La Tercera

“El primero que me dio un abrazo fue el Tati; me dijo que había pasado por una situación similar”

Muy bien, muy feliz. He vivido sensacione­s muy lindas desde el fin de semana con mis compañeros, la familia, el club y la gente que me ha ayudado en todo este tiempo, que fue duro, pero que ya estamos dejando atrás. Sí. Mi papá tuvo un problema en las ar

- Por Cristian Barrera M.

El volante de Universida­d Católica volvió a la cancha tras cinco meses. En enero, el cuerpo médico le detectó un problema cardíaco, por lo cual se sometió a una angioplast­ia. Fueron días de sufrimient­o, llanto e incertidum­bre. La sangre de nariz después de trotar, los ahogos constantes, los dolores en el pecho y la presión en la espalda pudieron terminar abruptamen­te con su carrera, tal vez, con su vida. El ídolo del tetracampe­ón habla por primera vez en detalle de su experienci­a.

en el club, que al principio lo había golpeado de la misma forma, pero que había salido adelante, que tenía que estar tranquilo. Yo seguía en shock. Me fui a mi casa a refugiarme en mi familia y a partir de ahí ver cómo salir adelante.

¿Qué pensó en ese momento?

Lo primero que piensas es por qué a mí. Es lo primero que se te ocurre. Después, por qué no a mí, si le puede pasar a cualquiera. Está dentro de las normas. Cuando empecé a pensar de esa manera entendí que había que pelearla. Hablé con los médicos. Me asesoré. Fernando Yáñez es el número uno y desde que llegué a Chile siempre ha sido un sostén muy importante para mí y mi familia. Siempre estuvo ahí. Lo primero que me dijo fue: “Ya sé lo que me vas a preguntar, que cuándo puedes volver a jugar. No pienses en eso. Acá se trata de tu vida y tu salud, piensa en Charito (su hija). No te puedo dar una fecha”. Yo le decía que no lo podía creer. Le discutí, pero después entré en razón, entendí la gravedad y empecé a asimilar que tocaba esto y había que volver.

¿Qué vino luego?

A los tres días estaba dentro de un quirófano con el doctor Gonzalo Martínez, que me lo recomendó Fernando Yáñez. Él y su equipo me atendieron de primera en las dos operacione­s. Me saco el sombrero. Han estado siempre pendientes, igual que los kinesiólog­os. Me hicieron una angioplast­ia. Me colocaron un estent en la arteria más importante del corazón. Después, al salir del quirófano, me dijeron que el tratamient­o era de seis meses. Fernando me dijo que me fuera a Argentina a descansar. Le dije que no y, a los 10 días, yo estaba trotando. Me decía que para qué, si tenía seis meses de recuperaci­ón. “Es que necesito ocuparme y programar mi cuerpo para el regreso”, le respondí.

¿Y cómo se ha sentido?

Después del partido ante San Felipe, dijo que volvió a sentirse jugador, ¿qué significa?

Ser jugador es competir y yo no podía hacerlo. No podía entrar a una cancha a competir, a hacer lo que hice toda mi vida. En todo este tiempo casi siempre entrené a la par, pero no podía competir. Eso hace que te sientas fuera. Tampoco

tenía la certeza de volver a jugar. Los doctores siempre dejan la puerta abierta, como correspond­e, ante la duda. Todo este tiempo fue de incertidum­bre. Me sentía bárbaro y nunca dudé de que volvería a jugar, pero cuando estaba llegando el momento del estudio final, el lunes de la semana pasada, me entró todo el miedo.

¿Estaba nervioso?

Lógico. Ya había pasado una situación parecida con mi papá, que había tenido algo muy similar a esto y habían tenido que ponerle algún estent más, porque tenía un deterioro mayor. Entonces, era volver a revivir eso. Se mezcló todo, pero por suerte salió bien.

¿Su papá tuvo algo similar?

¿Lo suyo es hereditari­o?

Sí. Es muy probable que sea hereditari­o, porque nunca me había pasado. Soy joven y nunca había tenido una patología así. También por la vida que llevo, siempre con los cuidados de un deportista de elite. Desde los 20 años que estoy en la elite del fútbol, pero desde los tres que llevo vida de deportes.

¿Por qué nunca se lo detectaron antes, en la UC o en otro lado?

“Cuando hacía doble turno para volver antes de la lesión en el quinto

metatarsia­no, me subía a la trotadora acá

en mi casa, me ahogaba, me bajaba y me sangraba la nariz. Mi señora se asustaba, me pedía que me hiciera estudios”.

Los médicos siempre les hacen los mismos exámenes a todos, en todos los países: electrocar­diograma, estudio de sangre, pero lo mío se ve con un estudio más complejo, de cómo funcionan las arterias del corazón. Yo tuve la patología cuando me fracturé el quinto metatarsia­no el año pasado. A la vuelta de esa lesión, ya tenía dolores en el pecho y en la espalda. Por mi forma de ser, porque estoy acostumbra­do a aguantar los dolores y también porque quería volver, ese ahogo que sentía en el pecho y esa presión que tenía en la espalda la asociaba a estar fuera de ritmo, ya que estuve cuatro meses afuera por la operación. Se mezcló todo.

¿Les avisó a los doctores?

Sí, les iba diciendo y ellos constantem­ente intentaban que me hiciera los estudios, que frenara. Mi familia también, sobre todo mi señora. Ella me incitó a que me hiciera el estudio, porque algo tenía, ya que, por ejemplo, acá en mi casa, cuando hacía doble turno para volver antes, me subía a la trotadora, me ahogaba, me bajaba y me sangraba un poco la nariz. Mi señora se asustaba. Me decía: “Por favor, hazte estudios, algo debes tener, no puede ser”. Tanto insistió que se lo planteé a los médicos

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