LOS PRI­ME­ROS AÑOS, SON LA CLA­VE EN SU PER­SO­NA­LI­DAD

Ser Padres (Chile) - - ¿CÓMO ES TU HIJO? -

La for­ma co­mo tu be­bé se­rá hoy y en un fu­tu­ro (cuan­do adul­to) de­pen­de mu­cho del am­bien­te en el que crez­ca, tan­to del fa­mi­liar co­mo del que ha crea­do con ami­gos. To­das aque­llas co­sas que ro­dean a un ni­ño ejer­cen una in­fluen­cia y con­tri­bu­yen a for­mar su per­so­na­li­dad. Su ce­re­bro es­tá aún desa­rro­llán­do­se (en reali­dad no de­ja­rá de ha­cer­lo has­ta los 21 años) y los es­tí­mu­los pro­ce­den­tes del me­dio mo­di­fi­ca­rán su sis­te­ma ner­vio­so.

Así, de los pa­dres y fa­mi­lia­res re­ci­be sus pri­me­ras in­fluen­cias, que lue­go irán in­clu­yen­do las de sus com­pa­ñe­ros de cla­se, pro­fe­so­res, gru­po de ami­gos, pa­re­jas... Pe­ro, aun­que to­das ellas apor­tan su gra­ni­to de are­na, se­gún los es­pe­cia­lis­tas, las que tie­nen una im­por­tan­cia es­pe­cial son las que se re­ci­ben en­tre los ce­ro y los cin­co años de edad.

“La for­ma en que los pa­pás y los pro­fe­so­res abor­dan su pa­pel co­mo fi­gu­ras afec­ti­vas ge­ne­ra que el ni­ño se sien­ta y se per­ci­ba más o me­nos que­ri­do y acep­ta­do, más o me­nos ca­paz y que va­lo­re el bien y el mal de una u otra for­ma”, ex­pli­ca Ro­sa Sa­las, di­rec­to­ra del Ins­ti­tu­to de Cien­cias de la Edu­ca­ción de la Uni­ver­si­dad Pon­ti­fi­cia Co­mi­llas, Es­pa­ña.

De he­cho, el ejem­plo que re­ci­be de quie­nes lo ro­dean es fun­da­men­tal para la for­ma­ción de la per­so­na­li­dad del ni­ño. A tra­vés del ejem­plo, de for­ma in­cons­cien­te, le das pau­tas y mo­de­los a tu hi­jo. Es muy im­por­tan­te que ese ejem­plo sea po­si­ti­vo y equi­li­bra­do des­de la afec­ti­vi­dad.

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