NUES­TROS CO­LUM­NIS­TAS

PON­CHO REN­TE­RÍA

Alo (Colombia) - - Contenido -

No de­je los agui­nal­dos en su ca­rro, se los pue­den ro­bar por­que hay mu­chos ‘ma­nes’ que apro­ve­chan su des­cui­do".

Ese es el coc­tel na­vi­de­ño

Si un ha­bi­lí­si­mo car­te­ris­ta le ro­ba su pri­ma na­vi­de­ña, es su cul­pa; no la guar- dó en­tre el bra­sier. El pi­llo que la em­pu­jó en el cen­tro co­mer­cial y le sa­có la car­te­ra ya com­pró gi­ne­bra azul y gran pin­ta na­vi- de­ña con su pla­ta y con el res­to com­pra­rá per­fu­mes. Esa es la par­te amar­ga de es­ta épo­ca, el es­tar ‘mon­dao’ o sin bi­lle­te, o que te ro­ben, que es la amar­ga no­ti­cia. “¡Po­li­cía, po­li­cía, me ro­ba­ron!” es un gri­to re­pe­ti­do. ¿De­jó su ca­rro con re­ga­los y le que­bra­ron el vi­drio? ¡Se lo bus­có por in­ge­nua! PUN- TO. Pe­ro di­ciem­bre trae de­li­cias pa­ra el pa- la­dar en tor­tas, por ejem­plo, las Cas­ca­bel son mis fa­vo­ri­tas. Nun­ca es­tor­ba una tor- ta en una ca­sa, así el se­ñor sea dia­bé­ti­co. La hu­ma­ni­dad ama lo dul­ce y con cho­co- la­te. Pi­las, mi lec­to­ra de ALÓ, no su­fra por agui­nal­dos, re­ga­le una tor­ta o una ve­la­do- ra de ri­co olor y co­lo­rín co­lo­rao. ALÓ, 30 años pa­ra las mu­je­res Aquí , a us­te­des, en 769 edi­cio­nes les he­mos da­do ex­ten­sos in­for­mes so­bre mo­da, be­lle­za, cos­mé­ti­cas, va­ca­cio­nes, di­vor­cios, re­ga­los, fies­tas, bo­das y na­vi­da­des. Por eso, du­ran­te 30 años, ALÓ se ha ga­na­do una in­men­sa fran­ja de lec­to­ras en ae­ro- puer­tos, cien mil pe­lu­que­rías, 45.000 con- sul­to­rios y si­tios de va­ca­cio­nes. Muy or­gu- llo­sos es­tán en EL TIEM­PO Ca­sa Edi­to­rial de te­ner la Re­vis­ta ALÓ. ¡Bra­vo, una re­vis­ta

con

30 años! Y con la gran­dio- sa Shakira en por­ta­da, ella que re­ga­ló a Ba­rran­qui­lla un co­le- gio po­pu­lar de cin­co mil mi­llo- nes. ¡Bra­vo, Shakira!

¿Qué le re­ga- lo a mi con­cu­ña­da?

Co­mo a ese agui­nal­do le tie­ne pe­re­za, re­gá­le­le una tor­ta de na­ran­ja y que­da di­vi­na­men­te. Pi­las, no re­ga­le agui­nal­do a su je­fe; le de­vuel­ve una son­ri­sa in- sí­pi­da. PUNTO. Re­pi­to lo que he gri­ta­do du­ran­te 32 años des­de mi co­lum­na en El TIEM­PO: Lo feo del di­ciem­bre es que unos se­ño­ro­nes ri­ca­cho­nes aman mos­trar­les a los po­bres que son adi­ne­ra­dos y les chi­ca­nean con su au­to lu­jo­so, su re­loj es- pe­cial de cien mi­llo­nes, sus pi- ña­tas y sus fies­tas rui­do­sas con ma­ria­chis. PUNTO. Lo feo de la Na­vi­dad es que la su­fren los ni- ños po­bres por­que la te­le­vi­sión de los al­ma­ce­nes les mues- tra tu­rro­nes, que­sos y ja­mo­nes que di­fí­cil­men­te pro­ba­rán.

Da­río Var­gas Li­na­res

Lan­zó su li­bro de cuen­tos

Seis im­po­si­bles, al que le gas- tó ocho años. Lo ini­ció co­mo guion pa­ra una pe­lí­cu­la, pe­ro acep­tó que no su­pe­raría a Fe- lli­ni y lo aban­do­nó. Da­río se le mi­dió al pú­bli­co, a las cá­ma­ras te­le­vi­si- vas, a fo­tó­gra­fos y emisoras pa­ra es­te li­bro. Ba­jo el arru­llo de su no­via-es­po- sa, Ma­ría Jo­sé Cas­ta­ño Dá­vi­la, rom­pió su mo­des­tia y en Bo­go­tá y su Ba­rran­qui­lla lan­zó su li­bro. ¿Seis amo­res, seis nie­tos o seis go­les fa­lli­dos? Lo pre­sen­tó en La Cue­va, con ta­qui­lla ale­gre, mu­chos no- ta­bles, le­tra­dos, ca­ma­ja­nes, mag­na­tes y 37 mu­je­res. Da­río vi­ve en­tre Car­ta­ge­na, Me­de­llín y Bo­go­tá. Es un ex­cén­tri­co: va- ca­cio­na en Viet­nam, en To­kio y aho­ra va pa­ra Su­rá­fri­ca. Ase­sor del cu­ru­bi­to in­dus- trial, gran golfista, fut­bo­le­ro, lec­tor de Tom Wol­fe y el me­jor ma­ri­do de Su­ra­mé- ri­ca se­gún sus amigos Juan Pa­blo Ca­bal, Ri­car­do Ávi­la, Ra­fael Pardo, Mau­ri­cio Var- gas y el Pi­be Val­de­rra­ma. PUNTO.

Jua­ni­ta Mar­tí­nez Baha­món

Un go­la­zo el de la ta­len­to­sa pin­to­ra: ex- po­ner en Nue­va York, cer­ca al Moma, al Roc­ke­fe­ller Cen­ter y a la Quin­ta Ave­ni­da. Lle­gó con su pin­tu­ra al co­ra­zón del ca- pi­ta­lis­mo y la in­vi­ta­ron a mos­trar­la por- que tie­ne pe­so, sus­tan­cia y ar­te. Por ese triun­fo per­so­nal re­ci­bió a Bom­ba Mar­tí- nez y 27 ami­gas con raí­ces hui­len­ses en el pent­hou­se de Ma­ría Paola Me­jía. Aplau- sos, fo­tos, tor­tas, lan­gos­ti­nos y vino ita- liano. Al Hui­la le gus­ta que Jua­ni­ta pi­se Nue­va York con su pin­tu­ra. La­ra, Baha- món, Lié­vano a montones en ese ho­me- na­je a Jua­ni­ta, por­que lle­gó a las gran­des li­gas, a los pre­cios en dó­la­res co­que­to- nes. ¡Bra­vo, Jua­ni­ta!, ¡bra­vo, Ma­ría Paola! y ¡bra­vo, Fa­bio Cam­po!, el di­cho­so pa­re­jo no­vio-es­po­so de Jua­ni­ta. PUNTO. Lle­gó di­ciem­bre con sus ho­rro­res, ten­ga pa- ciencia y buen ge­nio, lo di­ce Pon­cho Ren- te­ría con 30 años escribiendo en ALÓ.

Pon­cho Ren­te­ríaCo­lum­nis­tapre­mium de di­fe­ren­tes me­dios de co­mu­ni­ca­ción. Se ufa­na de ser el más co­no­ce­dor delas mu­je­res.

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