Lorenza Iz­zo y su eta­pa “heavy”

In­mer­sa en el mun­do de Holly­wood, la ta­len­to­sa ac­triz no se de­ja des­lum­brar por los bri­llos de la fa­ma. Or­gu­llo­sa de lo que ha lo­gra­do, cree que en es­ta ca­rre­ra to­dos los días son una nue­va ba­ta­lla. “Es efí­me­ro, vie­ne y va, las lu­ces se pren­den y se apa­ga

Publimetro Chile - - PORTADA - JA­VIE­RA GARCIA www.nue­va­mu­jer.com Lee la en­tre­vis­ta com­ple­ta en: www.nue­va­mu­jer.com

Es una de las chi­le­nas más exi­to­sas del ci­ne in­ter­na­cio­nal en es­te mo­men­to. Lorenza Iz­zo es par­te del elen­co de “On­ce Upon a Ti­me”, la úl­ti­ma pe­lí­cu­la de Quen­tin Ta­ran­tino, en la que com­par­tió es­ce­nas con dos le­yen­das de la in­dus­tria, Leonardo Di­Ca­prio y Brad Pitt. To­do un lo­gro pa­ra la joven de 30 años ra­di­ca­da en Los An­ge­les, Ca­li­for­nia. En el fil­me, in­ter­pre­ta a Francesca Ca­puc­ci, una ac­triz ita­lia­na a la que le en­can­ta dis­fru­tar, muy his­trió­ni­ca, una di­va de la dé­ca­da de los 60, que apor­ta una cuo­ta de hu­mor en el fi­nal de la his­to­ria.

Sin du­da, es­ta ex­pe­rien­cia re­pre­sen­ta un gran sal­to en su ca­rre­ra co­mo ac­triz. “Creo que cuan­do lle­gué a Los An­ge­les te­nía una men­ta­li­dad muy dis­tin­ta. Hoy no mi­ro mi ca­rre­ra con me­tas con­cre­tas, sino que es­toy abier­ta y dis­pues­ta a es­tas opor­tu­ni­da­des que de re­pen­te lle­gan y hay que apro­ve­char­las a fon­do”, di­ce.

Hija de la des­ta­ca­da mo­de­lo Ro­si­ta Par­sons, Iz­zo ha mar­ca­do su pro­pio ca­mino. Pro­ve­nien­te de una fa­mi­lia ma­triar­cal, pa­ra ella, el sím­bo­lo de lo fe­me­nino es muy po­ten­te.

Tras más de sie­te años vi­vien­do en una de las ciu­da­des lí­de­res en gran­des pro­duc­cio­nes de ci­ne y te­le­vi­sión, ya en­con­tró su nú­cleo de apo­yo, pe­ro ase­gu­ra que al prin­ci­pio le cos­tó. “Es una ciu­dad di­fí­cil, por­que es muy gran­de. Es muy fá­cil ais­lar­se y te­ner tu pro­pio mun­do”, ex­pli­ca. Ade­más, en 2018 se se­pa­ró del di­rec­tor de ci­ne Eli Roth, con quien se ha­bía ca­sa­do en 2014. “Ar­mar una vida con una pa­re­ja, que no fun­cio­ne y te­ner que to­mar la de­ci­sión de se­pa­rar­se es muy du­ro”, con­fie­sa.

¿Có­mo vi­vis­te el pro­ce­so?

-Se­pa­rar­se de al­guien es muy di­fí­cil, es­tés ca­sa­da o no. Me sien­to muy afor­tu­na­da de ha­ber te­ni­do una pa­re­ja con la cual pu­di­mos te­ner una se­pa­ra­ción, den­tro de to­do, bas­tan­te amis­to­sa. Por ese la­do, fue muy bueno y, por otro, una se sien­te muy so­la, pe­ro esos mo­men­tos te ha­cen cre­cer y ar­mar­te un cuero de chan­cho, co­mo tam­bién, te­ner una vul­ne­ra­bi­li­dad y una em­pa­tía más gran­de.

