PA­BLO PI­ÑE­RA: “UNO SE SIEN­TE MÁS EN LA MI­RA POR SER HER­MANO DEL PRE­SI­DEN­TE”

Tras su frus­tra­da par­ti­da co­mo em­ba­ja­dor en Ar­gen­ti­na, el her­mano del Pre­si­den­te op­tó por su­mer­gir­se du­ran­te un tiem­po. Hoy, plan­tea la necesidad de re­to­mar los acuer­dos en la política y cues­tio­na a quie­nes re­nie­gan de la obra de la Con­cer­ta­ción.

La Tercera - Reportajes - - PORTADA - PA­BLO PI­ÑE­RA DI­REC­TOR DE CIEPLAN, EX DC: POR MA­RÍA JO­SÉ O’SHEA C. FO­TO­GRA­FÍA RO­BER­TO CAN­DIA

PPor muy buen humor que ten­ga, el úl­ti­mo abril Pa­blo Pi­ñe­ra lo pa­só mal. Su her­mano, el Pre­si­den­te, lo nom­bró co­mo em­ba­ja­dor en Ar­gen­ti­na y el “Po­lo” par­tía en­tu­sias­ma­do a es­ta nue­va aven­tu­ra co­mo par­te de un go­bierno. Ya ha­bía es­ta­do en la ve­re­da pú­bli­ca va­rias ve­ces: fue sub­se­cre­ta­rio de Ha­cien­da de Ayl­win, lue­go di­rec­tor eje­cu­ti­vo de TVN y sub­se­cre­ta­rio de Obras Pú­bli­cas con La­gos, di­rec­tor de Fi­nan­zas de la Can­ci­lle­ría y ge­ren­te general de Ban­coEs­ta­do en el pri­mer go­bierno de Ba­che­let. En ese car­go se que­dó du­ran­te la ad­mi­nis­tra­ción Pi­ñe­ra I, pa­ra lue­go emi­grar a Cie­plán, el re­duc­to de téc­ni­cos con­cer­ta­cio­nis­tas que lo aco­ge has­ta hoy.

Par­tía en­tu­sias­ma­do, por­que ape­nas nom­bra­do, par­te de la opo­si­ción -esa a la cual per­te­ne­cía has­ta di­ciem­bre, cuan­do re­nun­ció a una vi­da de mi­li­tan­cia en la DC- lle­vó el ca­so has­ta la Con­tra­lo­ría pa­ra que se pro­nun­cia­ra so­bre una even­tual si­tua­ción de ne­po­tis­mo.

El Man­da­ta­rio, un año ma­yor que él, in­ten­tó afir­mar el nom­bra­mien­to; ex­ten­dió por va­rios días la po­lé­mi­ca es­pe­ran­do que el fue­go se apa­ga­ra. Pa­blo Pi­ñe­ra vi­vió días in­có­mo­dos, has­ta que fi­nal­men­te el Pre­si­den­te anun­ció que tras una con­ver­sa­ción en­tre am­bos, la idea de nom­brar­lo em­ba­ja­dor que­da­ba ahí. En una idea.

Hoy, a ca­si tres me­ses del epi­so­dio, Pa­blo Pi­ñe­ra vuel­ve a la es­ce­na política pa­ra ha­blar de los te­mas que lo mue­ven des­de su rol co­mo di­rec­tor del MBA de la Uni­ver­si­dad Al­ber­to Hur- ta­do y je­fe de Cie­plán.

En el epi­so­dio de Ar­gen­ti­na, lo úni­co que us­ted di­jo pú­bli­ca­men­te en ese mo­men­to es que en la política hay mu­cha odio­si­dad, ¿en qué la ve?

-Más allá de ese ca­so par­ti­cu­lar, uno ve un al­to gra­do de odio­si­dad, de ani­mo­si­dad en la so­cie­dad. Creo que hay ve­ces en que se ve mu­cha agre­si­vi­dad en­tre los ac­to­res de las dis­tin­tas áreas. Bas­ta ver las re­des so­cia­les pa­ra dar­se cuen­ta de eso. Por eso es que creo que es im­por­tan­te que los chi­le­nos vuel­van a con­fiar unos con otros.

