Fer­nan­da Pi­ni­lla, se­lec­cio­na­da na­cio­nal de fút­bol

La Tercera - Reportajes - - APUNTES - POR EDUAR­DO OR­TE­GA FO­TO­GRA­FÍA: MA­RIO TE­LLEZ

En una Na­vi­dad, bien chi­ca, le qui­té una pe­lo­ta a mi her­mano. Cuan­do mi pa­pá lo lle­va­ba a en­tre­nar a los ca­de­tes de Co­lo Co­lo y Santiago Mor­ning, yo lo iba a ver y me con­ta­ban que me en­tre­te­nía mu­cho, que me gus­ta­ba la pe­lo­ta. Siem­pre es­tu­ve li­ga­da al de­por­te y, en par­ti­cu­lar, al fút­bol. To­dos los fi­nes de se­ma­na y los ra­tos en los que no es­ta­ba en el co­le­gio iba don­de mi tía y ju­ga­ba con mi pri­mo y sus ami­gos en el pa­sa­je. Las can­chas eran dos ár­bo­les, ju­gá­ba­mos con los bor­des de las ca­sas y la pe­lo­ta no sa­lía nun­ca. A los sie­te años ju­ga­ba to­do el día.

Ha­bía pa­pás que no de­ja­ban a sus hi­jas ju­gar con­mi­go, por­que yo era “ahom­bra­da”. Les de­cían que no era fe­me­ni­na y que ju­ga­ba jue­gos de ni­ños. Me sen­tía mal, pe­ro sa­bía que ju­gan­do a la pe­lo­ta me di­ver­tía y pa­ra mi fa­mi­lia era al­go na­tu­ral. A mi tía, que fue co­mo mi se­gun­da ma­má, y a mi pri­mo, les en­can­ta­ba que yo ju­ga­ra. Siem­pre me de­fen­dían. Más gran­de me di cuen­ta de que eran los pa­pás los que in­cul­ca­ban a los ni­ños la dis­cri­mi­na­ción.

Soy muy an­ti­chun­cho, in­clu­so una vez le di­je a mi pa­pá que nun­ca po­dría ju­gar en la “U”.

Pe­ro el 2016, des­pués de ju­gar en Ca­tó­li­ca, Au­dax y Santiago Mor­ning, lle­gué igual. No ha si­do pro­ble­ma, por­que veo el fút­bol co­mo un te­ma pseu­do­pro­fe­sio­nal, me da lo mis­mo la ca­mi­se­ta del equi­po: voy a ju­gar igual en cual­quier par­te. Y el equi­po fe­me­nino de la “U” me en­can­ta, me han tra­ta­do muy bien. Son preo­cu­pa­dos, muy aten­tos, so­bre to­do la gen­te que tra­ba­ja con no­so­tras: las ki­ne­sió­lo­gas, la di­ri­gen­cia del fút­bol jo­ven, mi en­tre­na­dor y el pre­pa­ra­dor fí­si­co.

Los que se ha­cen lla­mar co­men­ta­ris­tas de­por­ti­vos des­co­no­cen har­to el fút­bol fe­me­nino.

En­tien­do que la gen­te ten­ga re­fe­ren­tes y es co­mún que nos com­pa­ren, pe­ro se­ría me­jor si lo hi­cie­ran con nues­tras ho­mó­lo­gas fe­me­ni­nas de otros la­dos, de las li­gas más im­por­tan­tes. A mí no me gus­ta que nos com­pa­ren con los ju­ga­do­res de la se­lec­ción. Eso igual ha­bla mal de los mis­mos me­dios.

Lo que me gus­ta a mí es la Fí­si­ca, en eso me veo de acá a 10 años más.

Quie­ro ju­gar fút­bol has­ta los 35 años y des­pués ejer­cer lo que es­tu­dié. Me gus­ta­ría ser ma­má no tan vie­ja y sé que las pier­nas me da­rán has­ta esa edad pa­ra com­pe­tir bien. No voy a de­jar de ju­gar fút­bol nun­ca, pe­ro sé que hay que de­di­car­se des­pués a otra co­sa. Me gus­ta in­ves­ti­gar y ver la po­si­bi­li­dad de pu­bli­car esas in­ves­ti­ga­cio­nes.

El go­bierno de Mi­che­lle Ba­che­let se por­tó sú­per bien con no­so­tras.

Nos abrió las puer­tas de to­dos los mi­nis­te­rios. Co­mo es­ta­mos al ale­ro de la fe­de­ra­ción, igual es di­fí­cil bus­car ayu­da, pe­ro el Mi­nis­te­rio de la Mu­jer nos ayu­dó a con­cien­ti­zar a la so­cie­dad, a los clu­bes y a la mis­ma fe­de­ra­ción. El tra­ba­jo que te­ne­mos que ha­cer con es­te go­bierno se­ría em­pe­zar por lo mis­mo: que nos co­noz­can, que se­pan lo que que­re­mos ha­cer. Es­pe­ro que se abran las puer­tas co­mo pa­só an­te­rior­men­te.

Mi can­di­da­ta era Bea­triz Sán­chez.

Soy más de iz­quier­da, y me gus­ta­ban mu­cho las pro­pues­tas que ella ofre­cía en te­mas de la mu­jer. En la Co­pa Amé­ri­ca, cuan­do nos reuni­mos con la fe­de­ra­ción y pre­gun­ta­mos por qué no se iba a co­brar la en­tra­da en los es­ta­dios, nos di­je­ron que la ga­nan­cia no iba a ser mu­cha. No sé si aho­ra pen­sa­rán lo mis­mo con los es­ta­dios lle­nos que tu­vi­mos.

Es­toy a fa­vor del abor­to li­bre.

Uno tie­ne de­re­cho a de­ci­dir so­bre su cuer­po, no creo que con unas se­ma­nas de em­ba­ra­zo yo es­té ma­tan­do a una vi­da. No le creo a la gen­te que di­ce esas co­sas. Es iló­gi­co: di­cen que le sal­ve­mos la vi­da a un fe­to, pe­ro no nos preo­cu­pa­mos de los ni­ños y de los jó­ve­nes vul­ne­ra­dos.

Con Pi­ñe­ra no sé si ven­gan tiem­pos bue­nos pa­ra los es­tu­dian­tes.

Es­toy en con­tra de que ha­yan ba­ja­do la re­for­ma del lu­cro de las uni­ver­si­da­des. La edu­ca­ción de­be­ría ser gra­tui­ta. Tam­po­co me gus­ta la for­ma de pos­tu­lar a la uni­ver­si­dad. Con las se­ña­les que ha da­do es­te go­bierno, va a ser un año mo­vi­do. En­tien­do que ven la edu­ca­ción co­mo un ne­go­cio, pe­ro es ma­te­rial hu­mano, es el fu­tu­ro de la gen­te.

“Ha­bía pa­pás que no de­ja­ban a sus hi­jas ju­gar con­mi­go, por­que yo era ‘ahom­bra­da’”.

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