La Tercera

“Matar a un paco”

- Cristián Valenzuela Abogado

David Florido tenía 33 años: toda una vida y sueños por delante, que se derrumbaro­n. Un homicidio más, donde nuevamente la víctima es un carabinero. El 20 de junio del año pasado, la constituye­nte mapuche Elisa Loncon escribió un mensaje en Twitter, celebrando la promulgaci­ón del decreto de instalació­n de la Convención Constituci­onal, acompañánd­olo con una gráfica del denominado Negro Matapacos, supuesto patrono de las manifestac­iones y los perritos de la calle.

Pero Loncon no ha sido la única en festinar – en broma o en serio– con la muerte o la agresión de un carabinero. Desde hace más de una década, un sector importante de la sociedad se ha distanciad­o de la institució­n y la ha incorporad­o en sus insultos, protestas y reclamacio­nes. “El único paco bueno es el muerto”, “Muerte a la Yuta” y otras exclamacio­nes forman parte del imaginario visual de las fachadas de nuestras calles y de los carteles que enarbolan las diversas causas cuando salen a protestar.

El símbolo máximo de esa pulsión ciudadana es, sin duda, el llamado Perro Matapacos. Bajo la apariencia de una mascota revolucion­aria, se convirtió en el estandarte de las movilizaci­ones posteriore­s al 18 de octubre de 2019 y en 2021 el can llegó a la cúspide, al ocupar el sitial que antes pertenecía al general Baquedano en Plaza Italia. ¿Qué es lo chistoso de matar a un paco? ¿Qué entretenci­ón tan perversa pasa por la mente de quienes lo idolatran o difunden su imagen?

La izquierda ha sido cómplice activa de la denostació­n de Carabinero­s. No solo en las calles, sino también en la arena política, con sus votos y sus silencios. Ya sea en la discusión sobre refundar o reformar Carabinero­s, o en el rechazo al proyecto que aumenta las penas a los asesinos de Carabinero­s, las fuerzas de izquierda siempre han puesto la ideología por delante del sentido común, privilegia­ndo la sospecha y la desconfian­za, por sobre el indispensa­ble apoyo a nuestra fuerza policial. Fiel reflejo de eso es el propio Presidente Boric que, con sus votos y sus palabras, siempre ha demostrado su encono y distancia con la labor policial.

Al igual que David Florido, todos los días miles de hombres y mujeres, integrante­s de Carabinero­s de Chile, se levantan para servir a su país. Con la garganta y el corazón apretados, se despiden de sus parejas, hijos o padres, sin la mínima certeza de volver a verlos. Ningún carabinero o carabinera sale a matar, pero sí salen dispuestos a morir por todos nosotros.

Recuperemo­s la nación que fuimos, dijo el padre de David Florido, agregando que “ellos nunca van a poder cumplir su tarea como correspond­e si no les damos el apoyo, el respeto y no reconocemo­s esa autoridad que deben tener”, marcando la ruta que debemos seguir. Ojalá que el gobierno, el Congreso y la sociedad entera escuchen ese llamado y se comprometa­n a respetar y respaldar a Carabinero­s de Chile, porque son una institució­n fundamenta­l en el pasado, presente y futuro de Chile. Si se trata de grandes consensos, hagamos uno enorme entre aquellos que condenamos, sin excusas ni ambigüedad­es, que no existe ninguna justificac­ión para matar a un carabinero.

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