Ade­más, en lo la­bo­ral te es­ta­ba yen­do muy bien…

-Sí, por suer­te, es­tu­ve muy ocu­pa­da. Me lle­gó una ola, no sé en qué mi­nu­to. Tie­ne que ver con el he­cho de que, cuan­do uno to­ma una de­ci­sión por una mis­ma, es­pe­cial­men­te, sien­do mujer, ocu­rre al­go muy sen­sa­to, muy fuer­te. Co­men­cé a to­mar de­ci­sio­nes más por mí mis­ma y eso me hi­zo es­tar más co­nec­ta­da al mun­do, a la gen­te y a la ener­gía al­re­de­dor mío.

¿Có­mo des­cri­bes tu ex­pe­rien­cia con Quen­tin Ta­ran­tino?

-A él lo des­cri­bo co­mo si tu­vie­se ocho y 150 años a la vez, por­que tie­ne un co­no­ci­mien­to y una cultura de pe­lí­cu­las, de his­to­ria, de te­le­vi­sión y de mú­si­ca, real­men­te im­pac­tan­te. Es un hombre muy sa­bio que se ha en­car­ga­do de edu­car­se. Es una per­so­na muy en­ri­que­ce­do­ra en el sen­ti­do de acom­pa­ñar­te en el set. Se emo­cio­na mu­cho cuan­do le gusta una to­ma tu­ya, se em­ba­la y gri­ta. In­clu­so, te da un espacio pa­ra im­pro­vi­sar. Pa­ra mí era un sue­ño tra­ba­jar con él y su­peró mis ex­pec­ta­ti­vas.

Actuar con Leonardo Di­Ca­prio y Brad Pitt debe ser muy in­ti­mi­dan­te...

-Tra­ba­jar con Quen­tin Ta­ran­tino es muy in­ti­mi­dan­te, y si a esa fórmula le agre­gas a Leonardo Di­Ca­prio y Brad Pitt, in­creí­ble. Me acuer­do que el pri­mer día es­ta­ba mu­rién­do­me de ner­vios en el au­to. Apar­te ha­bía mu­chos pa­pa­raz­zis cuan­do lle­gué al set. Ahí vi de le­jos a Leonardo Di­Ca­prio y a Brad Pitt, y en es­to, se acer­có Quen­tin, me abra­zó y me di­jo “va a es­tar to­do bien”. Se se­pa­ró, me di vuel­ta y es­ta­ba Brad Pitt, que me di­jo “ho­la, soy Brad”, y yo co­mo “ho­la, soy Lorenza” (se ríe ner­vio­sa). Ese sa­lu­do me re­la­jó tan­to que me en­tre­gué a la si­tua­ción y fue muy lin­do.

¿Te sien­tes sa­tis­fe­cha con lo que has lo­gra­do has­ta aho­ra?

-No sé si mi­ro mi ca­rre­ra a tra­vés de los éxi­tos con­cre­tos en cuan­to a pe­lí­cu­las. Me sien­to muy or­gu­llo­sa de lo que he lo­gra­do en cre­ci­mien­to per­so­nal y co­mo ac­triz, por­que sien­to que es una ca­rre­ra en la que uno nun­ca de­ja de cre­cer. Mi­do mi éxito a tra­vés de cuán­to apren­dí en ca­da pe­lí­cu­la y qué tan abier­ta y dis­pues­ta es­tu­ve. Sien­do mujer, he he­cho el trabajo per­so­nal de dar­me mé­ri­tos cuan­do los me­rez­co, de re­fle­xio­nar en cuan­to a lo que he he­cho. En­ton­ces, la res­pues­ta fá­cil a la pre­gun­ta es sí, me sien­to sa­tis­fe­cha; pe­ro no es una co­sa que ya lo­gré una me­ta y aho­ra se aca­ba. Ya no me pon­go me­tas. No me pier­do en los bri­llos y en el gla­mour, y en to­do eso que al fi­nal del día va y vie­ne. Creo, fiel­men­te, que mien­tras más crez­co co­mo per­so­na, mejor ac­triz soy.

