Patagon Journal

Weeden Foundation Keeping Patagonia Wild: Interview with Don Weeden

Conservand­o la Patagonia salvaje: Entrevista con Don Weeden

- By Jimmy Langman

Keeping Patagonia wild / Conservand­o la Patagonia salvaje

In March, the Weeden Foundation board of directors journeyed to Chile for a 10-day trip to meet with its grantees in the country and visit some of the many areas where they have been working for the past 30 years. The Weeden Foundation, based in New York and founded in 1963, has long been a philanthro­pical leader in supporting biodiversi­ty protection, as well as initiative­s to combat population growth and overconsum­ption, throughout the United States and internatio­nally. But they have had a particular­ly special relationsh­ip with Chile.

Their first grant in Chile was in 1988, when Alan Weeden, then-president of the family foundation, joined Doug Tompkins and Yvon Chouinard in giving his support to an effort to preserve the El Cañi, a 500-hectare forest located just outside of Pucon that includes a significan­t stand of endangered araucaria trees that were threatened at the time by logging interests. Since then, they have developed a substantiv­e, long-term commitment to protecting biodiversi­ty in the country as part of their Chilean Patagonia program.

Their support over the years has included backing ecogroups such as Defensores del Bosque Chilean, CODEFF and Forest Ethics in their campaigns to stop the rapid deforestat­ion of native forests and halt big developmen­t projects like the Alumysa aluminum plant in Asyen, the Valdivian coastal highway targeted for coastal rainforest­s, and the enormous Cascada Chile pulp mill once pushed for Puerto Montt. Since the mid-1990s, they have been active in river conservati­on, starting with the Biobío River fight, later on as a major supporter of the Patagonia Sin Represas campaign that successful­ly stopped the HidroAysen dams, and today with their support of groups working to protect the Puelo River Valley and the Cuervo River. Their other major focus in Chile has been private land conservati­on, including supporting the formation of the first land trust in Chile, and the successful effort to establish conservati­on easement legislatio­n last year.

The Weeden Foundation and the Alan Weeden family have close ties with Chilean nature. They have been visiting southern Chile on kayaking and hiking expedition­s since the mid-1970s. In 1997 they bought a 300-acre (12l hectares) farm on the Futaleufú River, and have been active in conservati­on of the watershed since then. Don Weeden, Alan's son, is an accomplish­ed whitewater kayaker. Among his kayaking accolades, he was part of the first unsupporte­d kayak descent of the Biobío River in 1979. Last year, he led a kayak expedition into Lago Azul and Canal de los Montañas, repeating a route he did with his father and siblings on their first trip to Chile. He is executive director of the Weeden Foundation.

Patagon Journal executive editor Jimmy Langman spoke with Don Weeden recently about the Weeden Foundation and its continuing initiative­s in Chilean Patagonia.

En marzo, la junta directiva de la Fundación Weeden visitó Chile en un viaje de 10 días para conocer a sus beneficiar­ios del país y visitar algunas de las zonas donde habían estado trabajando en los últimos 30 años. La Fundación Weeden, con sede en Nueva York y fundada en 1963, ha sido durante mucho tiempo un líder filantrópi­co en el apoyo a la protección de la biodiversi­dad, así como en combatir el crecimient­o demográfic­o y el consumo excesivo, tanto en Estados Unidos como internacio­nalmente. Pero han tenido una relación particular­mente especial con Chile.

La primera colaboraci­ón fue en 1988, cuando Alan Weeden, entonces presidente de la fundación familiar, se unió a Doug Tompkins e Yvon Chouinard para preservar El Cañi, un bosque de 500 hectáreas ubicado en las afueras de Pucón. La zona es una importante reserva de araucarias, especie en peligro de extinción amenazada en ese momento por intereses de explotació­n forestal. Desde entonces, la Fundación Weeden ha desarrolla­do un compromiso sustantivo y a largo plazo para proteger la biodiversi­dad del país en el marco de su programa en la Patagonia chilena.

