Es un clá­si­co: mu­chos ni­ños llo­ran en la puer­ta del jar­dín in­fan­til. ¿Tan mal la pa­san?

Ser Padres (Chile) - - ASÍ CRECE -

No to­dos los pe­que­ños vi­ven la guar­de­ría de la mis­ma ma­ne­ra. Al­gu­nos asi­mi­lan su vi­da en «el co­le­gio» sin ma­yor pro­ble­ma y a otros les cues­ta más. Son va­rias las cau­sas que ha­cen que el pro­ce­so sea a ve­ces di­fí­cil: des­de un tem­pe­ra­men­to muy sen­si­ble a los cam­bios has­ta la re­vo­lu­ción que su­po­ne pa­sar de ser el rey de la ca­sa a te­ner que com­par­tir con otros vein­te ni­ños la aten­ción de una pro­fe­so­ra. In­clu­so hay ve­ces que el pro­ble­ma es­tá en los pa­dres: les cues­ta «sol­tar» a su hi­jo.

Las cri­sis son inevi­ta­bles en la vi­da, tan­to en la de los ni­ños co­mo en la nues­tra. Es bueno y ne­ce­sa­rio es­tar pen­dien­tes de lo que les ocu­rre a los hi­jos, pe­ro tie­nen de­re­cho a que les per­mi­ta­mos pa­sar y su­pe­rar sus pro­pias cri­sis: es in­dis­pen­sa­ble pa­ra cre­cer, ma­du­rar y for­ta­le­cer­se. Pa­ra al­gu­nos es un tran­ce di­fí­cil pe­ro po­si­ti­vo. Sin em­bar­go, si los pa­dres no­tan que el ni­ño es­tá real­men­te mal y la si­tua­ción se pro­lon­ga, no hay ma­yor in­con­ve­nien­te en que la es­co­la­ri­za­ción se re­tra­se unos me­ses o in­clu­so uno o dos años. Pe­ro es im­por­tan­te di­fe­ren­ciar los ma­les­ta­res nor­ma­les, pa­sa­je­ros y su­pe­ra­bles de aque­llos más se­rios que su­gie­re in­ves­ti­gar el pro­ble­ma o de­jar la guar­de­ría pa­ra más ade­lan­te. Te ayu­da­mos a dis­tin­guir­los.

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