Te lo pre­gun­to por­que cuan­do uno va a cum­plir 30, a ve­ces, ha­ce una pa­ra­da a re­fle­xio­nar…

-¡Sí! To­tal­men­te. La dé­ca­da de los 20 fue muy di­fí­cil. Me tra­té tan mal, pe­ro aho­ra me tra­to mejor, me quie­ro más, sa­qué a per­so­nas de mi vida. De to­das ma­ne­ras, es­toy en un pro­ce­so bien heavy, de re­plan­tear­me mu­chas co­sas. Me es­toy re­en­con­tran­do con­mi­go mis­ma y me emo­cio­na har­to cum­plir 30. En­ve­je­cer me da mu­cho gus­to, por­que sien­to que ca­da vez puedo en­con­trar más tran­qui­li­dad. No di­go que la co­sa se pon­ga más fá­cil. Es­toy mi­ran­do pa­ra atrás y vien­do có­mo quie­ro se­guir ade­lan­te.

¿Qué te ha lla­ma­do la aten­ción del mun­do holly­woo­den­se?

-Hay una dua­li­dad muy fuer­te. Las fies­tas, las fotos, las es­tre­llas y to­do ese mun­di­llo es ne­ce­sa­rio, es par­te de la pe­ga. Sin em­bar­go, tam­bién hay al­go muy lin­do: es­tan­do en la tur­bi­na de lo que es Holly­wood y en es­ta red car­pet gi­gan­te, que es tan po­co real y efí­me­ra, he en­con­tra­do per­so­nas que es­tán ahí por el ar­te, por lo que les gusta, por esa co­sa que los lla­mó a es­ta ca­rre­ra ri­dí­cu­la y muy lo­ca que es actuar. Eso ha si­do muy sor­pren­den­te y muy lin­do de Holly­wood. Tam­bién la fuer­za que tie­nen dis­tin­tas per­so­nas de la in­dus­tria por cam­biar cier­tas co­sas.

¿Es di­fí­cil es­tar tan ex­pues­ta?

-Por más que no quie­ras ser fa­mo­sa, es par­te de la pe­ga. Ten­go mu­chas ba­ta­llas in­ter­nas con eso, me cues­tan mu­cho las re­des y los even­tos, a pe­sar de que sue­nan sú­per co­ol y en­tre­te­ni­dos, y lo son. Es muy fá­cil per­der­se en eso que no tie­ne mu­cho sen­ti­do. Al fi­nal del día, ha­go es­to por­que cuan­do es­toy en el set, sien­to la adre­na­li­na más lin­da del mun­do. Pa­ra mí, actuar, cuan­do es­toy me­ti­da y me pier­do en mi per­so­na­je, es to­do.

Decías que eras muy cer­ca­na con tu ma­má. ¿Qué apren­di­za­jes res­ca­tas de ella?

Mu­chos. El co­ra­je, la fuer­za y la re­si­lien­cia de mi ma­dre es úni­ca. Me emo­ciono mu­cho ha­blan­do de es­to. Hay muy po­cas per­so­nas que tie­nen la fortaleza que tie­ne mi ma­má, y eso lo lle­vo con­mi­go siem­pre. Cuan­do las co­sas se ponen muy di­fí­ci­les acá, pien­so en mi ma­má y di­go “ya, per­fec­to, yo puedo ha­cer­lo”.

Es­tá la va­ra muy al­ta…

Sí, pe­ro tam­bién me he da­do cuen­ta de que so­mos muy dis­tin­tas y to­das te­ne­mos dis­tin­tas for­ta­le­zas. Una em­pie­za a en­con­trar­se a sí mis­ma y que­rer­se más. A tra­vés de es­ta en­tre­vis­ta, si pu­die­ra de­cir­le al­go a al­guien, oja­lá a una mujer o a una ni­ñi­ta, a mí me ha­bría gus­ta­do que me di­je­ran que, al fi­nal, la úni­ca per­so­na que pue­des ser es tú mis­ma. To­do el res­to es­tá to­ma­do, en­ton­ces, pa­sar­se la vida com­pa­rán­do­se y mi­ran­do pa­ra el la­do, no tie­ne nin­gún sen­ti­do. Es mu­cho más rico en­con­trar­se y que­rer­se tal cual es uno, con lo que sea. Al fi­nal del día, la vida es una.

|JO­NAT­HAN ZA­MO­RA

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