Pau­li­ne Kan­tor, mi­nis­tra del De­por­te

La Tercera - Reportajes - - APUNTES - POR FREDI VELÁSQUEZ OJEDA FO­TO­GRA­FÍA: MA­RIO TELLEZ

Me con­si­de­ro fe­mi­nis­ta.

Creo en la igual­dad de de­re­chos, de ac­ce­so y de opor­tu­ni­da­des en­tre hom­bres y mu­je­res. El otro día mi­ra­ba las fotos de las mar­chas fe­mi­nis­tas y me di cuen­ta de que son muy sim­bó­li­cas. Ade­más de su sig­ni­fi­ca­do po­lí­ti­co tie­nen una belleza estética que es muy po­ten­te. Esa voz ha ca­la­do muy pro­fun­do.

En reali­dad me lla­mo Pau­li­na y no Pau­li­ne.

Lo que pa­sa es que cuan­do fui a vi­vir a Es­ta­dos Uni­dos una pro­fe­so­ra del co­le­gio me pre­gun­to si me po­día pre­sen­tar co­mo Pau­li­ne, ya que era fá­cil de pro­nun­ciar. Vol­ver a vi­vir en Chi­le fue un te­ma com­pli­ca­do pa­ra mí, por­que me sen­tía más ame­ri­ca­na que chi­le­na. In­clu­so, ha­bla­ba me­jor in­glés. Es­ta­ba tan acos­tum­bra­da, que que­de co­mo Pau­li­ne pa­ra to­da mi vi­da.

Mi fa­mi­lia de­ci­dió sa­lir de Chi­le pa­ra el go­bierno de la Uni­dad Po­pu­lar.

Mis abue­los eran de Che­cos­lo­va­quia y tu­vie­ron que sa­lir del país du­ran­te la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial arran­can­do del na­zis­mo. Lue­go in­ten­ta­ron vol­ver, pe­ro lle­gó el co­mu­nis­mo y no pu­die­ron. Cuan­do ga­nó Allen­de pen­sa­ron que iba a pa­sar lo mis­mo y de­ci­die­ron que de­bía­mos via­jar a Es­ta­dos Uni­dos pa­ra es­tar más se­gu­ros. Te­nían mie­do al co­mu­nis­mo. Allá vi­vi­mos por cua­tro años.

Pa­ra el ple­bis­ci­to vo­té por el No, pe­se a que mis pa­pás eran de de­re­cha.

En mi ca­sa siem­pre hu­bo plu­ra­li­dad de vi­sio­nes. Du­ran­te la uni­ver­si­dad par­ti­ci­pé de va­rias pro­tes­tas en con­tra de la dic­ta­du­ra mi­li­tar. Pa­ra los ca­ce­ro­leos sa­ca­ba una de las ollas más gran­des y me po­nía a to­car con mi her­ma­na. Re­cuer­do ha­ber es­ca­pa­do del gua­na­co en mu­le­tas, por­que me ha­bía le­sio­na­do an­dan­do en es­quí.

Mi via­je más ex­tre­mo fue al Mon­te Nyi­ra­gon­go, en el Con­go.

Es un vol­cán que tie­ne uno de los la­gos de la­va más gran­des del mun­do. Su­bi­mos con mi fa­mi­lia, dos fo­tó­gra­fos del Na­tio­nal Geo­grap­hic, un pe­rio­dis­ta y una pa­re­ja de re­cién ca­sa­dos. Íba­mos es­col­ta­dos con ti­pos con fu­si­les de las mi­sio­nes de paz, por­que era un lu­gar muy pe­li­gro­so. Dos días an­tes ha­bían ase­si­na­do a unos tu­ris­tas.

Me en­can­ta ir al teatro.

Mi pa­no­ra­ma pre­fe­ri­do siem­pre fue ir a ver obras al teatro Ic­tus. Me atre­ve­ría a de­cir que nos ayu­dó a te­ner una mi­ra­da más am­plia. Ese lu­gar fue cla­ve, por­que se de­cían cosas en con­tra de Pi­no­chet que uno pen­sa­ba que no se po­dían de­cir. Mu­chas ve­ces es­ta­bas en el teatro y pen­sa­bas que se iban a lle­var a to­dos los ac­to­res.

Sien­to que no ne­ce­si­to la re­li­gión pa­ra vi­vir con va­lo­res.

Las for­mas muy rí­gi­das nun­ca me han atraí­do, por eso de­ci­dí no ser cre­yen­te. Me gus­ta man­te­ner esa li­ber­tad. El res­pe­to, la to­le­ran­cia y la ho­nes­ti­dad son va­lo­res muy im­por­tan­tes pa­ra mi vi­da y no los apren­dí por­que un cu­ra lo re­pe­tía en mi­sa.

Es­toy a fa­vor del ma­tri­mo­nio ho­mo­se­xual y de la adop­ción ho­mo­pa­ren­tal.

Es im­por­tan­te que uno es­té en sin­to­nía con los chi­le­nos y con los tiem­pos. Una de las be­lle­zas de las per­so­nas es su ca­pa­ci­dad de ir evo­lu­cio­nan­do y cam­bian­do. No nos po­de­mos que­dar pe­ga­dos en lo que pen­sá­ba­mos ha­ce 20 años, por­que las sen­si­bi­li­da­des van cam­bian­do. Soy bas­tan­te li­be­ral en ese sen­ti­do.

Siem­pre mo­ti­vé a mi ma­má a eman­ci­par­se

Ven­go de una ca­sa ma­chis­ta. El rol de mi ma­má era es­tar en la ca­sa y es­pe­rar a mi pa­pá a las 6 de la tar­de, cuan­do vol­vía del tra­ba­jo. Yo pen­sa­ba que ja­más iba a de­jar de ha­cer mis cosas por ir a re­ci­bir a un hom­bre. Pe­ro a sus hi­jas nos en­se­ñó a es­tar siem­pre bien em­po­de­ra­das y no de­jar que nos pa­sa­ran a lle­var.

No me en­cuen­tro cui­ca.

Es cier­to que ven­go de un mun­do cui­co, pe­ro soy lo me­nos seg­men­ta­do­ra po­si­ble. Me gus­ta la di­ver­si­dad y ten­go ami­gos de to­dos la­dos. Mi par­te cui­ca po­dría ser que me gus­ta que las cosas de la co­ci­na y la me­sa es­tén bien pues­tas, que los co­lo­res com­bi­nen.

“No ne­ce­si­to la re­li­gión pa­ra vi­vir con va­lo­res”.

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