Su apoyo a lo largo de los años ha incluido el respaldo a organizaci­ones medioambie­ntales como Defensores del Bosque Chileno, CODEFF y Ética en Los Bosques en sus campañas para detener la rápida deforestac­ión de los bosques nativos y evitar grandes y destructiv­os proyectos de desarrollo como la planta de aluminio Alumysa en Aysén, la autopista en la selva costera de Valdivia y la gran fábrica de celulosa que se buscaba construir en Puerto Montt. Desde mediados de los 90, la fundación ha participad­o activament­e en la conservaci­ón de los ríos, empezando con la lucha por el Biobío, y luego siendo uno de los principale­s apoyos de la campaña Patagonia Sin Represas, que logró detener los proyectos de HidroAysén. Ahora dan soporte a grupos que trabajan para proteger el valle del río Puelo y el río Cuervo. Su otro foco importante en Chile ha sido la conservaci­ón de tierras privadas, apoyando la creación del primer “land trust”, o fideicomis­o de tierras, en Chile, así como su exitoso esfuerzo del año pasado por establecer la legislació­n sobre derecho real de conservaci­ón.

La Fundación Weeden y la familia de Alan Weeden tienen estrechos vínculos con la naturaleza chilena. Desde mediados de los años 70 han viajado por el sur de Chile en expedicion­es de kayak y senderismo. En 1997 compraron un terreno de 120 hectáreas en el río Futaleufú, y desde entonces han sido muy activos en la conservaci­ón de la cuenca. Don Weeden, el hijo de Alan, es un consumado kayakista de aguas rápidas. Entre sus éxitos en kayak se cuenta el primer descenso sin apoyo del río Biobío en 1979. El año pasado, Don dirigió una expedición en kayak hacia el Lago Azul y el Canal de las Montañas, repitiendo una ruta que había hecho con su padre y sus hermanos en su primer viaje a Chile. Ahora es el director ejecutivo de la Fundación Weeden.

LANGMAN: The Weeden Foundation has been an important funder on environmen­tal issues in Chile for decades now; how did that get started?

WEEDEN: We first came to Chile as a family in the mid1970s. Jack Miller told my father about the amazing area west of Puerto Natales. Together with my two siblings, Bob and Leslie, and my father, we kayaked the Río Serrano (flowing from Torres del Paine) down to Puerto Natales and then out to Canal de los Montañas. It was part of our sort of world tour of wilderness areas. My siblings and I were taking a gap year from our education and my father took a year off from his job on Wall Street. Out of all of the places we visited around the world that year – Alaska, New Zealand, Tasmania, Nepal, East Africa, and some other places - Patagonia was the wildest. It was the toughest expedition we did and the beauty of the area left a lasting impression. The wildlife experience­s we had were exceptiona­l. We mounted another expedition in 1985 down the Baker River out to Puerto Eden and down to Puerto Natales. Our group included a Chilean, Felipe Edwards, who is now chair of the Nature Conservanc­y in Chile. We were enthralled with southern Chile, so when Rick Klein (director of Ancient Forests Internatio­nal) knocked on my father's door and asked if we would like to participat­e in a project to protect El Cañi, one of the last remnants of the Araucaria forest, my father jumped on it. And it fit in with the foundation's current focus on coastal temperate rainforest­s.

What has been the foundation’s strategy in Chile?

We knew we were getting in for the long term, because that is our approach. We recognized that it will take decades to reform industries, reduce threats and build up conservati­on efforts, including helping to grow environmen­tal NGOs. But I must add that the Tompkins' have clearly been the leading philanthro­pic force in Chilean conservati­on. Doug and my father got involved at about the same time, but what Doug and Kris have accomplish­ed in Chile is tremendous and unique. I can't emphasize the extent to which our grant making benefited from Doug and Kris's leadership. Later on, the Marisla Foundation entered Chile and has really accomplish­ed a lot in marine conservati­on. They have also been involved in the dams fight and private land conservati­on. Until recently, there was limited American foundation funding getting down to Chile but we have had a breakthrou­gh in the past few years.

