Una ex­plo­sión de emo­cio­nes

Ser Padres (Chile) - - 3-4 AÑOS -

Una de las ra­zo­nes por las que los ni­ños son tan brus­cos a es­tas eda­des es por­que en ellos se da una mez­cla ex­plo­si­va de:

Cu­rio­si­dad. La con­quis­ta de su au­to­no­mía no ha he­cho más que em­pe­zar. Sa­ber­se due­ños de sus ac­tos y sus es­pa­cios es un mo­tor pa­ra que­rer to­car­lo to­do, ca­mi­nar por to­das par­tes, pro­bar nue­vas for­mas y ma­ne­ras de aga­rrar im­pul­si­vi­dad. Su desa­rro­llo mo­tor no ha ter­mi­na­do to­da­vía. Aun­que pue­den co­rrer, sal­tar y ma­ni­pu­lar ob­je­tos con mu­cha des­tre­za, en si­tua­cio­nes de ten­sión o emo­ción no son ca­pa­ces de me­dir su fuer­za y los de­seos e ideas (“¡Yaaaaa, que se mue­va la fi­la, di­les que se apu­reeeeeeeeeeen!” gri­tan de­ses­pe­ra­dos pa­ra en­trar al ci­ne) se con­vier­ten en ac­cio­nes (le dan un em­pu­jón a la per­so­na que es­tá ade­lan­te) con fa­ci­li­dad y po­co con­trol, con las con­si­guien­tes con­se­cuen­cias.

Pa­sión. A los ni­ños de es­tas eda­des no se les tra­ta co­mo gua­guas, pe­ro tam­po­co se les exi­ge lo que a los ma­yo­res, así que pue­den dis­fru­tar de las ven­ta­jas de lo uno y de lo otro. Es­to con­tri­bu­ye a que ten­gan una vi­sión del mun­do bas­tan­te po­si­ti­va y que to­do lo que les ro­dea sea apa­sio­nan­te a sus ojos y sen­tir.

Tor­pe­za. En un cuer­po que cre­ce por mi­nu­tos es com­pli­ca­do ir in­te­gran­do el au­men­to de di­men­sio­nes, fuer­za y ca­pa­ci­dad sin que ha­ya al­gún des­tro­zo por el camino. Pa­ra los pe­que­ños, un es­ti­rón de­be ir acom­pa­ña­do de un cam­bio de men­ta­li­dad que le per­mi­ta ha­bi­tar su nue­vo cuer­po, co­mo si de un nue­vo au­to (más po­ten­te y ve­loz) se tra­ta­se. Áni­mo en es­ta ta­rea, ¡aun­que es na­da de fá­cil!

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