Bue­nos pa­ra jun­tar­se, los Pi­ñe­ra -her­ma­nos y so­bri­nos, sal­vo Jo­sé- se ven los lu­nes en la ca­sa de Mag­da­le­na, la “Pi­chi­ta”, en un al­muer­zo “con mu­cho humor, pe­ro ba­jo ni­vel gas­tro­nó­mi­co”. Y has­ta un par de ve­ces ha lle­ga­do el pro­pio Pre­si­den­te.

¿Y lo cri­ti­can ahí?

No, cuan­do es­ta­mos con él tra­ta­mos de ha­cer­le ha­blar de te­mas no con­flic­ti­vos, pa­ra que sea gra­ta la con­vi­ven­cia fa­mi­liar. Ya tie­ne bas­tan­tes es­pa­cios en que lo cri­ti­can co­mo pa­ra que lo cri­ti­quen tam­bién en la fa­mi­lia.

¿Cuán­to lo ve aho­ra?

Me­nos que an­tes, pe­ro igual nos ve­mos. Te­ne­mos ca­sa en la pla­ya muy cer­ca, y ju­ga­mos te­nis. Y le gano.

A tres me­ses, ¿có­mo vi­vió el epi­so­dio de la em­ba­ja­da?

Pa­ra mí el te­ma Ar­gen­ti­na es un te­ma ce­rra­do, es to­do lo que voy a de­cir.

Pe­ro tie­ne que ha­ber­le afec­ta­do. Se le vi­nie­ron el PC y al­gu­nos PS en­ci­ma, es­tu­vo en el fo­co de la opi­nión pú­bli­ca.

Los te­mas ce­rra­dos, ce­rra­dos es­tán, pues.

Pe­ro si has­ta su her­mano Mi­guel opi­nó. Y di­jo que él ha­bía pe­di­do la agre­ga­du­ría de Can­cún.

Ca­paz que Mi­guel pen­só que ha­bía, pues. Ese es el pro­ble­ma.

Ya, pe­ro lo con­ver­sa­ron har­to en su fa­mi­lia.

Bueno, yo lo con­ver­sé mu­cho con el Pre­si­den­te. Fui a su ca­sa a al­mor­zar, con­ver­sa­mos el te­ma y ahí se to­mó la de­ci­sión, y no voy a ha­blar más.

Más vie­jo, más ma­du­ro

Se­bas­tián Pi­ñe­ra de hoy, versus el del go­bierno an­te­rior, ¿es el mis­mo?

Creo que hoy oye más, es­tá más tran­qui­lo, más ma­du­ro, con me­nos ur­gen­cia, con me­nos an­sie­dad. Co­mo ocu­rre con los años, uno em- peo­ra fí­si­ca­men­te, pe­ro me­jo­ra por­que lle­gan la ma­du­rez y la sa­bi­du­ría. Uno en­tien­de más a la gen­te, com­pren­de más las de­bi­li­da­des hu­ma­nas, por­que ha di­cho mu­chas ve­ces de es­ta agua no be­be­ré y otras ton­te­ras. Yo creo que Se­bas­tián es­tá más tran­qui­lo y creo que mu­cha gen­te así lo re­co­no­ce. En eso, creo que sus nie­tos y su se­ño­ra, Ce­ci­lia, han ejer­ci­do una bue­na in­fluen­cia.

¿Y qué pien­sa de es­ta idea que cir­cu­la de Ce­ci­lia Mo­rel can­di­da­ta?

No, no ten­go idea. La veo co­mo cuñada, no más.

Us­ted tie­ne 67 años y una tra­yec­to­ria en lo pú­bli­co, ¿se le ha vuel­to más pe­sa­do el ape­lli­do Pi­ñe­ra?

Es­toy muy con­for­me con ser Pi­ñe­ra. Con los pa­dres que tu­ve, con las opor­tu­ni­da­des que es­te país nos dio. Con­for­me con la fa­mi­lia Pi­ñe­ra -des­gra­cia­da­men­te el año pa­sa­do se mu­rió nues­tra her­ma­na ma­yor, Gua­da­lu­pe- y creo que te­ner un her­mano Pre­si­den­te es un mo­ti­vo de pro­fun­do or­gu­llo. Es más, creo que hi­zo un buen go­bierno la pri­me­ra vez, y creo que lo va a ha­cer aún me­jor es­ta se­gun­da vez.