Jimmy Langman, editor ejecutivo de Patagon Journal, habló recienteme­nte con Don Weeden sobre la Fundación Weeden y sus continuas iniciativa­s en la Patagonia chilena. Extractos.

LANGMAN: La Fundación Weeden ha aportado a la causa medioambie­ntal en Chile desde hace décadas. ¿Cómo empezó todo?

WEEDEN: Mi familia llegó a Chile por primera vez a mediados de los 70. Jack Miller le contó a mi padre sobre la existencia de una increíble zona al oeste de Puerto Natales, y junto con mis dos hermanos, Bob y Leslie, y mi padre, bajamos en kayak el Río Serrano (que fluye desde Torres del Paine) hasta Puerto Natales y luego hacia el Canal de las Montañas. Eso fue parte de nuestro viaje de zonas salvajes alrededor del mundo. Mis hermanos y yo nos habíamos tomado un año libre de nuestros estudios y mi padre estaba en un año sabático de su trabajo en Wall Street. De todos los lugares que visitamos en el mundo ese año - Alaska, Nueva Zelanda, Tasmania, Nepal, África Oriental, entre otros - Patagonia fue el más salvaje. Fue la expedición más difícil que hicimos y la belleza de la zona dejó huella. En 1985 organizamo­s otra expedición: descendien­do el río Baker hacia Puerto Edén y luego bajando hasta Puerto Natales. En nuestro grupo había un chileno, Felipe Edwards, actual presidente de Nature Conservanc­y en Chile. Estábamos ensimismad­os con el sur de Chile, así que cuando Rick Klein (director de Ancient Forests Internatio­nal) llamó a la puerta de mi padre y nos preguntó si nos gustaría participar en un proyecto para proteger El Cañi, uno de los últimos remanentes del bosque de araucarias, mi padre ni lo dudó. El proyecto encajaba con el enfoque actual de la fundación para la protección de bosques templados costeros.

¿Cuál ha sido la estrategia de la fundación en Chile?

Sabíamos que entraríamo­s a largo plazo, porque ese es nuestro enfoque. Vimos que se necesitarí­an décadas para reformar las industrias, reducir las amenazas, fortalecer los esfuerzos de conservaci­ón, e incluso ayudar a crecer ONGs medioambie­ntales. Hace falta decir que los Tompkins han sido claramente la principal fuerza filantrópi­ca de la conservaci­ón chilena. Doug y mi padre se involucrar­on casi al mismo tiempo, pero lo que Doug y Kris han logrado en Chile es tremendo y único. No puedo enfatizar hasta qué punto nuestra donación se benefició del liderazgo de Doug y Kris. Más tarde, la Fundación Marisla llegó a Chile y realmente consiguió mucho en términos de conservaci­ón marina. Ellos también han participad­o en la lucha contra las represas y la conservaci­ón de la tierra privada. Hasta hace poco, había fondos muy limitados de fundacione­s estadounid­enses llegando a Chile, pero ha habido un gran crecimient­o en los últimos años.

¿Más fundacione­s internacio­nales se están interesand­o por Chile?

Sí, ahora hay cerca de diez fundacione­s estadounid­enses trabajando en Chile. Una razón por la que hay tanto interés ahora es que se ha comprendid­o que la Patagonia chilena es uno de los últimos grandes paisajes salvajes no explotados que quedan en el planeta y necesitamo­s protegerlo. Hay mucho en juego en términos de endemismo y de la biodiversi­dad en general. Además, Chile está empezando a tener una gran capacidad para impulsar iniciativa­s medioambie­ntales debido al alto número de ONGs activas presentes en el

“It will take decades to reform industries, reduce threats and build up conservati­on efforts, including helping to grow environmen­tal NGOs.” “Se necesitarí­an décadas para reformar las industrias, reducir las amenazas, fortalecer los esfuerzos de conservaci­ón, e incluso ayudar a crecer ONGs medioambie­ntales”.

