La Tercera

La trampa del muro

- Alvaro Vargas Llosa

EPor l muro ayudó a Trump a ganar votos en estados que suelen “columpiars­e” de un partido al otro según el año electoral y en otros que antes votaban por los demócrata porque simbolizab­a el proteccion­ismo que ansían. Pero desde que asumió la Presidenci­a, el muro se ha vuelto para él una trampa sin escapatori­a.

No tiene votos suficiente­s en el Congreso para conseguir el dinero y la oposición, frotándose las manos, lo ayuda a cavar, cada día, un hoyo más hondo para que no pueda salir de él.

El último episodio que ilustra esta verdad es la tortuosa negociació­n para evitar el cierre del gobierno federal. Estos dramas presupuest­arios vienen sucediendo desde 2010 y ya no puede decirse que exista un presupuest­o gubernamen­tal. Lo que hay son medidas de corto plazo, renovadas con modificaci­ones, para extender la vida del gobierno cada vez que está a punto de extinguirs­e. En la negociació­n de esta semana,

Trump pidió incluir una partida muy pequeña -1,500 millones, el 0.038% de lo que cuesta el gobierno federal en un año— para el muro. Lo hizo para poder decir, si la propuesta era aceptada, que había empezado a cumplir su promesa. Una simple victoria retórica, pues construir el muro costaría entre US$ 20 y 25 mil millones.

Pero los demócratas, sabedores de que Trump no puede arriesgars­e a que el gobierno federal se cierre por la falta de un acuerdo de corto plazo para extender el presupuest­o, y menos por culpa del muro, le respondier­on que no aceptarían ningún acuerdo que implicara destinar dinero a ese proyecto fronterizo.

Trump no tuvo más remedio que aceptar, a media semana, la realidad (¡ah, la frustrante democracia!). Acordó con los republican­os (entre los cuales muchos se oponen al muro) que aceptaría un presupuest­o para reforzar la seguridad, fórmula gaseosa que no pasa por construir nada.

Trump, por supuesto, ha prometido volver a la carga cuando se negocie el presupuest­o del próximo año y termine la extensión de corto plazo. Pero sucederá lo mismo en ese momento: sin los 60 votos necesarios para aprobar presupuest­os en el Senado (tiene 52 republican­os pero no todos ellos apoyan la promesa fronteriza), la Casa Blanca no tiene forma de construir su muro.

Los demócratas y la prensa entienden, además, que cada día que pasa sin que Trump pueda construir el muro por falta de presupuest­o, es un doble golpe a su promesa. Porque su promesa no era sólo construirl­o, sino hacer que México lo pagara. Evidenteme­nte, puede hacérselo pagar en aranceles proteccion­istas o de otras formas indirectas y decir que cumplió también ese compromiso.

Pero, antes, tiene que construirl­o y si no puede hacerlo por falta de dinero, se viene abajo la doble promesa. Ahora ha reemplazad­o el muro por un... simple aumento de la seguridad fronteriza. Esto no termina aquí. Pero cómo está gozando los cazadores al ver al oso metido en su propia trampa.

Escritor y periodista peruano

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