Pe­ro igual se sien­te ex­pues­to.

Bas­tan­te más ex­pues­to, por su­pues­to. Uno se sien­te más en la mi­ra de mu­cha gen­te. Pe­ro eso es par­te del cos­to y bas­tan­te me­nor con res­pec­to a la sa­tis­fac­ción de sa­ber que un her­mano fue Pre­si­den­te de la Re­pú­bli­ca y que lo hi­zo bien, ade­más.

¿Y es­ta­rá pen­sa­do en una ter­ce­ra, o no?

No creo.

¿No?

Bueno, yo no es­toy me­ti­do en su ca­be­za, pe­ro ya se­ría mu­cho pen­sar en cua­tro años más. No lo veo.

Aho­ra, a mí me com­pli­ca­ba es­to de ser miem­bro de la Con­cer­ta­ción, to­mar car­gos de ex­clu­si­va con­fian­za de la Pre­si­den­cia y ser her­mano del lí­der de opo­si­ción. Pe­ro hoy, ya que de­jé la DC, me sien­to mu­cho más li­be­ra­do. Me cos­tó, pe­ro creo que la DC co­me­tió va­rios erro­res du­ran­te el go­bierno de la Nue­va Ma­yo­ría (NM).

No se arre­pien­te de ha­ber re­nun­cia­do, en­ton­ces.

No. Pri­me­ro, uno no pue­de de­cir que la DC ten­ga un pro­yec­to po­lí­ti­co co­mún. Dos, se rom­pió la fra­ter­ni­dad in­ter­na, co­sa que que­dó cla­ra cuan­do pi­den la renuncia a la pre­si­den­cia de la DC a Ca­ro­li­na Goic, al día si­guien­te de que le fue­ra mal en la pri­me­ra vuel­ta pre­si­den­cial.

Por otra par­te, en el go­bierno de la NM, con el pe­so que te­nía de vo­ta­ción y par­la­men­ta­rios, de­be­ría ha­ber te­ni­do ma­yor in­fluen­cia en el pro­gra­ma. Y no la tu­vo. Ter­mi­nó sien­do, co­mo di­jo el mi­nis­tro del In­te­rior de la épo­ca, el arroz gra­nea­do de la Con­cer­ta­ción.

¿Có­mo ha vis­to la ac­ti­tud de la DC con el go­bierno de su her­mano?

Veo a la di­rec­ti­va con mu­cha fuer­za pa­ra de­fen­der el pro­yec­to en el cual ellos creen y man­te­ner su au­to­no­mía de los ex­so­cios de la NM. Dis­tin­to ha­bría si­do el go­bierno an­te­rior con una DC co­mo la ac­tual.

¿Se sien­te más afín a es­te go­bierno que al de la Nue­va Ma­yo­ría?

Com­ple­ta­men­te. La ex­pe­rien­cia de la NM no fue exi­to­sa. Y creo que es­te go­bierno ha he­cho un es­fuer­zo im­por­tan­te y ha re­co­gi­do las ban­de­ras de bus­car acuer­dos en política. La NM no hi­zo una re­fle­xión pro­fun­da so­bre el diag­nós­ti­co erra­do so­bre el cual se hi­zo el go­bierno, ni por qué ha­bía per­di­do la vez pa­sa­da, cuan­do to­dos es­pe­ra­ban que Ba­che­let vol­vie­ra a Chi­le pa­ra ase­gu­rar­se la Pre­si­den­cia. Y ter­ce­ro, mu­chos par­ti­dos se su­ma­ron a las de­man­das es­tu­dian­ti­les, en vez de con­du­cir­las. Eso fue un error, por­que se res­pon­de so­lo a los es­tu­dian­tes, quie­nes de­mos­tra­ron ser po­co so­li­da­rios y muy au­to­ri­ta­rios.

Ade­más, en la NM re­ne­ga­ron de los 20 años de la Con­cer­ta­ción y le re­ga­la­ron es­tas ban­de­ras a la cen­tro­de­re­cha. Fue co­mo una ver­sión mo­der­na de Freud, que en vez de ma­tar a los pa­dres pa­ra po­der ma­du­rar, se ma­tan ellos mis­mos. Aún más; a mu­cha gen­te le da­ba ver­güen­za lo que se hi­zo. Mi­che­lle Ba­che­let tam­bién re­ne­gó de la Con­cer­ta­ción.

