que no se preo­cu­pe, que él cie­rra la com­puer­ta por­que re­cién está apren­dien­do.

La mu­jer vuel­ve a ha­blar, en­tre gri­tos. -¿Y pa’ qué es­to? ¿Pa’ qué? ¿Pa­ra real­men­te ayu­dar? No, no, yo vo­té por él y me gus­ta co­mo es, pe­ro es­to es mu­cho.

Con voz tran­qui­la y pau­sa­da, el hom­bre, Felipe Alessandri, se da vuel­ta y le di­ce:

-Lo im­por­tan­te es es­tar en…

Pe­ro el so­ni­do me­tá­li­co de la com­puer­ta tra­se­ra que co­mien­za a es­con­der bol­sas con pa­pe­les, co­mi­da des­com­pues­ta, car­to­nes, pa­ña­les usa­dos, y que an­tes de ce­rrar­se ex­pe­le un olor a pu­tre­fac­ción, lo in­te­rrum­pe:

-Es­ta cues­tión es de pin­ta­mo­nos. Te apues­to que va a sa­lir en la tele: “Al­cal­de de San­tia­go ayu­da a sa­car la ba­su­ra”.

El es­que­ma 70/30

Son las 20.40 y a la al­tu­ra del 684 de la ca­lle Rau­lí, en San­tia­go Cen­tro, hay 10 ca­mio­nes re­co­lec­to­res de ba­su­ra lis­tos pa­ra sa­lir. Aun- que to­dos es­tán va­cíos. Que­dan ape­nas 20 mi­nu­tos pa­ra que co­mien­ce el turno y en el sec­tor hay una pe­que­ña re­vo­lu­ción. Es co­mo si un ac­tor de Holly­wood o una es­tre­lla de rock hu­bie­se lle­ga­do sor­pre­si­va­men­te. Pe­ro no, es Felipe Alessandri, el al­cal­de de San­tia­go. Los tra­ba­ja­do­res le pi­den sel­fies, con­ver­san con él, le pre­gun­tan si es cier­to que hoy va a sa­lir a sa­car la ba­su­ra, si de ver­dad ese uni­for­me azul que ocu­pa, tí­pi­co de los fun­cio­na­rios, es de él. Y di­ce que sí, que in­clu­so lo guar­da en la mu­ni­ci­pa­li­dad.

-Des­pués a us­te­des les va a to­car ser al­cal­de por un día, va­mos a ver si es más fá­ci­lles di­ce Alessandri a los fun­cio­na­rios.

El al­cal­de ase­gu­ra que lo su­yo es es­tar en la ca­lle. La prue­ba de fue­go pa­ra sa­ber si eso era cier­to o sim­ple­men­te una pro­me­sa de cam­pa­ña fue el 23 de oc­tu­bre de 2016, cuan­do des­pués de ha­ber si­do es­co­gi­do co­mo el can­di­da­to de Chi­le Va­mos ca­si por des­car­te, de­rro­tó a Ca­ro­li­na Tohá por más de 10 pun­tos. Aun­que an­tes ha­bía lo­gra­do im­po­ner­se a Joa­quín La­vín co­mo el can­di­da­to de­fi­ni­ti­vo de la de­re­cha, en en­cues­tas don­de des­ban­có al ex can­di­da­to pre­si­den­cial y ex al­cal­de de San­tia­go. Pa­ra mu­chos, por no de­cir to­dos, fue una sor­pre­sa. Y to­do un mé­ri­to pa­ra quien era un con­ce­jal.

Alessandri tie­ne uno de los ape­lli­dos más asociados con la po­lí­ti­ca en el si­glo XX chi­leno: es fa­mi­liar de dos ex pre­si­den­tes de la Re­pú­bli­ca e hi­jo de un dipu­tado y ex al­cal­de de San­tia­go. Pe­ro hoy el ape­lli­do no es ga­ran­tía de na­da. Y por eso apos­tó a una es­tra­te­gia con­cre­ta, por­que le gus­ta re­mar­car su fuer­za elec­to­ral es­tu­vo pre­ci­sa­men­te en un lu­gar don­de al­gu­nos di­rían que un Alessandri no en­ca­ja muy bien: en la ca­lle.

Du­ran­te ocho años, mien­tras era con­ce­jal por San­tia­go, se en­car­gó de vi­si­tar jun­tas de ve­ci­nos, de re­co­rrer las fe­rias, in­clu­so de ir ca­sa por ca­sa ha­blan­do con los san­tia­gui­nos. Su pa­sa­do, de al­gu­na ma­ne­ra, tam­bién lo ayu­dó: cuan­do su pa­dre, Gus­ta­vo Alessandri, era al­cal­de de San­tia­go, sa­lían jun­tos, así que los ve­ci­nos más vie­jos lo re­co­no­cían.

Ya aba­jo del ca­mión de la ba­su­ra, mien­tras este re­co­ge los 23 con­te­ne­do­res que hay en la Pos­ta Cen­tral, Felipe Alessandri di­ce que este es su es­ti­lo.

-A mí me gus­ta la po­lí­ti­ca de ver­dad, la po­lí­ti­ca de la ca­lle. Yo ga­né gra­cias a eso. Y si al­guien me di­ce que me dis­fra­zo pa­ra sa­lir a re­co­ger la ba­su­ra, me da lo mis­mo. Por­que yo fui ocho años con­ce­jal, ga­né so­li­to gra­cias a eso, cuan­do na­die, ab­so­lu­ta­men­te na­die, pen­só que po­día ga­nar.

Más allá del sis­te­ma de tra­ba­jo que Alessandri no pa­ra de nom­brar - el fa­mo­so 70/30: un 30% en la ofi­ci­na y un 70% en te­rreno, que se exi­ge a sí mis­mo y a los fun­cio­na­rios mu­ni­ci­pa­les-, es bom­be­ro de la 11 Com­pa­ñía de Bom­be­ros de San­tia­go, es par­te del pro­gra­ma de re­cu­pe­ra­ción an­ti­rra­ya­dos de la mu­ni­ci­pa­li­dad, y sa­le a pa­tru­llar con el equi­po de se­gu­ri­dad. Y tam­bién es re­co­lec­tor de ba­su­ra. Al me­nos hoy.

Sus tres com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo de es­ta no­che lle­van, al me­nos, 10 años en el ru­bro.

-Es cier­to que si uno lo ve desde el pun­to de vis­ta po­lí­ti­co, lo pue­de ha­cer pa­ra la ga­lu­cha. Pe­ro nun­ca un al­cal­de ha­bía ve­ni­do a ha­cer es­to. Es ex­ce­len­te que ven­ga pa­ra que vea el ti­po de tra­ba­jo que ha­ce­mos -di­ce uno de ellos. El mis­mo tra­ba­ja­dor re­co­no­ce­rá que es la pri­me­ra vez que ve a Alessandri sa­can­do la ba­su­ra y que to­dos sa­bían que ve­nía, que no fue una sor­pre­sa.

-Por eso an­da­mos to­dos bo­ni­tos, pei­na­di­tos. Has­ta con guan­tes nue­vos, mi­re -di­ce mien­tras se ríe y agre­ga: -Pe­ro se ha por­ta­do bien, ya no lo pi­lló la má­qui­na.

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