CA­SOS PER­DI­DOS

¡Ni in­ten­tar­lo! To­mar­los pue­de traer a la vi­da de tu fa­mi­lia al­gu­nos cuan­tos

Ser Padres (Chile) - - SER ABUELOS -

1. De­ci­dir con­flic­tos.lo que el ni­ño de­be ha­cer.

2.Ha­cer­te car­go de sus gas­tos.

3. To­mar su edu­ca­ción co­mo tu obli­ga­ción.

4.Y otros en los que tu rol no es la un abue­lo, sino la de pa­pá.

No po­de­mos ol­vi­dar que tus nie­tos son hi­jos de tus hi­jos, ellos son los pa­dres y la au­to­ri­dad, la obli­ga­ción y res­pon­sa­bi­li­dad de­be es­tar en ellos. Hay una má­xi­ma pa­ra es­tos ca­sos: or­den con­tra or­den es igual a des­or­den. Pa­ra anu­lar­la, es me­jor dia­lo­gar y con­sen­suar cual­quier de­ci­sión en­tre quie­nes cui­dan al ni­ño. Por ello, evi­ta con­tra­de­cir a su pa­pás fren­te a él y cuan­do pla­ti­quen acer­ca del ni­ño, há­gan­lo sin que es­té pre­sen­te. Él so­lo de­be en­te­rar­se de la de­ci­sión fi­nal.

Paty Osuna ex­pli­ca que “a los abue­los se les di­fi­cul­ta res­pe­tar la au­to­ri­dad de los pa­dres por­que de cier­ta ma­ne­ra es con­tra­na­tu­ra: si el abue­lo es la au­to­ri­dad del pa­pá o de la ma­má, evi­den­te­men­te no es fá­cil que obe­dez­ca a su hi­jo con re­la­ción al nie­to. No pue­den re­co­no­cer la au­to­ri­dad de los pa­dres”. Por ello, caen en la si­tua­ción de ac­tuar co­mo sus abo­ga­dos, pues de cier­ta ma­ne­ra in­ten­tan im­po­ner su au­to­ri­dad: “Dé­ja­lo que co­ma lo que quie­re, no lo re­ga­ñes, yo te lo com­pro, hi­ji­to…”.

Pa­ra eva­dir es­tas si­tua­cio­nes que traen ma­les­tar tan­to a abue­los co­mo a pa­dres y que, al fi­nal, crean con­fu­sión al pe­que­ño por­que no sa­be bien a bien quién es la fi­gu­ra de au­to­ri­dad en su ca­sa, lo re­co­men­da­ble es que los abue­los con­ser­ven y de­fien­dan su rol fren­te al nie­to: el de abue­los. Es­to les per­mi­ti­rá crear un víncu­lo sano con el ni­ño y con sus hi­jos.

“Lo sano es que los abue­los cuen­ten con su­fi­cien­te tiempo pa­ra vin­cu­lar­se con sus nie­tos, que no se les so­bre­car­gue con obli­ga­cio­nes y res­pon­sa­bi­li­da­des que no les co­rres­pon­de: no es ta­rea del abue­lo vi­gi­lar que ha­ga las ta­reas, co­rre­gir­lo en la dis­ci­pli­na to­dos los días; even­tual­mem­te se va­le, pe­ro co­mo apo­yo”, con­clu­ye la ex­per­ta.

El secreto pa­ra ga­nar es­te ca­so: Po­ner lí­mi­tes a tus hi­jos.

• Te cui­do a tu hi­jo has­ta tal ho­ra.

• Los fi­nes de se­ma­na ten­go ac­ti­vi­da­des, no pue­do cui­dar­lo.

• Yo no voy a ir a las jun­tas de la es­cue­la.

• A los fes­ti­va­les de­ben ir us­te­des, su pa­pá y ma­má.

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