¿Y Pi­ñe­ra la res­ca­ta?

El país que­dó ago­ta­do de la con­fron­ta­ción que se ge­ne­ró en el go­bierno pa­sa­do y en ese sen­ti­do, Se­bas­tián tra­jo un nue­vo ai­re, con ma­yor ni­vel de con­fian­za, y creo que ha re­co­gi­do al­gu­nas ideas de la Con­cer­ta­ción. La cen­tro­de­re­cha ha re­co­gi­do mu­chas co­sas po­si­ti­vas de la Con­cer­ta­ción. Ahí se pro­du­ce la pa­ra­do­ja de ese asun­to.

¿Ve a per­so­nas em­ble­má­ti­cas de la Con­cer­ta­ción en­tran­do al go­bierno?

Veo pre­ma­tu­ro y di­fí­cil que sec­to­res em­ble­má­ti­cos de la Con­cer­ta­ción en­tren al go­bierno, pe­ro sí han de­mos­tra­do una cla­ra vo­lun­tad de

ex­pre­sar ideas y ex­pe­rien­cia, Ellos es­tán dis­po­ni­bles a bus­car acuer­dos que va­yan en be­ne­fi­cio de to­dos los chi­le­nos.

Chi­le es­tá en lo que se lla­ma “la tram­pa de los paí­ses de in­gre­sos me­dios”. Es­te país tie­ne hoy día un in­gre­so de 25 mil dó­la­res, ha es­ta­do va­rias ve­ces a pun­to de dar un sal­to y ser un país desa­rro­lla­do y no lo ha he­cho. Te­ne­mos la obli­ga­ción de dar ese sal­to.

¿Y qué es lo que ha fal­ta­do?

Po­ner­se de acuer­do. En Chi­le pa­sa un po­co que la gen­te que bus­ca acuer­dos es mi­ra­da co­mo sos­pe­cho­sa, co­mo que no es con­sis­ten­te con sus prin­ci­pios. Y sea­mos cla­ros: la úni­ca gen­te que no bus­ca acuer­dos son las dic­ta­du­ras, don­de imponen su vo­lun­tad sin nin­gún ti­po de con­tra­pe­so.

Es­tá to­do en­ca­mi­na­do pa­ra sal­tar al desa­rro­llo. Se­ría muy tris­te que en 10 años más ten­ga­mos una se­gun­da ver­sión del li­bro de Aníbal Pin­to: Chi­le, un ca­so de desa­rro­llo frus­tra­do.

¿Dón­de vi­sua­li­za el cen­tro po­lí­ti­co? ¿Se cum­ple el sue­ño fi­nal de ver a los “mo­de­ra­dos” jun­tos?

De­be­mos bus­car un eje ar­ti­cu­la­dor de to­dos los sec­to­res que creen que Chi­le es­tá en con­di­cio­nes de ser un país desa­rro­lla­do y dis­pues­tos a ge­ne­rar po­lí­ti­cas pú­bli­cas pa­ra es­te desafío, sean de iz­quier­da, de­re­cha, re­li­gio­sos o no. Veo con do­lor que hoy, des­pués de vi­vir una dic­ta­du­ra, ha­ya sec­to­res que jus­ti­fi­can a Pi­no­chet y otros que aplau­den a Cu­ba, Ve­ne­zue­la o Corea.

Prehis­tó­ri­cos

En ma­te­ria de va­lo­res, mu­cha gen­te ha ido adap­tán­do­se ha­cia el desa­rro­llo. ¿Se­bas­tián Pi­ñe­ra tie­ne un cam­bio en ese sen­ti­do?

Yo creo que to­do el mun­do ha cam­bia­do en los úl­ti­mos 20 años, en tér­mi­nos de acep­tar más la di­ver­si­dad, y eso es un tre­men­do apor­te. La di­ver­si­dad se­xual es­tá am­plia­men­te acep­ta­da en to­do el mun­do.

¿Es us­ted par­ti­da­rio de la adop­ción ho­mo­pa­ren­tal?

