Sa­lir de va­ca­cio­nes con tu be­bé es po­si­ble si to­mas al­gu­nas me­di­das ne­ce­sa­rias para que se sien­ta có­mo­do. Si has ele­gi­do el mar co­mo primer des­tino, con los si­guien­tes con­se­jos, to­da la fa­mi­lia dis­fru­ta­rá al má­xi­mo.

Ser Padres (Chile) - - DESDE LA CUNA -

ué emo­ción! Por fin sal­drás de va­ca­cio­nes con tu pe­que­ño. Su primer via­je se­rá to­da una ex­pe­rien­cia y, por tan­to, hay que pla­near con tiem­po las co­sas que ten­drás que lle­var en la ma­le­ta y to­mar en cuen­ta di­ver­sos fac­to­res para los cui­da­dos que re­quie­re. En un des­tino de pla­ya, los be­bés ne­ce­si­tan mu­chas aten­cio­nes, so­bre to­do los re­cién na­ci­dos: «Aun­que a los ni­ños más gran­des les en­can­ta ir de va­ca­cio­nes al mar, lo más acon­se­ja­ble es que se evi­te lle­var a los be­bés du­ran­te su primer año de vi­da. De he­cho, lo ideal se­ría es­pe­rar más tiem­po an­tes del con­tac­to con es­te en­torno, pues los pe­que­ñi­tos no pue­den ex­po­ner­se di­rec­ta­men­te al sol has­ta los tres años y es tam­bién a esa edad cuan­do ape­nas pue­den co­men­zar a usar fil­tros so­la­res pe­diá­tri­cos. Tam­bién hay que con­si­de­rar que las co­rrien­tes de ai­re pue­den pro­vo­car­les do­lor de oí­dos, o bien, que en­tre are­na en sus ojos», ex­pli­ca la doc­to­ra Alvarado. Aun así, un be­bé pe­que­ño pue­de dis­fru­tar del mur­mu­llo de las olas y del ai­re pu­ro si se tie­ne cui­da­do; es de­cir, es­tan­do siem­pre a la som­bra, con ro­pa ade­cua­da y bien hi­dra­ta­do. La es­pe­cia­lis­ta re­cal­ca que hay que tener especial aten­ción cuan­do se es­tá a la som­bra, pues el sim­ple re­fle­jo del sol pue­de que­mar la de­li­ca­da piel de los be­bés. En cual­quier ca­so, pue­des lo­grar unas va­ca­cio­nes de en­sue­ño si to­mas las si­guien­tes con­si­de­ra­cio­nes.

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