SHAKIRA, ¡DI-VI-NA!

Ce­le­bra sus tres dé­ca­das jun­to a ALÓ

Alo (Colombia) - - Portada | Shakira - por jOHN MON­TA­ÑO RE­DAC­TOR EL TIEM­PO Fo­tos GETTy IMA­GEs

{E}El ru­bor en las me­ji­llas es le­ve, muy su- til, ca­si de ado­les­cen­te. El cabello lo lle­va suel­to pe­se a los 30 gra­dos de tem­pe­ra­tu- ra de Car­ta­ge­na. Vis­te unos jeans com­bi- na­dos con una blu­sa co­lor ocre que de­ja al des­nu­do sus hom­bros sen­sua­les, y lu­ce una son­ri­sa her­mo­sa y una ama­bi­li­dad ex- cep­cio­nal. Así, ca­sual y fe­liz, nos re­ci­bió la can­tan­te pa­ra es­ta en­tre­vis­ta pa­ra la Re­vis­ta ALÓ en sus 30 años de his­to­ria, pu­bli­ca­ción de EL TIEM­PO Ca­sa Edi­to­rial.

¿Qué pien­sas y qué sien­tes cuan­do es­cu­chas la pa­la­bra Co­lom­bia?

“Pien­so en co­lor. En ese rea­lis­mo má­gi- co que creó Ga­bo, en gen­te ale­gre, per­sis- ten­te, re­sis­ten­te; gen­te re­cur­si­va que no acep­ta un no co­mo res­pues­ta. Gen­te que ha so­bre­vi­vi­do a más de 50 años de con- flic­to y gue­rra. Un pue­blo que ha so­bre- vi­vi­do a la po­bre­za, a la co­rrup­ción y que, sin em­bar­go, no per­de­mos la es­pe­ran­za, la ale­gría. ¿Sa­bes lo que sig­ni­fi­ca eso pa­ra un pue­blo? Hay pue­blos que pa­sa­ron por lo que he­mos pa­sa­do no­so­tros y son tris- tes. Nues­tro pue­blo co­lom­biano tie­ne una for­ta­le­za de es­pí­ri­tu y una ale­gría de vi- vir a la que le te­ne­mos que ha­cer ho­nor”.

Mi­nu­tos an­tes, la can­tan­te ba­rran­qui­lle­ra ha­bía arri­ba­do al ba­rrio Vi­llas de Aran­juez, en los ex­tra­mu­ros de la Ciu­dad He­roi­ca, una zo­na gol­pea­da por la po­bre­za, pe­ro con la ale­gría la­ten­te y ese flow (sa­bor- rit­mo) que co­rre por la san­gre de su gen­te.

Des­pués de 7 años, la ar­tis­ta re­gre­só a la re­gión Ca­ri­be, don­de ini­cia­ron sus sue­ños y una ca­rre­ra me­mo­ra­ble. Vol­vió pa­ra ha­blar de educación y pa­ra po­ner las pri­me­ras pie­dras de dos nue­vos me­ga­co- le­gios: una en el sec­tor de Vi­llas de Aran- juez, en Car­ta­ge­na, y la otra en el ba­rrio El Bos­que, de Ba­rran­qui­lla.

Con la Fun­da­ción Pies Des­cal­zos, su pro­yec­to social, la ar­tis­ta ofre­ce edu­ca- ción de ca­li­dad a mi­les de ni­ños en con- di­ción de po­bre­za.

“No pue­do pe­dir más a la vi­da. Una ca­rre­ra mu­si­cal que co­men- zó sien­do muy ni­ña y que aún hoy me tie­ne en pie. Se han re­no­va­do mis vo­tos con ese pú­bli­co al que le de­bo tan­ta ge­ne­ro­si­dad y con el que tu­ve la suer­te de co­nec­tar­me ca­da no­che (en Bo­go­tá dio su úl­ti- mo concierto de la gi­ra 'El Do­ra­do' el pa­sa­do sá­ba­do 3 de no­viem­bre). Se aca­ba es­te re­co­rri­do con mu­cha ca­len­tu­ra (ri­sas). Pe­ro es­ta clau­su- ra la ha­go con una gran fe­li­ci­dad, con mu­cho agra­de­ci­mien­to. Ha si­do la gi­ra que más he dis­fru­ta­do en to­da mi ca­rre­ra (ri­sas)”.

