Dic­ker, por trono de no­ve­la

LI­TE­RA­TU­RA EN­TRE­VIS­TA CON ES­CRI­TOR RE­VE­LA­CIÓN DE LA NO­VE­LA.

ADN Cali - - PORTADA - Ju­lián Ramírez Castro

Char­la con el es­cri­tor sui­zo

● Dos co­sas son sor­pren­den­tes en la ca­rre­ra li­te­ra­ria de Joël Dic­ker: sus 32 años y su fór­mu­la del mis­te­rio pa­ra con­tar his­to­rias de lar­go alien­to. Las obras de es­te es­cri­tor sui­zo aun­que no son cor­tas, sí muy adic­ti­vas.

Su más re­cien­te obra: ‘ La des­apa­ri­ción de Step­ha­nie Mai­ler’, cuen­ta la his­to­ria de una pe­rio­dis­ta que in­da­ga por un múltiple ase­si­na­to co­me­ti­do ha­ce más de 20 años, en Orp­hea, re­gión de los Ham­ptons, Es­ta­dos Uni­dos. Dic­ker ha­bló de es­te tex­to.

¿Qué en­con­tra­re­mos?

Es­te li­bro cuen­ta la his­to­ria de un ca­so que tie­ne lu­gar en 1994 y a la vez en el 2004, es­to por­que la pe­rio­dis­ta Step­ha­nie Mai­ler de­ci­de in­ves­ti­gar un ca­so que ya es­ta­ba re­suel­to pa­ra mu­chos, en es­pe­cial pa­ra dos de­tec­ti­ves de Nue­va York, quie­nes se en­te­ran de es­tos cues­tio­na­mien­tos el día en que re­ci­ben un ho­me­na­je por par­te de su ser­vi­cio a la Po­li­cía, la pe­rio­dis­ta afir­ma que ellos se equi­vo­ca­ron de cul­pa­ble y que ella tie­ne las prue­bas cla­ves pa­ra re­sol­ver es­tos ase­si­na­tos. Ella des­apa­re­ce an­tes de pu­bli­car es­to y ahí co­mien­za to­do. Es una no­ve­la so­bre la re­pa­ra­ción y la re­la­ción en­tre las per­so­nas.

¿Po­dría cla­si­fi­car­lo?

Siem­pre se­rá di­fí­cil de ha­cer­lo, pa­ra mí es di­fí­cil de­cir que es un th­ri­ller o una no­ve­la po­li­cial, por­que no res­pon­de a todos los cri­te­rios de una no­ve­la po­li­cia­ca. Por ejem­plo, hay un nú­me­ro inusual de per­so­na­jes que en­trar en es­ta his­to­ria. Pa­ra otros es una no­ve­la ne­gra, pe­ro en reali­dad es­ta obra no res­pe­ta todos los re­qui­si­tos de un re­la­to po­li­cial.

¿Por qué es­te li­bro pre­sen­ta tan­tos per­so­na­jes?

Ese es mi gus­to y los gus­tos son di­fí­ci­les de jus­ti­fi­car, pe­ro es­to se dio sim-

ple­men­te por gus­to e in­te­rés en la his­to­ria. Yo real­men­te es­cri­bo por pla­cer per­so­nal, evi­den­te­men­te es muy es­ti­mu­lan­te y me ha­ce muy fe­liz sa­ber que es­ta his­to­ria es­tá en ca­si to­do el mun­do y ha si­do tra­du­ci­da a mu­chos idio­mas. Pe­ro es­to se dio so­bre la mar­cha, con cer­ca de 14 ho­ras de es­cri­tu­ra por día y tres años de­di­ca­dos a es­to y por gus­to vie­ne ca­da uno de los per­so­na­jes que yo des­cri­bo en el li­bro. Pa­ra mí es muy im­por­tan­te cons­truir ca­da per­so­na­je de ma­ne­ra de­ta­lla­da,

ca­si que me vuel­vo ese per­so­na­je du­ran­te es­te pro­ce­so.

Ha­ble­mos un po­co más de los dos de­tec­ti­ves que son cen­tra­les en es­ta his­to­ria: Rosemberg y Scott

Es­tos dos per­so­na­jes ilus­tran la idea de la re­pa­ra­ción, am­bos es­tán pre­sen­tes des­pués de lo que ocu­rre en 1994 y los ele­men­tos que con­du­cen a res­pon­der el ca­so.

Ellos es­tán mar­ca­dos por lo que su­ce­dió y es­to ocu­rre en el mo­men­to en que se vi­da es­tá so­lu­cio­na- da, en­tre paréntesis. A lo lar­go de 20 años ellos han vi­vi­do en la cul­pa­bi­li­dad. Es­tos per­so­na­jes ex­pre­san muy bien la idea de re­pa­rar­se a sí mis­mo. Ellos han he­cho co­sas de las que se arre­pien­ten, pe­ro fue­ron he­chas.

¿Por qué sus tres his­to­rias han ocu­rri­do en la cos­ta es­te de Es­ta­dos Uni­dos?

Por­que es un en­torno que co­noz­co muy bien. Un lu­gar en don­de pa­sé mu­chas ve­ces mis va­ca­cio­nes y pue­do ha­blar con cre­di­bi­li­dad. Pe­ro al mis­mo tiem­po ten­go una dis­tan­cia que me per­mi­te con­tar lo que de­seo y creo que no me pa­sa­ría el mis­mo ejer­ci­cio si cuen­to es­tas his­to­rias, por ejem­plo, en Gi­ne­bra don­de yo vi­vo.

¿Có­mo es su pro­ce­so de es­cri­tu­ra de un li­bro?

Sin plan, yo no pien­so des­de el prin­ci­pio que todos va a dar­se de cier­ta ma­ne­ra o de otra ma­ne­ra. Tam­po­co ten­go un ca­tá­lo­go de per­so­na­jes en los que es­co­jo se­gún la ne­ce­si­dad. Yo em­pie­zo a es­cri­bir y la his­to­ria mis­ma me em­pie­za a guiar.

Eso to­ma mu­cho tiem­po, pe­ro es el pun­to de par­ti­da de la no­ve­la. Yo es­cri­bo pa­ra con­tar­me una his­to­ria, por te­ner ese pla­cer, co­mo lo ha­ce un ni­ño. Aun­que tam­bién creo que lo que es­ti­mu­la la his­to­ria es la reac­ción, qué voy sin­tien­do en la me­di­da en que voy es­cri­bien­do. A ve­ces mie­do, a ve­ces pla­cer. Un li­bro em­pie­za por el pla­cer de con­tar­me una his­to­ria.

CAR­LOS OR­TE­GA / ADN

El es­cri­tor sui­zo, Joël Dic­ker, pre­sen­tó su más re­cien­te obra La des­apa­ri­ción de Step­ha­nie Mai­ler.

Es­ta es la por­ta­da del li­bro.

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