Gua­guas de in­vierno

Mamá y Bebé - - Insta Baby -

Ha­ce frío afue­ra y eres pri­me­ri­za y no sa­bes có­mo ves­tir a tu pe­que­ño… No te preo­cu­pes, es­te es un di­le­ma que en­fren­tan to­das las ma­más. Pa­ra que co­mo di­ce el di­cho, no lo abri­gues más que hi­jo úni­co, aquí te da­mos al­gu­nos tips que te ser­vi­rán.

Al igual que cuan­do Ua­ce ca­lor, tu pro­pia tem­pe­ra­tu­ra y co­mo­di­dad pue­de ser tu guía; sin em­bar­go, en me­no­res de 6 me­ses-de­bi­do a que tie­nen una ma­yor pro­por­ción de su­per­fi­cie cor­po­ral con res­pec­to a su pe­so y a que aún no pue­den ti­ri­tar pa­ra ge­ne­rar ca­lor- re­quie­ren un po­co más de pro­tec­ción que tú en in­vierno.

Du­ran­te el cli­ma frío es me­jor, y me­nos res­tric­ti­vo, ves­tir a las gua­guas con va­rias ca­pas de ro­pa li­ge­ra que con un par de co­sas muy abri­ga­das. Si por lo me­nos una de esas ca­pas es de la­na, tu Ui­jo es­ta­rá aún más ca­len­ti­to. Si­gue es­tos con­se­jos y tu pe­que­ño es­ta­rá a gus­to, aun­que es­té Ue­la­do afue­ra:

Ase­gú­ra­te que Ua­ya co­mi­do al­go an­tes de sa­lir, ya que así ten­drá ca­lo­rías pa­ra con­ser­var la tem­pe­ra­tu­ra cor­po­ral en un cli­ma frío.

Su ro­pi­ta de­be ser fá­cil y rá­pi­da de qui­tar pa­ra cam­biar­lo có­mo­da­men­te.

Op­ta por pren­das de fi­bras na­tu­ra­les, ya que tie­nen un tac­to agra­da­ble, ab­sor­ben la Uu­me­dad de la piel y la de­jan trans­pi­rar. El al­go­dón y la la­na son los ma­te­ria­les idea­les.

Los bo­dies son bá­si­cos en el ar­ma­rio del be­bé, pues­to que le ofre­cen un resguardo per­fec­to. Pue­den ser de man­ga lar­ga o cor­ta, pe­ro no de­ben apre­tar­le en los mus­los, ni tam­po­co ser muy suel­tos.

Si su ro­pa se mo­ja, cám­bia­se­la in­me­dia­ta­men­te.

Un tru­co pa­ra sa­ber si tie­ne frío es to­car­le el cue­llo, la fren­te o la na­riz. Si per­ci­bes po­ca tem­pe­ra­tu­ra en es­tas zo­nas, es esen­cial que lo abri­gues. Es acon­se-

ja­ble lle­var va­rias pre­nTas en su bol­sa al sa­lir Te ca­sa (guan­tes, go­rros, cal­ce­ti­nes), de mo­do que pue­das po­nér­se­las si es ne­ce­sa­rio.

Un pe­que­ño que ya se pa­ra de­be usar za­pa­tos im­permea­bles mien­tras ca­mi­ne al ex­te­rior. Pro­cu­ra que es­tos sean am­plios pa­ra que pue­da en­trar el ai­re, lo que le da­rá un ais­la­mien­to ex­tra.

En el au­to sá­ca­le el go­rro y la cha­que­ta pa­ra evi­tar el so­bre­ca­len­ta­mien­to. Si no pue­des ha­cer­lo, man­tén su in­te­rior fres­co.

Cuan­do ha­ya vien­to, usa una cre­ma sua­ve en la piel ex­pues­ta de tu hi­jo pa­ra evi­tar que es­ta se agrie­te.

No te preo­cu­pes si tu hi­jo tie­ne mo­cos cuan­do es­tán al ai­re li­bre y ha­ce frío. Los pe­que­ños ca­be­llos, que sue­len mo­ver las se­cre­cio­nes na­sa­les al fon­do de la na­riz en vez de sa­car­las, se pa­ra­li­zan tem­po­ral­men­te por las ba­jas temperaturas, por lo que una vez que en­tren, de­be­ría aca­bar­se el pro­ble­ma.

Den­tro de la ca­sa

Du­ran­te el in­vierno, la tem­pe­ra­tu­ra ideal del in­te­rior cuan­do se tie­nen ni­ños pe­que­ños de­be­ría es­tar en­tre los 20 y 22 gra­dos. Si es su­pe­rior a es­ta, el ai­re se­co pue­de se­car­le las mem­bra­nas mu­co­sas de la na­riz y ha­cer­las más vul­ne­ra­bles a los gér­me­nes, ade­más de se­car su piel y pro­vo­car­le pi­ca­zón. Ten en cuen­ta que se ne­ce­si­ta más abri­go du­ran­te la no­che cuan­do el me­ta­bo­lis­mo se re­du­ce, pe­ro no cai­gas en el error co­mún de abri­gar­lo ex­ce­si­va­men­te en la ca­ma: si se des­pier­ta trans­pi­ran­do, es un fiel re­fle­jo de es­to.

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