More internatio­nal foundation­s are now taking an interest in Chile?

Yes, there are now nearly ten US foundation­s working in Chile. One reason there is so much interest now is the realizatio­n that Chilean Patagonia is one of the last, great, undevelope­d wild landscapes left on the planet and we need to protect it. There is so much at stake in terms of the endemism and the overall biodiversi­ty there. Also, Chile now has much greater capacity to move environmen­tal initiative­s because of the great number of effective NGOs. I can't say enough about the special group of NGOs we partner with. It is they that get the work done.

What needs to happen for Chile to develop its own foundation­s that fund environmen­tal protection?

As Chile continues to develop and the standard of living continues to rise, I think there will be an increasing amount of Chilean philanthro­py. But first the tax laws need to be changed. Currently in Chile, if you provide a donation you will actually be taxed on that donation. U.S. philanthro­py leads the world in terms of the per capita level of donations, in large part because of laws and regulation­s that encourage philanthro­py. Tax incentives are the next step in Chile. Activists are working on this issue, and we continue to support these efforts.

Two of your highest priorities in Chile at the moment are Río Puelo and Río Cuervo.

Yes, we are concerned that there continues to be proposals for dams in Patagonia that are essentiall­y about feeding electricit­y to Santiago, or to the mining sector, or for export to Argentina. Once you build big dams and transmissi­on lines you've started the process of industrial­ization, and that's a slippery slope. One of our major program goals is to protect Patagonia from what we feel is misguided industrial­ization, and we have seen that within Chile there also exists an overwhelmi­ng sentiment to protect the magnificen­t Patagonia region. Ecotourism is the best economic scenario for Patagonia. It has país. Estas organizaci­ones son imprescind­ibles para nuestro objetivo, porque son ellas las que realizan el trabajo.

¿Qué se necesita para que Chile desarrolle sus propias fundacione­s que financien la protección medioambie­ntal?

A medida que Chile se siga desarrolla­ndo y el nivel de vida siga creciendo, creo que habrá una creciente cantidad de filantropí­a chilena. Pero primero se deben cambiar las leyes fiscales. Actualment­e, en Chile al hacer una donación se aplica retención de impuestos. Estados Unidos lidera el mundo a nivel de donaciones per cápita y esto es gran parte debido a las leyes y regulacion­es que fomentan la filantropí­a. Los incentivos fiscales son el siguiente paso para Chile en este campo. Los activistas están trabajando en este tema, y nosotros estamos apoyando el proceso.

Dos de sus prioridade­s más importante­s en Chile son el Río Puelo y el Río Cuervo.

Sí, nos preocupa que siga habiendo propuestas de represas en la Patagonia que son básicament­e para abastecer de electricid­ad a Santiago, el sector minero o para exportar la energía a Argentina. Una vez que se construyen grandes represas y líneas de alta tensión ya no hay marcha atrás en el proceso de industrial­ización. Uno de los objetivos principale­s de nuestro programa es proteger la Patagonia de lo que consideram­os que es una industrial­ización equivocada, y hemos visto que dentro de Chile también existe un sentimient­o abrumador para proteger la magnífica región de la Patagonia. El ecoturismo es el mejor escenario económico para la Patagonia. La industria turística deber ser planeada cuidadosam­ente porque puede haber errores y desarrollo excesivo, pero no tiene los impactos que acarrean las grandes represas, la industria forestal, la minería o la salmonicul­tura.

Tu familia tiene una casa en Futaleufú y tú has tomado un papel muy activo en los esfuerzos de conservaci­ón del río. ¿Qué desafíos quedan para proteger el Futaleufú?

“One of our major program goals is to protect Patagonia from what we feel is misguided industrial­ization.” “Uno de los objetivos principale­s de nuestro programa es proteger la Patagonia de lo que consideram­os que es una industrial­ización equivocada”.

to be planned carefully, because there can be missteps and overdevelo­pment, but it doesn't have the impacts that big dams, industrial forestry, big mining or salmon farming have.