Ba­jo la ca­ní­cu­la del Ca­ri­be co- lom­biano, sus se­gui­do­res la es­pe- ra­ban con an­sias. A las 3:30 de la tar­de, con un re­tra­so de más de una ho­ra, la ca­ra­va­na que traía a la ar­tis­ta se ubi­có fren­te al po­tre­ro que sir­ve co­mo can­cha de fút­bol.

En me­dio de un fuer­te dis­po­si­ti­vo de se­gu­ri­dad, la can­tan­te ba­rran-

Un pue­blo que ha so­bre­vi­vi­do a la po­bre­za, a la co­rrup­ción y que, sin em­bar­go, no per­de­mos la es­pe­ran­za, la ale­gría. ¿Sa­bes lo que sig­ni­fi­ca eso pa­ra un pue­blo?”

qui­lle­ra se ba­jó del au­to­mó­vil y pu­so un pie en la tie­rra, lo que desató la al­ga­ra­bía de sus fans que gri­ta­ban su nom­bre al otro la­do de las va­llas de se­gu­ri­dad ins­ta­la­das por la po­li­cía.

Pe­ro la al­ga­ra­bía se trans­for- mó en lo­cu­ra cuan­do ella rom- pió el pro­to­co­lo de la se­gu­ri­dad y se di­ri­gió a don­de es­ta­ba su pue­blo: esa ma­sa ale­gre, de to- dos los es­tra­tos y sue­ños, que la si­gue des­de ha­ce tres dé­ca- das, que ta­ra­rea sus can­cio­nes y que se cuen­ta por mi­llo­nes en to­do el pla­ne­ta.

“He he­cho el concierto más lar­go de mi ca­rre­ra (ha­cien­do re­fe­ren­cia a la gi­ra ‘El Do­ra- do’): son dos ho­ras en el es­ce- na­rio. Can­tan­do, bai­lan­do sin pa­rar… Nun­ca pen­sé que a los 41 años po­dría can­tar y bai­lar de es­ta ma­ne­ra y re­sis­tir el tro- te que lle­vo. Cuan­do te­nía 18 años, mi her­mano me sa­ca­ba en bra­zos del es­ce­na­rio des­pués de un concierto de una ho­ra y cuar­to; me sa­ca­ba con un ba- nano, con un gui­neo, co­mo de- ci­mos en Ba­rran­qui­lla (ri­sas). Salía ca­si des­ma­ya­da y te­nía 18 años. Hoy sal­go can­tan­do, bai­lan­do, y no me duer­me na- die has­ta las 4 de la ma­ña­na”.

Y ese es pre­ci­sa­men­te uno de los se­cre­tos de la ba­rran­qui­lle- ra: la co­ne­xión con sus se­gui- do­res, en el es­ce­na­rio, don­de rom­pió en llan­to an­te el pú­bli­co bo­go­tano, o en la tras es­ce­na, don­de rom­pió los pro­to­co­los de su pro­pia se­gu­ri­dad so­lo pa­ra dar­le la mano a un fan enamo­ra­do o pa­ra al­zar por un par de se­gun­dos a un be­bé afro… Es su se­cre­to.

Ca­si 24 ho­ras des­pués de ha­ber vi­si­ta­do Car­ta­ge­na y Ba­rran­qui­lla, Shakira es­ta­ba en el es­ce­na­rio del Par­que Si­món Bo­lí­var de Bo­go­tá can­tan­do y bai­lan­do pa­ra más de 30.000 per­so­nas que co­rea­ron sus clá­si­cos.

