Ani­ma­les pre­cio­sos

El rey de la mon­ta­ña

China Today (Spanish) - - CHINA HOY ÍNDICE - Por JIANG FUMEI*

El Pant­he­ra ti­gris amo­yen­sis, tam­bién co­no­ci­do co­mo el ti­gre del sur de Chi­na, fue des­cu­bier­to por un na­tu­ra­lis­ta es­ta­dou­ni­den­se a fi­na­les del si­glo XIX en la is­la de Xia­men, por lo que le de­no­mi­nó “ti­gre de Xia­men”. En 1905, el zoó­lo­go ale­mán Max Hilz­hei­mer ana­li­zó 5 crá­neos pro­ve­nien­tes de la ciu­dad de Han­kou y lle­gó a la con­clu­sión de que el ti­gre del sur de Chi­na era una sub­es­pe­cie de ti­gre. El ti­gre es uno de los sím­bo­los de la cul­tu­ra tra­di­cio­nal chi­na. Las es­ta­tuas de es­te ani­mal más an­ti­guas del país da­tan de ha­ce 7000 años. Más aún, el se­llo de ti­gre es con­si­de­ra­do co­mo sím­bo­lo de po­der.

El ti­gre del sur de Chi­na, tam­bién lla­ma­do “ti­gre de Chi­na”, es una de las diez es­pe­cies más ame­na­za­das en el país, por lo que ha si­do in­clui­do en el pri­mer ni­vel de la lis­ta de ani­ma­les pro­te­gi­dos. Asi­mis­mo, en 1981 fue con­si­de­ra­do en el apén­di­ce I de la Con­ven­ción so­bre el Co­mer­cio Internacional de Es­pe­cies Ame­na­za­das de Fau­na y Flo­ra Sil­ves­tres (CITES, por sus si­glas en in­glés) fir­ma­da en Was­hing­ton. En 2012 fue ca­ta­lo­ga­do en la Lis­ta Ro­ja de Es­pe­cies Ame­na­za­das de la Unión Internacional pa­ra la Con­ser­va­ción de la Na­tu­ra­le­za (UICN).

Há­bi­tos y ca­rac­te­rís­ti­cas

El ti­gre del sur de Chi­na ha­bi­ta prin­ci­pal­men­te en las sel­vas tro­pi­ca­les y las lau­ri­sil­vas del sur del país. An­te­rior­men­te vi­vía en las mon­ta­ñas me­ri­dio­na­les de la pe­nín­su­la de Shan­dong y, so­bre to­do, en las pro­vin­cias de Hu­nan, Guang­dong, Jiang­xi y Fu­jian. Sus hue­llas tam­bién han si­do des­cu­bier­tas en las pro­vin­cias chi­nas de Shaan­xi, Si­chuan, He­nan, Hu­bei y Zhe­jiang.

El ti­gre del sur de Chi­na tie­ne la ca­be­za re­don­da, las ore­jas cor­tas, las ex­tre­mi­da­des ro­bus­tas y fuer­tes, y la co­la lar­ga. Las ra­yas que aso­man en su ca­be­za se pa­re­cen al ca­rác­ter wang ( ) . Su pe­lo es os­cu­ro y den­so, el de su pe­cho y ab­do­men es de co­lor mar­fil y el de su cuer­po, anaran­ja­do. Tie­ne man­chas ne­gras, cor­tas y es­tre­chas, y la dis­tan­cia en­tre ca­da una de ellas es más lar­ga que la del ti­gre de Ben­ga­la y la del ti­gre si­be­riano. Mu­chos ti­gres tie­nen man­chas en for­ma de rom­bo a am­bos la­dos de su cuer­po. Las al­moha­di­llas en sus pa­tas le ayu­dan a acer­car­se en si­len­cio a su pre­sa.

De to­das las sub­es­pe­cies de ti­gre, el ti­gre del sur de Chi­na es el se­gun­do más pe­que­ño en cuan­to al ta­ma­ño de cuer­po. Un ma­cho ma­du­ro mi­de al­re­de­dor de 2,5 me­tros des­de su ca­be­za has­ta su co­la, y pe­sa cer­ca de 150 kg. Una hem­bra mi­de 2,3 me­tros de lar­go y pe­sa ca­si 110 kg.

El ti­gre del sur de Chi­na no tie­ne ni­dos ni há­bi­tat fi­jos. Pre­fie­re vi­vir so­lo. Un ejem­plar ma­du­ro tie­ne mu­cha fuer­za. Con sus pe­zu­ñas y pun­tia­gu­dos dien­tes, su desa­rro­lla­do ol­fa­to, sus ági­les mo­vi­mien­tos y sus ha­bi­li­da­des acuá­ti­cas, pue­de ca­zar por sí so­lo a gran­des ani­ma­les.

La ma­yo­ría de los ti­gres del sur de Chi­na son ac­ti­vos de no­che y des­can­san de día. Les gus­ta pa­sear por los sen­de­ros de las mon­ta­ñas y de­jar hue­llas con sus pe­zu­ñas. De he­cho, ori­nan en ta­les hue­llas y de­fe­can en los lu­ga­res más ele­va­dos. Es una de las ma­ne­ras de de­cla­rar su do­mi­nio. Cuan­do un ti­gre ocu­pa un si­tio, otras es­pe­cies car­ní­vo­ras de gran ta­ma­ño op­tan por re­ti­rar­se. Fue así co­mo el ti­gre del sur de Chi­na se con­vir­tió en “el rey de la mon­ta­ña”.

