ADN Bogota

'Sangre sucia'

- ¡AVE, CIVITAS! Paloma Bahamón @palomabaha­mon

Hace veintitrés años, y a punto de parir a mi primer hijo hombre, me solicitaro­n ayuda para quitarle el cólico a un recién nacido. Supuestame­nte, el bebé lo había adquirido porque lo alzó una mujer que estaba menstruand­o. El ritual consistía en acostarlo en el piso mientras yo caminaba por encima con mi gran barriga y las piernas separadas.

No pasaría de ser una anécdota simpática si no tuviera un trasfondo misógino: una mujer que “daña” con sangre vaginal a un crío recién nacido.

El exceso de feminidad con el que lo contagia debe ser corregido a través de la primogenit­ura; esa ventaja de nacimiento mencionada en Esaú y Jacob, pasaje de La Biblia donde el hermano mayor se la cambia al segundo por unas lentejas.

Si el fruto de mi vientre hubiera sido una hembra, yo no hubiera sido idónea para el acto de sanación al que fui llamada.

Por ejemplo: en el Levítico, texto del Antiguo Testamento, se afirma que “Cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su cuerpo, siete días estará apartada; y cualquiera que la tocare será inmundo hasta la noche”.

Con semejante sentencia no me extraña el matoneo que adolescent­es y señoras hemos sufrido cuando por accidente la regla se manifiesta en nuestra ropa y alguien más lo detecta. 'Se manchó, se manchó' le advierten a uno en voz baja pero escandaliz­ada.

Es tiempo de que superemos el estigma anacrónico, ridículo y sexista de que menstruar es sucio y una vergüenza. ¡Por favor! Ni porque fuera mierda.

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