“De al­gu­na ma­ne­ra, sien­to que cuan- do esas per­so­nas se mar­chan, cuan­do se van del concierto, van lle­nas de ale­gría, van can­tan­do mis can­cio­nes, y en­ton­ces en­tien­do que he traí­do un po­co de fe­li­ci- dad a aque­llas per­so­nas y esa es la ta­rea más im­por­tan­te”.

Lue­go de tres dé­ca­das de ca­rre­ra mu­si- cal, ade­más de una exi­to­sa ar­tis­ta glo­bal, Isabel Me­ba­rak Ri­poll, Shakira, al­can­zó mu­chos sue­ños: can­tau­to­ra, pro­duc­to­ra mu­si­cal y em­pre­sa­ria, em­ba­ja­do­ra de bue- na vo­lun­tad de la Uni­cef, ar­tí­fi­ce social con su Fun­da­ción Pies Des­cal­zos, ma­dre de dos pe­que­ños hi­jos y es­po­sa de Gerard Pi­qué, el es­pi­ga­do de­fen­sa cen­tral de la se- lec­ción es­pa­ño­la de fút­bol.

“Ini­cié mi ca­rre­ra a los 10 años. Lle­vo un pro­ce­so de mu­chos años, de que­mar eta­pas, años en los que se evo­lu­cio­na y tam­bién se in­vo­lu­cio­na, pe­ro es par­te de ser ar­tis­ta y de cons­truir una ca­rre­ra a lar­go pla­zo”.

‘El Do­ra­do’ tie­ne pa­ra ella un sig­ni­fi­ca­do es­pe­cial, pues se tra­tó del re­gre­so a los es- ce­na­rios des­pués de ha­ber su­pe­ra­do días di­fí­ci­les en su re­cien­te eta­pa pro­fe­sio­nal a cau­sa de una le­sión, por la cual le ha­bían di­cho que no vol­ve­ría a can­tar.

“Me pa­sa­ron mu­chas co­sas y su­pe­ré mu- chos obs­tácu­los, pe­ro sa­lí for­ta­le­ci­da. Gra- cias a mis amigos, gra­cias a un pú­bli­co ma­ra­vi­llo­so que me ha ofre­ci­do su fi­de­li­dad in­con­di­cio­nal por tan­tos años. Su­frí una le­sión en mis cuer­das vo­ca­les y du­ré mu­cho tiem­po lu­chan­do pa­ra en­con­trar una me­jo­ría; creían que no vol­ve­ría a can­tar. Fue una ex­pe­rien­cia muy du­ra en los úl­ti­mos tiem­pos. Me di­je­ron que una ope­ra­ción era la úni- ca solución, pe­ro yo no que­ría eso; al fi­nal, ocu­rrió un mi­la- gro mé­di­co”.

En bus­ca de la cu­ra, la can- tan­te re­co­rrió me­dio mun­do pa­ra fi­nal­men­te en­con­trar res- pues­tas en los Es­ta­dos Uni­dos. “Tan pron­to su­frí la le­sión en la cuer­das vo­ca­les hi­ce un re- co­rri­do mé­di­co por los Es­ta­dos Uni­dos en bus­ca de una cu­ra y con múl­ti­ples mé­di­cos. To­dos re­co­men­da­ban una ope­ra­ción, de­cían que no me iba a sa­nar sin una ci­ru­gía. Pe­ro yo no que­ría pa­sar por el qui­ró­fano”.

¿Có­mo lo­gras­te vol­ver a can­tar?

El diag­nós­ti­co era que una cu­ra di­fe­ren­te a una ope­ra­ción era im­po­si­ble. Pe­ro el mi­la­gro ocu­rrió. Yo creí que sí era po- si­ble, no tu­ve que pa­sar por un qui­ró­fano y con te­ra­pias y fe es- toy en pie, otra vez en las no- ches so­bre el es­ce­na­rio y can- tan­do pa­ra mi pú­bli­co.

¿Có­mo vi­vis­te es­ta nue­va pues­ta en es­ce­na?