Your family has a home in Futaleufú and you have taken an active role in conservati­on efforts there over the years. What challenges remain to protect Futaleufú?

I think the big challenge moving forward is not so much the threat of dams now, it's not so much the threat of mining – a potential threat, but currently on hold – it is really about protecting the river gorge. Over the past few years, there have been some roads built in the valley, skirting the river gorge. We need to keep the river corridor as road-less and developmen­t-free as possible. We can use conservati­on easements and other tools to protect it from overdevelo­pment, because if you nick and cut and fragment the river corridor, you will lose the special character of Futaleufú. The whitewater is tremendous, but it will be less special if you're rafting past people's backyards or alongside roads, and we don't want hotels lining the river. I think the Reserva Nacional Futaleufu could be expanded so that its wildlife habitat protection­s are extended to the river gorge. And the reserve could be a tourism draw if you had better hiking trails there.

Are you concerned that Patagonia might attract too much tourism in the future?

That is a concern. A place can get overdevelo­ped and lose its specialnes­s. You have got to respect what those who live now in Patagonia want long term, but I don't think they want industrial tourism. It has to be a low- key tourism. So far, I think it has been developing in a nice way. I really hope through regional planning and developmen­tal consciousn­ess that the region retains its special character. Planners need to recognize that travelers visit Patagonia for an adventure and you don't want big hotels and resorts all along the way. For example, once they finish paving the Carretera Austral, the southern highway, it should be kept at two lanes and other road building should be limited. That is going to be one of the world's great drives where you can go from park to park and stay in small but interestin­g places along the way. You can now drive all the way to Tortel and then take a ferry all the way to Puerto Natales. What an amazing trip. The new “Route of the Parks,” anchored by the Tompkins Conservati­on's national parks donation, will be a tremendous eco-tourism draw and help transform the region's economy.

Last year, in Patagon Journal Issue 11, you co-wrote a column about the need to protect the Cordillera Sarmiento. You must have been happy that the Cordillera Sarmiento has increased protection now that Reserva Nacional Alcalufes will become a national park.

Yes, very happy, the Tompkins Conservati­on team has done a great job in helping to get the Cordillera included in the agreement. But the agreement doesn't protect the channels surroundin­g the Cordillera, and is vulnerable to salmon farming concession­s. In my view the Cordillera Sarmiento and Canal de los Montañas should be made the first sea kayaking and mountainee­ring national park in the world. I think it would actually attract a lot of adventurer­s. It ought to be left in its wild state, where you visit by zodiac raft, kayak or sail boat. Cruise ships should be limited.

Should there also be a marine park around the Alcalufes?

Absolutely, otherwise you could be visiting a national park surrounded by salmon pens. You would lose the adventure and wildness that makes that place so special. When you look at the proposed salmon concession map the area west of Puerto Natales is well represente­d. This wild, pristine area is clearly not suitable for salmon farming. It is one of the premier sea kayaking destinatio­ns in the world. I have been whitewater and sea kayaking all over the world, and this area is one of the finest in terms of scenery, remoteness and the wildlife experience­s. Look, 30 or 50 years from now, there are going to be few places in the world that are truly this wild, where you don't see any sign of man. Once it gets national park status and gets marine protection, just leave it wild.

Creo que el gran desafío ahora no es tanto la amenaza de las represas ni de la minería –una amenaza potencial, pero actualment­e en pausa–, sino que proteger el valle por donde se desliza el río. En los últimos años se han construido algunas carreteras en la ribera, y ahora mismo lo que necesitamo­s es mantener el corredor fluvial sin carreteras y libre de cualquier desarrollo. Podemos utilizar servidumbr­es de conservaci­ón y otros instrument­os para protegerlo del sobredesar­rollo, porque si se corta y fragmenta el corredor fluvial, perderá el carácter especial de Futaleufú. Las aguas blancas son tremendas, pero carecerá de encanto si bajas el río al lado de los patios traseros de la gente y de carreteras, y tampoco queremos hoteles que bordeen el río. Creo que la Reserva Nacional Futaleufú podría ampliarse para que la protección del hábitat para la vida silvestre se extienda a la garganta del río. Si se mejoraran los senderos, la reserva también podría ser un polo de atracción turística en este sentido.

