Cán­cer

ADN Bogota - - LA VIDA - So­fía Gó­mez G Has­ta la pró­xi­ma.

Ha­ce al­gu­nas se­ma­nas me pi­die­ron que de­di­ca­ra es­te es­pa­cio pa­ra ha­blar del cán­cer de ma­ma, pues se con­me­mo­ra­ba el día de la lu­cha con­tra ese mal. No su­pe qué es­cri­bir.

Me que­dé pen­san­do no so­la­men­te en el cán­cer de ma­ma, en el cán­cer en ge­ne­ral. Esa te­rri­ble en­fer­me­dad que no res­pe­ta edad, con­di­ción so­cial, se­xo ni ra­za. No co­noz­co a una fa­mi­lia que no ha­ya si­do to­ca­da por es­te fla­ge­lo. Tam­bién pen­sé en quie­nes lo vencieron.

Mi pa­dre fue so­bre­vi­vien­te y víc­ti­ma: por más de tres dé­ca­das se pa­seó por la vi­da co­mo un guerrero que su­peró el cán­cer. Se le lle­vó una pier­na, pe­ro se sal­vó. Sin em­bar­go, co­mo en una suer­te de venganza, la en­fer­me­dad re­gre­só, ata­có su co­lon y seis años más tar­de mi­nó su cuer­po. Yo me que­do con su ima­gen va­lien­te y amo­ro­sa, con la cual re­nom­bro las vi­ven­cias crue­les. Us­te­des sa­ben de qué ha­blo.

Cán­cer. En una épo­ca me cos­ta­ba has­ta pro­nun­ciar esa pa­la­bra. Aho­ra, más bien fi­jo mi aten­ción en quie­nes ce­le­bran la vi­da, los que han ven­ci­do el mal. Los ben­di­go y aplau­do su va­len­tía. Ha­brá mu­chos atra­ve­san­do esas aguas os­cu­ras en es­te mo­men­to, pa­ra ellos y sus fa­mi­lias mi ora­ción y sen­ti­da ad­mi­ra­ción.

La cien­cia si­gue avan­zan­do pa­ra en­ten­der me­jor la en­fer­me­dad e in­ten­tar erra­di­car­la y los que te­ne­mos al­gu­na creen­cia es­pi­ri­tual (en Dios y la Vir­gen, en mi ca­so) nos afe­rra­mos a la fe. Mien­tras, el cán­cer ha­ce de las su­yas: unos 32 mi­llo­nes de per­so­nas pa­de­cen al­gún ti­po de la en­fer­me­dad y se cal­cu­la que 8 mi­llo­nes mue­ren al año, víc­ti­mas del mal. Es un te­ma muy agri­dul­ce.

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