Es­ta sub­es­pe­cie se ali­men­ta de un­gu­la­dos co­mo el ja­ba­lí, el cier­vo, el cor­zo, la ca­bra, en­tre otros. Se aga­za­pa an­tes de em­pren­der el ata­que des­de atrás de su pre­sa. Cuan­do le fal­ta el ali­men­to, ata­ca tam­bién a la gen­te o a su ga­na­do. El ti­gre tie­ne una ru­ta fi­ja pa­ra la ca­za, la cual rea­li­za en un área de en­tre 100 y 200 km2.

La le­yen­da di­ce que el ti­gre del sur de Chi­na sue­le asen­tar­se en lu­ga­res fron­do­sos. Cuan­do se tien­de o re­vuel­ca en el pas­to, mu­chas hier­bas se quie­bran.

Re­pro­duc­ción y pro­tec­ción

Los ti­gres del sur de Chi­na se apa­rean to­do el año. Sin em­bar­go, la hem­bra ge­ne­ral­men­te en­tra en ce­lo en pri­ma­ve­ra. Un ti­gre pue­de vi­vir en­tre 20 y 25 años. A los dos años al­can­za la ma­du­rez se­xual. Una hem­bra en ce­lo pro­du­ce ru­gi­dos pa­ra atraer al ma­cho, con quien co­pu­la mu­chas ve­ces al día. Lue­go el ma­cho la de­ja y la hem­bra se que­da so­la pa­ra pa­rir y criar a los ca­cho­rros. La ges­ta­ción du­ra unos 100 días, y en un so­lo par­to pue­de en­gen­drar en­tre 2 y 4 crías. An­tes de pa­rir, la hem­bra bus­ca re­fu­gio en lu­ga­res ele­va­dos e inac­ce­si­bles, don­de se cu­bre con ma­le­za o ro­cas pa­ra así pro­te­ger­se de la llu­via y otros pe­li­gros.

El pe­lo del ca­cho­rro se tor­na­rá de ama­ri­llo gri­sá­ceo a ama­ri­llo pá­li­do, mien­tras sus man­chas se vol­ve­rán más os­cu­ras. La hem­bra ama­man­ta a sus crías re­gu­lar­men­te y les da len­güe­ta­das tam­bién con fre­cuen­cia. El ca­cho­rro em­pe­za­rá a abrir los ojos a las 2 se­ma­nas y sal­drá del re­fu­gio des­pués de cum­plir un mes. Du­ran­te la crian­za, la hem­bra no aban­do­na su asen­ta­mien­to pa­ra bus­car co­mi­da. So­lo se lan­za al ata­que si per­ci­be al­gu­na in­va­sión. Una vez que se sien­ta real­men­te ame­na­za­da, se des­pla­za­rá con sus ca­cho­rros a un lu­gar más se­gu­ro.

La cría se deste­ta y apren­de a ca­zar des­pués de cum­plir los seis me­ses. Cuan­do tie­ne un año y me­dio o dos años, su pe­so al­can­za en­tre los 40 y 50 kg, lo cual sig­ni­fi­ca que ha lle­ga­do a su ma­du­rez. La hem­bra y sus crías se di­vi­di­rán nue­va­men­te el te­rri­to­rio.

Co­mo el ti­gre del sur de Chi­na vi­ve so­lo, se han en­con­tra­do po­cos re­gis­tros his­tó­ri­cos so­bre sus ac­ti­vi­da­des. Sin em­bar­go, a me­dia­dos del si­glo XIX se sus­ci­ta­ron nu­me­ro­sos ata­ques de ti­gres. En aquel en­ton­ces, la po­bla­ción chi­na au­men­tó en gran me­di­da y trans­for­mó bos­ques y mon­ta­ñas en cam­pos agrí­co­las. Al ver­se sin há­bi­tat, los ti­gres em­pe­za­ron a in­va­dir al­deas pa­ra bus­car ali­men­to, lo cual ge­ne­ró un mo­vi­mien­to na­cio­nal que que­ría aca­bar con ellos. En po­cos años, el nú­me­ro de ti­gres ca­za­dos au­men­tó en mi­les. En 1979, cuan­do el Go­bierno chino prohi­bió su ca­za in­dis­cri­mi­na­da, ya ca­si no se ha­lla­ba hue­lla al­gu­na del ti­gre del sur de Chi­na.

Una in­ves­ti­ga­ción cien­tí­fi­ca en la dé­ca­da de 1990 es­ti­mó que so­lo so­bre­vi­vían en­tre 20 y 30 ti­gres del sur de Chi­na en es­ta­do sal­va­je. Hoy día es ca­si im­po­si­ble en­con­trar al­gún ejem­plar en esa con­di­ción. Los 200 ti­gres del sur de Chi­na que se en­cuen­tran ac­tual­men­te en cau­ti­ve­rio des­cien­den de los 6 ejem­pla­res cap­tu­ra­dos en la dé­ca­da de 1950.

El país po­see 4 re­ser­vas de ti­gres del sur de Chi­na en las pro­vin­cias de Jiang­xi, Guang­dong, Hu­nan y Fu­jian. Des­de el es­ta­ble­ci­mien­to de la re­ser­va de Fu­jian en 1998, los tra­ba­ja­do­res han ayu­da­do a criar más de 20 ti­gres y han es­ta­ble­ci­do un área en don­de son li­be­ra­dos. Con el tiem­po, se es­pe­ra que es­ta es­pe­cie pre­cio­sa vuel­va a las mon­ta­ñas.

Una in­ves­ti­ga­ción cien­tí­fi­ca en la dé­ca­da de 1990 es­ti­mó que so­lo so­bre­vi­vían en­tre 20 y 30 ti­gres del sur de Chi­na en es­ta­do sal­va­je. Hoy día es ca­si im­po­si­ble en­con­trar al­gún ejem­plar en esa con­di­ción.

Ti­gres del sur de Chi­na.

Fotos de Cnsp­ho­to

Ca­cho­rro del ti­gre del sur de Chi­na.

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