Soy par­ti­da­rio del ma­tri­mo­nio ho­mo­se­xual y tam­bién de la adop­ción ho­mo­pa­ren­tal, siem­pre y cuan­do eso sea lo me­jor pa­ra el ni­ño. Aquí el que manda es el ni­ño. Y quien de­be adop­tar al ni­ño es aquel que pue­da cum­plir un rol que per­mi­ta que el ni­ño se desa­rro­lle bien. En Chi­le ha ha­bi­do mu­chos cam­bios en los úl­ti­mos 10 años. Es un país ex­tre­ma­da­men­te po­co di­ver­so, y que ha­yan lle­ga­do a Chi­le mi­les de migrantes ha cam­bia­do la cul­tu­ra de es­te país. La di­ver­si­dad ha­ce que es­te país sea me­jor que lo que era ha­ce 10 años.

A la de­re­cha le ha cos­ta­do más re­co­no­cer el

va­lor de la di­ver­si­dad...

Ob­via­men­te que cues­ta. An­tes ha­bía un mun­do muy ce­rra­do y cues­ta en­ten­der las nue­vas reali­da­des que el mun­do es­tá vi­vien­do. Pe­ro re­cor­de­mos que Chi­le fue el pe­núl­ti­mo país en el mun­do en apro­bar el di­vor­cio y, ade­más, con una gran do­sis de ci­nis­mo. Fue uno de los úl­ti­mos paí­ses en re­co­no­cer igual­dad de de­re­chos en­tre hi­jos le­gí­ti­mos e ile­gí­ti­mos. Fue uno de los úl­ti­mos paí­ses en el mun­do en acep­tar eli­mi­nar la pe­na de muer­te. Los cam­bios han si­do di­fí­ci­les. ¿Se acuerda de to­da la dis­cu­sión que hu­bo a raíz del di­vor­cio? Pa­re­ce de la prehis­to­ria. La ven­ta­ja es que, por suer­te, la gen­te va apren­dien­do con la ex­pe­rien­cia.

Uno de los hi­tos en ese cam­bio es que fi­nal­men­te, quié­ra­lo o no, en el go­bierno de Se­bas­tián Pi­ñe­ra se im­ple­men­tó la des­pe­na­li­za­ción del abor­to en tres cau­sa­les. ¿Es al­go que le va a pe­sar o le va a su­mar?

Creo que la so­cie­dad chi­le­na ha lle­ga­do a un gra­do de aper­tu­ra men­tal en que es­tá dis­pues­ta a acep­tar y va­lo­rar la di­ver­si­dad en to­dos los pla­nos.

En el go­bierno ase­gu­ra­ron que iban a blo­quear la po­si­bi­li­dad de un abor­to li­bre. ¿Ve al Pre­si­den­te Pi­ñe­ra cam­bian­do de opi­nión?

No, no veo ni al go­bierno ni a im­por­tan­tes sec­to­res de la opo­si­ción avan­zan­do ha­cia un abor­to li­bre. Yo no lo he me­di­ta­do en pro­fun­di­dad, pe­ro, en prin­ci­pio, no se­ría par­ti­da­rio.

Pe­ro en las tres cau­sa­les sí.

La al­ter­na­ti­va de de­jar­lo co­mo es­ta­ba era mil ve­ces peor. Se pro­du­cen los mis­mos abor­tos de for­ma clan­des­ti­na, con al­to gra­do de ries­go de la vi­da de la ma­dre. Y tam­po­co el país pue­de te­ner una política de per­se­cu­ción po­li­cial pa­ra me­ter pre­sas a to­das las mu­je­res que abor­tan en Chi­le. Así que da­do el es­ce­na­rio que ha­bía, es­ta fue una muy bue­na op­ción. ¿Cuál es la op­ción óp­ti­ma? Que na­die se vea en la necesidad u obli­ga­ción de te­ner que abor­tar, pe­ro eso es utó­pi­co. Creo que el país va­lo­ra que se ha­ya avan­za­do en esa ma­te­ria.

Pa­sar el test

¿Có­mo ve la ola fe­mi­nis­ta que Chi­le vi­ve?

