Vi­da en el ca­ñón del Chi­ca­mo­cha

ALLÍ SE VI­VE EN­TRE ABIS­MOS, TE­RRE­MO­TOS Y EL OL­VI­DO.

ADN Cali - - PORTADA - M. ALE­JAN­DRA RO­DRÍ­GUEZ

Co­mo es­tar en me­dio de la na­da. Así se sien­te ver por la ventana de la in­men­sa y blan­ca ca­sa de los Bár­ce­nas Aya­la, in­crus­ta­da en el fi­lo de una de las mon­ta­ñas ama­ri­llas del ca­ñón del Chi­ca­mo­cha.

La pa­re­ja de es­po­sos lle­va más de 45 años vi­vien­do en la ve­re­da La Pe­ña, en don­de pa­re­cie­ra que el tiem­po no trans­cu­rre.

La ca­sa cu­bier­ta por la blan­ca nie­bla en la ma­ña­na, ha­ce pa­re­cer que to­da su es­truc­tu­ra flo­ta­ra en­tre las nu­bes, pe­ro con el pa­so de las ho­ras un sol in­cle­men­te apa­re­ce y de­ja ver a tra­vés de la ventana, al fi­nal de un abis­mo de más de mil me­tros, el río Chi­ca­mo­cha, que co­rre co­mo hi­lo de plata por en­tre las pie­dras.

Es­te her­mo­so y agres­te ca­ñón, con­ver­ti­do en un gran atrac­ti­vo tu­rís­ti­co, en­tre los mu­ni­ci­pios de Ara­to­ca y Pie­de­cues­ta (San­tan­der), es el se­gun­do más gran­de del mun­do con más de 108.000 hec­tá­reas y 2.000 me­tros de pro­fun­di­dad, su­peran­do así al ca­ñón del Co­lo­ra­do (Es­ta­dos Uni­dos).

“Hi­lo de plata en no­che de lu­na lle­na en la cor­di­lle­ra”, es­to quie­re de­cir Chi­ca­mo­cha en la len­gua de la cul­tu­ra Gua­ne, una tri­bu in­dí­ge­na que ha­bi­tó ha­ce mi­les de años en es­te im­po­nen­te y ex­traor­di­na­rio lu­gar.

La mu­la ha si­do lo más cer­cano a un trans­por­te que ha­ya lle­ga­do has­ta la vi­vien­da. Así de­ben lle­var des­de la le­ña que uti­li­zan pa­ra ha­cer sus ali­men­tos has­ta la gran pol­tro­na que es­tá en el pa­si­llo de su am­plia ca­sa de ar­qui­tec­tu­ra co­lo­nial, he­cha en ta­pia pi­sa­da y lar­gos pa­si­llos.

Pa­ra lle­gar has­ta la ve­re­da La Pe­ña hay dos op­cio­nes. Por el mu­ni­ci­pio de Los San­tos, que es­tá a unos dos ki­ló­me­tros en­tre subidas y ba­ja­das, o por el mu­ni­ci­pio de Jordán Sube, a unos cin­co ki­ló­me­tros. Des­de allí se de­be ca­mi­nar más de dos ho­ras por un em­pi­na­do ca­mino, cu­yo tra­yec­to pue­de du­rar unas dos ho­ras más que por Los San­tos.

Los ha­bi­tan­tes de la ve­re­da op­tan por ha­cer el ca­mino más cor­to, des­de el

El del Chi­ca­mo­cha es más gran­de que el ca­ñón del Co­lo­ra­do (Es­ta­dos Uni­dos) y es el se­gun­do más gran­de del mun­do.abis­mos hay una ve­re­da de­te­ni­da en el tiem­po, La Pe­ña, y una de­ce­na de fa­mi­lias vi­ven allí.

Cuan­do llue­ve fuer­te la gre­da se vuel­ve un ba­rri­zal que ha­ce que las mu­las se que­den en­te­rra­das.

Tan so­lo cua­tro me­tros se­pa­ra la ca­sa de los Bár­ce­na­sA­ya­la del abis­mo del Ca­ñón.

Los po­lí­ti­cos so­lo se pe­gan la ca­mi­na­ta cuaen cam­pa­ña, lue­go no vuel­ven.

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