EL RE­GRE­SO DEL MIE­DO

La Tercera - Tendencias - - APUNTES - POR An­drés Be­ní­tez

Fue un bal­de de agua fría. Y se no­tó. Des­de el mo­men­to en que se co­no­cie­ron los re­sul­ta­dos de la en­cuen­ta Ca­dem, so­na­ron to­das las alar­mas. Esas que no ha­bían apa­re­ci­do du­ran­te es­te go­bierno, pe­ro que fue­ron re­cu­rren­tes en el an­te­rior. Así las co­sas, el fan­tas­ma de la im­po­pu­la­ri­dad se ins­ta­ló rá­pi­do en La Mo­ne­da. No es al­go ra­cio­nal. Son los mie­dos que se aca­rrean de la in­fan­cia. Esos que las mi­les de se­sio­nes de te­ra­pia no lo­gra­ron aca­llar. Ahí es­tán, lis­tos pa­ra apa­re­cer a la pri­me­ra pro­vo­ca­ción.

Es cier­to, no era la pri­me­ra vez que el mi­nis­tro Varela se sa­lía de li­bre­to. Es más, ya es­ta­mos me­dio acos­tum­bra­dos a la “va­re­li­co­sas”. Pe­ro es­ta sa­lió muy ca­ra. No só­lo pa­ra él (ba­jó 18 pun­tos); tam­bién pa­ra el pre­si­den­te, quien ca­yó 5 pun­tos, de­jan­do su apro­ba­ción en 49%, la peor de su se­gun­do go­bierno. Días de­pués, la mis­ma si­tua­ción fue ra­ti­fi­ca­da por la me­di­ción de Cri­te­ria Re­search.

No es ne­ce­sa­ria­men­te una ci­fra ba­ja. La co­sa es que ha­ce po­cas se­ma­nas el pre­si­den­te es­ta­ba en el 60%. En­ton­ces, es­te úl­ti­mo gol­pe due­le. Pe­ro, de nue­vo, lo peor no es el do­lor; es el mie­do. Ese que nos lle­va a la no­che oscura de la im­po­pu­la­ri­dad, del no te quie­ren. Y cuan­do uno ac­túa con mie­do, la pro­ba­bi­li­dad de co­me­ter erro­res cre­ce y, cla­ro, to­do re­sul­ta una pro­fe­cía au­to­cum­pli­da.

Que el go­bierno se asus­tó es­tá cla­ro. Por pri­me­ra vez se re­fi­rie­ron a las en­cues­tas. Que es­ta es una fo­to de la se­ma­na; la pró­xi­ma pue­de ser me­jor, di­je­ron. Y el pre­si­den­te to­mó car­tas en el asun­to; sa­lió de gi­ra con Varela pa­ra apa­ci­guar los áni­mos, in­sis­tien­do en que no hay que que­dar­se en las pa­la­bras -de Varela-, sino en el fon­do. Que no ha­brá más erro­res.

La co­sa es que to­do cam­bió. El cui­da­do li­bre­to co­mu­ni­ca­cio­nal ela­bo­ra­do por La Mo­ne­da, don­de el pre­si­den­te era me­nos pro­ta­go­nis­ta y sus mi­nis­tros más pre­sen­tes, se ti­ró por la bor­da. Pi­ñe­ra asu­mió el con­trol de la si­tua­ción, con re­sul­ta­dos que to­da­vía son in­cier­tos.

Por una par­te, es cier­to que la fi­gu­ra del pre­si­den­te si­gue sien­do un ac­ti­vo. Es por cuan­to su caí­da de apro­ba­ción no tie­ne que ver con sus atri­bu­tos per­so­na­les que se man­tie­nen es­ta­bles y muy al­tos. El 72% de las per­so­nas creen que cuen­ta con au­to­ri­dad y li­de­raz­go; un 66%, que tie­ne ca­pa­ci­dad; in­clu­so un 64% con­si­de­ra que tie­ne ca­ris­ma, al­go que nun­ca ha si­do su fuer­te.

El pro­ble­ma es­tá en sus mi­nis­tros. En su ga­bi­ne­te que, en pro­me­dio, au­men­tó su des­apro­ba­ción en 20 pun­tos, lle­gan­do a que el 55% de los en­cues­ta­dos eva­lúa ne­ga­ti­va­men­te su desem­pe­ño y só­lo un 35% lo apo­ya. O sea, es­tá muy des­a­li­nea­do con la ima­gen del pre­si­den­te.

En es­to siem­pre hay dos ca­mi­nos: el pri­me­ro es ha­cer un cam­bio de ga­bi­ne­te; el se­gun­do es que el pre­si­den­te le pres­te ro­pa a sus mi­nis­tros más dé­bi­les. Es­ta se­ma­na se op­tó por el se­gun­do ca­mino. Ve­re­mos qué di­cen las en­cues­tas al res­pec­to. Por­que no que­da mu­cho mar­gen de ac­ción. Una nue­va ba­ja ya de­ja­ría las co­sas en te­rreno pe­li­gro­so.

Por otra par­te, el go­bierno tie­ne que ne­ce­sa­ria­men­te pre­pa­rar­se pa­ra tiem­pos peo­res. Has­ta aho­ra, ha go­ber­na­do sin opo­si­ción, por lo que to­do su de­te­rio­ro se ex­pli­ca por erro­res pro­pios. Pe­ro eso no es eterno. En al­gún mo­men­to, el ri­val se rear­ma­rá y pa­ra ese en­ton­ces el equi­po de go­bierno ten­drá que es­tar ju­gan­do mu­cho me­jor. Al me­nos sin pro­vo­car au­to­go­les. Y cla­ro, al­gu­nos di­rán que to­do aque­llo se lo­gra­rá con el ro­da­je, que es co­sa de tiem­po. Hummm…. Pue­de ser. Pe­ro me tin­ca que el pre­si­den­te ya sa­be que hay ju­ga­do­res que no dan el an­cho. Si es así, só­lo que­da es­pe­rar. Sal­vo que el mie­do, ya ins­ta­la­do, lo apu­re to­do.

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