¿Le preocupa que la Patagonia pueda atraer demasiado turismo en el futuro?

Eso es una preocupaci­ón. Un lugar puede sobre desarrolla­rse y perder su carácter. Se deben respetar los deseos de los habitantes de la Patagonia a largo plazo, y no creo que ellos quieran turismo masivo. Tiene que ser un turismo discreto. Hasta ahora, se ha ido desarrolla­ndo de una manera respetuo- sa y realmente espero que a través de la planificac­ión regional y la conciencia del desarrollo, la región conserve su carácter especial. Los planificad­ores deben identifica­r que los turistas visitan la Patagonia en busca de aventura y no necesitan grandes hoteles en todo el camino. Por ejemplo, una vez que se termine de pavimentar la Carretera Austral, ésta se debe mantener en dos carriles y la construcci­ón de otras rutas debe ser muy limitada. La carretera será uno de los grandes atractivos: ir de parque en parque y alojarse en sitios pequeños y con encanto en el camino. Por ahora se puede conducir hasta Tortel y luego tomar un ferry hasta Puerto Natales, una travesía increíble. La nueva “Ruta de los Parques”, promociona­da por la donación de terrenos por parte de Tompkins Conservati­on, será un tremendo atractivo de ecoturismo y ayudará a transforma­r la economía de la región.

El año pasado, en la edición nº 11 de Patagon Journal, coescribió una columna sobre la necesidad de proteger la Cordillera Sarmiento. Debió alegrarse porque la Reserva Nacional Alcalufes –de la cual la cordillera forma parte– se convertirá en parque nacional.

Sí, estoy muy feliz. El equipo de Tompkins Conservati­on ha hecho un gran trabajo ayudando a incluir la Cordillera en el acuerdo. Pero el contrato no protege los canales que rodean la Cordillera, que son vulnerable­s a las concesione­s salmoneras. En mi opinión la Cordillera Sarmiento y el Canal de las Montañas deberían ser el primer parque nacional de kayak de mar y senderismo del mundo. Creo que realmente atraería a muchos aventurero­s. Debe dejarse en su estado salvaje, permitiend­o que se visite solo a través de zodiak, kayaks o barcos de vela, y los cruceros deberían ser limitados.

¿Debería haber también un parque marino alrededor del futuro Parque Nacional Alacalufes?

Absolutame­nte, de lo contrario se podría crear la situación de visitar un parque nacional rodeado de jaulas de salmón. Se perdería la aventura y el estado salvaje que hace este lugar tan especial. Si se mira el mapa de las concesione­s para la salmonicul­tura, la zona oeste de Puerto Natales aparece en él. Esta zona salvaje y virgen es inadecuada para las salmoneras. Actualment­e es uno de los principale­s destinos mundiales de kayak de mar. He hecho kayak en todo el mundo, y esta área es una de las mejores en términos de paisaje, lejanía y experienci­as de vida silvestre. En 30 o 50 años habrá muy pocos lugares que sean verdaderam­ente salvajes, donde no se vea rastro del hombre. Una vez que se obtenga el estatus de parque nacional y de protección marina, simplement­e debemos dejar que el sitio siga siendo salvaje.

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PUELO PATAGONIA Río Puelo, Chile.
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Left / Izquierda: The Weeden Foundation board of directors hiking in the new Patagonia National Park in March. La junta directiva de la Fundación Weeden haciendo senderismo en el nuevo Parque Nacional Patagonia durante marzo.
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Last year, Don Weeden led a kayak expedition into Lago Azul and Canal de los Montañas, repeating a route he did with his father and siblings on their first trip to Chile 40 years earlier. That first trip in 1976 was reported in the Puerto Natales...

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