“Mi cuer­po no me obe­de­ce”

Ser Padres (Chile) - - 2 AÑOS -

Es un ni­ño fuer­te, no­ble y tran­qui­lo. Se mue­ve con bas­tan­te pru­den­cia y le gus­ta to­mar­se su tiem­po pa­ra ex­plo­rar y des­cu­brir lo que hay a su al­re­de­dor. Sin em­bar­go, pe­se al cui­da­do que po­ne, pa­sa por en­ci­ma de los ju­gue­tes aplas­tán­do­los (y se ha­ce da­ño en los pies o se tro­pie­za), cho­ca con­tra las pa­re­des o se da un buen gol­pe en la ca­be­za al in­ten­tar sa­lir de al­gún rin­cón se­cre­to.

La coor­di­na­ción y el con­trol cor­po­ral que San­ti ne­ce­si­ta pa­ra evi­tar los ac­ci­den­tes los ad­qui­ri­rá, por suer­te o por des­gra­cia, con la prác­ti­ca dia­ria, pues lo que ocu­rre en al­gu­nos ni­ños es que por su ma­yor ta­ma­ño o por­que to­da­vía no con­tro­lan bien el es­pa­cio que los ro­dea, pa­re­cen es­pe­cial­men­te lla­ma­dos a vi­vir pegados a una cu­ri­ta o una bol­sa de hie­lo. Ejer­ci­cios de per­cep­ción (ce­rrar los ojos y se­ña­lar dón­de es­tán los ojos, la ba­rri­ga, las ro­di­llas) y de ex­pre­sión cor­po­ral (bai­lar, por ejem­plo) les ayu­dan a evi­tar al­gu­nos chi­cho­nes y ras­gu­ños.

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