Nés­tor Cantillana, ac­tor

La Tercera - Reportajes - - APUNTES - POR FER­NAN­DA RO­BLES Y EDUAR­DO OR­TE­GA FO­TO­GRA­FÍA REI­NAL­DO UBI­LLA

El per­so­na­je que más he go­za­do in­ter­pre­tan­do es Es­cu­de­ro, de Ro­ma­né.

Era co­mo de otro pla­ne­ta. Cons­truí un ti­po que ad­mi­ra­ba pro­fun­da­men­te al je­fe y que es­ta­ba dis­pues­to a dar la vi­da por él. Le fal­ta­ban pa­los pa’l puen­te, pe­ro era un hueón bue­na on­da. To­dos se ca­gaban de la ri­sa en el set.

No ten­go re­des so­cia­les.

Ti­rar mier­da por ven­ti­la­dor es ho­rri­ble. Cuan­do to­do es des­de la co­mo­di­dad de tu ca­sa y se pue­de re­du­cir a un pul­gar pa’ arri­ba o pa’ aba­jo, me pa­re­ce so­lo rui­do. Hay co­le­gas que que­dan en el sue­lo por­que un ti­po les di­ce gor­das en Twit­ter.

La gen­te co­no­ció Is­la de Pas­cua y Chi­loé por las te­le­se­ries.

En los 90 ha­bía un dis­cur­so de ca­nal pú­bli­co que se ha­cía car­go de un rol. Ha­bía una idea de des­cen­tra­li­zar, de mos­trar Chi­le, de ha­blar del si­da, te­mas im­por­tan­tes.

No veo Pac­to de San­gre. So­lo vi el pri­mer ca­pí­tu­lo. En ge­ne­ral, no veo las te­le­se­ries don­de ac­túo, so­bre to­do las que dan muy tar­de. Cuan­do acep­té el per­so­na­je de Mar­co, di­je “chu­cha, me van a odiar, me cru­ci­fi­qué”. In­ter­pre­tar­lo es di­fí­cil. Pe­ro no es ma­lo: es un ti­po en­fer­mo, muy in­se­gu­ro, que tie­ne una idea del amor to­tal­men­te tor­ci­da.

Son ne­ce­sa­rias las de­nun­cias por aco­so pa­ra que no se re­pi­tan.

Cuan­do hay una con­duc­ta, una acu­sa­ción a al­guien y se re­pi­te, hay que fu­nar­los. So­bre to­do con el te­ma del po­der, con los pro­fe­so­res y directores de es­cue­la, de TV. Pe­ro tam­bién se ocu­pa co­mo he­rra­mien­ta pa­ra en­lo­dar, en­su­ciar. Es una re­vo­lu­ción y me pa­re­ce bien, pe­ro en to­da re­vo­lu­ción rue­dan ca­be­zas.

Las mu­je­res son me­jo­res que los hom­bres en mu­chos as­pec­tos.

Son más in­te­li­gen­tes, más rá­pi­das, más sen­si­bles, re­suel­ven más rá­pi­do. Me pa­re­ce es­tu­pen­do el fe­mi­nis­mo. Quie­ro que se equi­pa­ren los suel­dos, no hay nin­gu­na ex­pli­ca­ción ló­gi­ca pa­ra que no sea así.

Me gus­ta­ría que Ga­briel Bo­ric fue­ra Pre­si­den­te.

Lo res­pe­to mu­chí­si­mo y creo que es un tre­men­do po­lí­ti­co. Es de las per­so­nas más con­se­cuen­tes que co­noz­co: que es­té ahí con sus pei­na­dos en el Con­gre­so y des­pués va­ya a las pro­tes­tas. Lo de la po­le­ra fue un error, una ton­te­ra, pe­ro es ra­ro que sea tan­ta no­ti­cia.

El abor­to de­be­ría ser to­tal­men­te le­gal, es un de­re­cho de la mu­jer.

Si eres re­li­gio­so, crees en la vi­da y to­do ese dis­cur­so, no te ha­gas un abor­to. Pe­ro ¿por qué ce­rrar­le la puer­ta al res­to? Ten­go ami­gas que se han he­cho abor­tos y es una ex­pe­rien­cia do­lo­ro­sa, te­rri­ble, trau­má­ti­ca. ¿Por qué, ade­más, ha­cer­lo más di­fí­cil? Es una cruel­dad.

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