Mi pri­me­ra vez...

Alo (Colombia) - - Columnistas -

Ho­la a to­das mis va­lien­tes y ma­ra­vi­llo­sas Mu­je­res ALÓ. Qué buen plan leer­nos co­mo siem­pre en #Vi­tal­men­teCo­nCa­roC­ruz, un es­pa­cio so­lo pa­ra no­so­tras. En es­ta oca­sión ha­bla­re­mos de mi pri­me­ra vez... pe­ro no sean mal­pen­sa­das, por fa­vor; so­lo quie­ro con­tar­les mi de­but en dis­tin­tas si­tua­cio­nes de mi vi­da.

Re­cuer­do muy bien que la pri­me­ra vez que me subí a un avión –si la me­mo­ria no me fa­lla– fue con des­tino a Me­de­llín. La idea era vi­si­tar a la fa­mi­lia de mi ma­má y pa­sar unas va­ca­cio­nes con mis pri­mos. Mu­chas ve­ces a mi her­mano y a mí nos man­da­ban a que­dar­nos una par­te de las ‘va­cas’ con nues­tros se­res que­ri­dos y mis pa­pás lle­ga­ban después, pues te­nían mu­cho tra­ba­jo.

La pri­me­ra vez que sa­lí del país te­nía 19 años y fue a Es­ta­dos Uni­dos. So­ña­ba con co­no­cer Dis­ney, a Mic­key Mou­se y to­dos sus ami­gos. Un via­je so­ña­do que em­pe­cé a pla­ni­fi­car a los 17, cuan­do hi­ce mis pi­ni­tos en el mo­de­la­je. Es­ta ex­pe­rien­cia me la pa­gué yo so­li­ta y la dis­fru­té al má­xi­mo. Re­cuer­do que lle­vé va­rios dó­la­res y me rin­die­ron de una ma­ne­ra in­creí­ble; com­pré de to­do...

Mi pri­mer amor lo tu­ve a los 14 años y de­bo acep­tar­lo, me arre­pien­to de no ha­ber dis­fru­ta­do más mi ado­les­cen­cia y de no ha­ber vi­vi­do más pi­la­tu­nas pro­pias de esa eta­pa, mo­men­tos con ami­gos, etc. Así que ese pri­mer amor no fue tan ché­ve­re ni es­pe­cial, pues él era un ni­ño –igual que yo–, que lo úni­co que que­ría era pa­sar­la bien y –us­te­des sa­ben– uno de mu­jer siem­pre pien­sa en al­go más.

Des­de el co­le­gio siem­pre fui una mu­jer muy tra­ba­ja­do­ra, nun­ca me gus­tó pe­dir­les pla­ta a mis pa­pás, por lo que em­pe­cé a ven­der sán­du­ches de atún, ga­lle­tas, brow­nies, de to­do... A los 17 años em­pe­cé a mo­de­lar y me pa­ga­ban 50.000 pe­sos por des­fi­le. Abrí mi cuen­ta y co­men­cé a aho­rrar; a los 19 me com­pré mi pri­mer ca­rro de se­gun­da y fue uno de los días más fe­li­ces de mi vi­da.

Mi pri­me­ra mas­co­ta fue

‘la Chi­qui’, que lle­gó a mi vi­da cuan­do te­nía 14 años. Mu­rió ha­ce 10 y ha si­do una de las pe­nas más gran­des de mi vi­da. Fue una pér­di­da que me per­mi­tió re­fle­xio­nar so­bre el ver­da­de­ro amor, ese que es in­con­di­cio­nal.

To­das he­mos te­ni­do una pri­me­ra vez. Así que te in­vi­to a re­cor­dar tu pri­mer amor, be­so, via­je en avión, tra­ba­jo... To­ma es­tos mo­men­tos co­mo ex­pe­rien­cias que, aun­que no to­das sean po­si­ti­vas, te han per­mi­ti­do cre­cer, apren­der y for­ta­le­cer tu co­ra­zón. De­sem­pol­var esa ‘pri­me­ra vez’ siem­pre se­rá un mo­ti­vo pa­ra agra­de­cer.

¡Las quie­ro mu­cho!

en­se-↰ 1. Mi mas­co­ta 'Chi­qui' me ñó el amor in­con­di­cio­nal.2. Ir a Dis­ney fue cum­plir unsue­ño de mi in­fan­cia.

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