Ca­da no­che en­tre­go to­do en es­ce­na y agra­dez­co el ha­ber po-

di­do vol­ver a can­tar. Es un mi­la­gro, y agra­dez­co ser útil pa­ra to­da esa gen- te que vino a ver­me, a es­cu­char­me.

¿Qué gi­ro to­ma hoy tu ca­rre­ra?

Los gus­tos han cam­bia­do, tam- bién los in­tere­ses, lo que des­pier- ta cu­rio­si­dad. He ex­pe­ri­men­ta­do con di­ver­sos gé­ne­ros y le apos­té a la ver­sa­ti­li­dad. Di­cen que en la va­rie­dad es­tá el pla­cer (ri­sas)… en- ton­ces, en ese ca­so sí que apli­ca.

¿Cuál ha si­do tu se­cre­to pa­ra al­can­zar el re­co­no­ci­mien­to mun­dial?

Ex­pe­ri­men­to con di­fe­ren­tes gé- ne­ros y co­la­bo­ro con di­ver­sos ar- tis­tas… Acer­car­se a uni­ver­sos de otros ar­tis­tas en­ri­que­ce. Ese in­ter- cam­bio y esa si­ner­gia que se pro- du­ce ha si­do un gran acier­to.

¿Shakira re­tor­na a sus orí­ge­nes?

Siem­pre he si­do una ar­tis­ta pop, pe­ro he te­ni­do épo­cas con ma­ti­ces más ro­que­ros, otras ve­ces ro­mán- ti­cos, bai­la­bles, pe­ro mi mú­si­ca es una ex­pre­sión ho­nes­ta de quien soy, de lo que me pa­sa a dia­rio y, cla­ro, mis gus­tos, que van cam­bian­do, pe­ro an­te to­do he si­do ho­nes­ta.

La ar­tis­ta ba­rran­qui­lle­ra mi­ra a su pa­tria con agu­de­za. Su ma­yor preo­cu­pa­ción es­tá en la educación y por ello, a tra­vés de su Fun­da­ción Pies Des­cal­zos, fo­men­ta el de­sa- rro­llo de mi­les de ni­ños.

¿Qué pien­sas de la paz que fir­mó Co­lom­bia?

Se ha ini­cia­do un pro­ce­so de paz en el que Co­lom­bia tie­ne la opor- tu­ni­dad de se­guir cre­cien­do. Aho- ra hay que pen­sar en nues­tra ju- ven­tud pa­ra po­der com­pe­tir, pa­ra po­der ofre­cer lo que te­ne­mos: un país in­men­sa­men­te ri­co en re­cur- sos na­tu­ra­les y hu­ma­nos.

¿En qué as­pec­tos de­be for­ta­le­cer­se aho­ra Co­lom­bia pa­ra con­so­li­dar la paz?

La úni­ca ma­ne­ra de ci­men­tar ese ca­mino pa­ra la paz y pa­ra la igual­dad y el pro­gre­so es a tra­vés de la educación. Es la úni­ca for- ma en que po­de­mos ‘pa­vi­men- tar’ esa vía: ofre­cer igual­dad de opor­tu­ni­da­des a to­dos los ni­ños y las ni­ñas co­lom­bia­nos.

Hoy, el país vi­ve una cri­sis en la educación y en to­dos los ni­ve­les...

Si to­da­vía hay ni­ños y ni­ñas que no tie­nen ac­ce­so a la educación, o no tie­nen ac­ce­so a la mis­ma edu- ca­ción de ca­li­dad que re­ci­ben pe- que­ños que vi­ven en me­jo­res con- di­cio­nes, nun­ca po­dre­mos de­cir que es­te país es­tá en paz. Nun­ca po­dre­mos con­si­de­rar a es­te co­mo un país que vi­ve en igual­dad.

¿Qué alian­zas y es­tra­te­gias pro­po­nes pa­ra dar ese salto a una educación de ca­li­dad?

