¿Los pe­rros hue­len el mie­do?

Muy Interesante (Chile) - - PREGUNTAS Y RESPUESTAS -

Mu­chos due­ños de pe­rros ase­gu­ran que sus pe­lu­dos ami­gos los en­tien­den me­jor que una per­so­na, y es muy po­si­ble. Ya sa­bía­mos que es­tos cá­ni­dos son ca­pa­ces, me­dian­te la vis­ta y el oí­do, de per­ci­bir sig­nos de emo­cio­nes hu­ma­nas. Aho­ra tam­bién co­no­ce­mos, a raíz de un nue­vo es­tu­dio, que pue­den oler­las: se­gún el au­tor de la in­ves­ti­ga­ción, Bia­gio D’Anie­llo, bió­lo­go de la Uni­ver­si­dad Fe­de­ri­co II de Ná­po­les, el pa­pel del apa­ra­to ol­fa­ti­vo se ha sub­es­ti­ma­do por­que nues­tra es­pe­cie de­di­ca más aten­ción a la vi­sión; sin em­bar­go, en el ca­so de los ca­nes es al con­tra­rio, pues su ol­fa­to es mu­cho me­jor que el nues­tro. En su ex­pe­ri­men­to, D’Anie­llo y sus co­le­gas re­co­gie­ron mues­tras de su­dor de di­ver­sos su­je­tos a los que pu­sie­ron vi­deos que les pro­vo­ca­ban mie­do, fe­li­ci­dad o una res­pues­ta neu­tra. Lue­go las die­ron a oler a va­rios pe­rros. El olis­quear el su­dor pro­ce­den­te de un su­je­to asus­ta­do los ha­cía sen­tir­se es­tre­sa­dos y au­men­ta­ba su fre­cuen­cia car­dia­ca; tam­bién re­que­rían más aten­ción y ca­ri­ño de sus due­ños y ten­dían a evi­tar el con­tac­to con ex­tra­ños.

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