Creo que es pro­duc­to de lo que es­tá pa­san­do en el mun­do, lo cual me pa­re­ce muy po­si­ti­vo. Es­ta­mos en un país ex­tre­ma­da­men­te ma­chis­ta y aho­ra es­ta­mos pa­san­do a un país me­nos ma- chis­ta y, en al­gu­nos ca­sos, he­mos ex­tre­ma­do el te­ma del fe­mi­nis­mo. Lo im­por­tan­te es man­te­ner el equi­li­brio, por­que no es le­gí­ti­mo juz­gar con­duc­tas de ha­ce 20 o 30 años, con los cri­te­rios ac­tua­les, sal­vo que sean de­li­tos. Pe­ro si uno re­vi­sa lo que fue el pa­sa­do, gran par­te de la gen­te no pa­sa­ría el test. Aho­ra, creo que el país ha he­cho un tre­men­do avan­ce en que hoy to­dos te­ne­mos con­cien­cia de que a la mu­jer se le res­pe­ta, que no es no, de que hay una fuer­te opo­si­ción cul­tu­ral con­tra la vio­len­cia ha­cia la mu­jer, co­sa que en Chi­le an­tes tam­po­co te­nía una san­ción so­cial muy fuer­te.

¿Cuan­do di­ce que nin­guno pa­sa­ría el test, se re­fie­re el aco­so, al pi­ro­peo fue­ra de lu­gar?

Exac­ta­men­te. Una bro­ma, un pi­ro­po. Yo pro­ba­ble­men­te ha­bría echa­do una bro­ma ha­ce 20 años y hoy no la ha­go. Aho­ra, no son de­li­tos, por su­pues­to. En­ton­ces es com­pli­ca­do in­ten­tar lin­char en la pla­za pú­bli­ca a to­do el mun­do. Hay que cas­ti­gar a la gen­te que co­me­tió de­li­tos y creo que ahí se ha avan­za­do mu­chí­si­mo. Y dos, creo que lo más im­por­tan­te es que to­dos los hom­bres he­mos cam­bia­do nues­tra for­ma de ac­tuar. Por suer­te.

Cuan­do di­ce que se ex­tre­ma el fe­mi­nis­mo, ¿en qué sen­ti­do?

Son ca­sos es­pe­cí­fi­cos. Uno pue­de de­cir que en al­gu­nos ca­sos se es­tá pi­dien­do que en cual­quier de­nun­cia, de in­me­dia­to la per­so­na sea lin­cha­da pú­bli­ca­men­te. Yo creo que el prin­ci­pio de inocen­cia hay que res­pe­tar­lo siem­pre.

¿Co­mo en el ca­so de Vi­lle­gas?

No, de nin­gún ca­so en par­ti­cu­lar. Pe­ro sí me pa­re­ce que una me­ra de­nun­cia no de­be­ría lle­var al lin­cha­mien­to pú­bli­co de la per­so­na. In­sis­to en que creo que el avan­ce que ha te­ni­do Chi­le hoy día es sú­per im­por­tan­te. Y tam­bién creo que el go­bierno an­te­rior, de la Pre­si­den­ta Ba­che­let, ayu­dó bas­tan­te a es­te cam­bio cul­tu­ral que ha te­ni­do Chi­le, en tér­mi­nos de di­ver­si­dad se­xual, en tér­mi­nos de res­pe­to a las mu­je­res, con­de­nar so­cial­men­te la vio­len­cia. Que la gen­te aco­ja con más ca­ri­ño la mi­gra­ción son cam­bios que se pro­du­je­ron, que se asen­ta­ron en el go­bierno pa­sa­do y que fue­ron muy po­si­ti­vos.

A Pi­ñe­ra de re­pen­te se le arran­ca la mo­to y di­ce co­sas des­ubi­ca­das so­bre las mu­je­res.

No voy a pe­lar a mi her­mano en esa ma­te­ria.

¿ Pe­ro cree que él ha­ce un es­fuer­zo por adap­tar­se a es­tos nue­vos tiem­pos?

To­da la gen­te ha cam­bia­do con los tiem­pos. Si no, vea las películas o las te­le­se­ries o los pro­gra­mas de te­le­vi­sión en Chi­le de ha­ce 30 años y que na­die se es­can­da­li­za­ba. Hoy, al­guien ha­ce un pro­gra­ma co­mo ese y lo sa­can al­ti­ro de la te­le­vi­sión.

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