Es una res­pon­sa­bi­li­dad del Go- bierno, del sec­tor pri­va­do y de to- dos los ciu­da­da­nos. Es un de­ba­te que te­ne­mos que ele­var a dia­rio, una exi­gen­cia que te­ne­mos que ha­cer­les a los go­bier­nos y una res- pon­sa­bi­li­dad con nues­tros ni­ños: ejer­ci­tar su de­re­cho inalie­na­ble a una educación de ca­li­dad. La edu- ca­ción no es un lu­jo, es un de­re- cho que se tie­ne que res­pe­tar y se tie­ne que ha­cer va­ler.

¿Se ne­ce­si­tan más or­ga­ni­za­cio­nes co­mo Pies Des­cal­zos que tra­ba­jen por la ni­ñez?

Cla­ro. Por ejem­plo, en co­mu- ni­da­des co­mo Vi­llas de Aran­juez (zo­na de Car­ta­ge­na don­de Sha- ki­ra pu­so la pri­me­ra pie­dra pa­ra la cons­truc­ción de un me­ga­co­le- gio), con más de 13.000 fa­mi­lias con 7.000 ni­ños, de los cua­les hay 5.000 sin ac­ce­so a la educación y so­lo hay dos es­cue­las. Acá ne­ce- si­ta­mos cin­co es­cue­las más. Es­to que pa­sa en es­ta co­mu­ni­dad es la ra­dio­gra­fía del res­to del país. Es inacep­ta­ble que exis­tan lu­ga­res

co­mo La Gua­ji­ra o el Cho­có don­de no lle­gan el agua ni la luz eléc­tri­ca.

¿Cuál es tu lla­ma­do al Gobierno co­lom­biano en ma­te­ria de educación?

Las ne­ce­si­da­des tan gran­des que hay son una se­ñal de que hay que su­bir el pre­su­pues­to de la edu­ca- ción. Te­ne­mos que se­guir te­nien­do esa con­ver­sa­ción y alian­za en­tre el Gobierno y el sec­tor pri­va­do. Hoy, el Gobierno tie­ne que, por fin, asu- mir la res­pon­sa­bi­li­dad. Es­te es un de­ber. El Es­ta­do de­be ofre­cer edu- ca­ción de ca­li­dad a to­dos los ni­ños y las ni­ñas.

¿El pro­ble­ma se­rá que el pue­blo co­lom­biano se acos­tum­bró a no re­cla­mar sus de­re­chos?

Es­te es un país que se ha acos- tum­bra­do, que es­tá anes­te­sia­do con­tra el do­lor ajeno. Nos acos- tum­bra­mos a que mi­les de ni­ños, por na­cer po­bres, tie­nen que es­tar con­de­na­dos a la po­bre­za has­ta mo- rir. Tie­ne que ha­ber mo­vi­li­dad so- cial en es­te país, y que si un ni­ño na­ce po­bre, ten­ga la opor­tu­ni­dad de sa­lir ade­lan­te y con­quis­tar sus sue­ños. ¿Y có­mo va a lo­grar­lo si no es a tra­vés de la educación? La paz y el pro­gre­so no puedes lo­grar- los si tie­nes en Vi­llas de Aran­juez a 5.000 ni­ños sin es­tu­diar: ¿Qué ha­cen esos ni­ños du­ran­te el día? ¿Qué ha­rán cuan­do ten­gan 14 años y que ha­rán cuan­do ten­gan 30?

1.El pa­sa­do 2 de no­viem­bre, la can­tan­te pu­so la pri­me­ra pie­dra pa­ra la cons­truc- ción de un me­ga­co­le­gio en la co­mu­ni- dad de Vi­llas de Aran­juez. Fo­to Yo­mai­ra Gran­dett2. “Hay que in­ver­tir más en educación y te­ne­mos que cons­truir es­cue­las don- de no las hay. Aquí, en El Bos­que, hay 15.000 ni­ños y exis­ten dos es­cue­las", di­jo la ar­tis­ta. Fo­to Car­los Ca­pe­lla1

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