Yu­ya

Ha­ce nue­ve años, Ma­riand Castrejón Castañeda creó su pro­pio ca­nal de Youtube mo­ti­va­da por un par de con­cur­sos pa­ra ga­nar pro­duc­tos de ma­qui­lla­je. Hoy en día, a los 25 años, es la you­tu­ber más re­co­no­ci­da de La­ti­noa­mé­ri­ca, una exi­to­sa em­pre­sa­ria y la per­son

Alo (Colombia) - - Contentnido -

por Jimena Pa­ti­ño

{C }Carisma, dul­zu­ra, crea­ti­vi­dad y una voz agu­da e in­con­fun­di­ble son al­gu­nos de los in­gre­dien­tes en la re­ce­ta del éxi­to de Yu­ya, la you­tu­ber me­xi­ca­na que cuen­ta con más de 13 mi­llo­nes de se­gui­do­res –o ‘gua­pu­ras’, co­mo ella los lla­ma– en su cuen­ta de Ins­ta­gram, cer­ca de 13 mi­llo­nes más en su página de Fa­ce­book y ca­si 23 mi­llo­nes de sus­crip­to­res en YouTube.

Su nom­bre real es Ma­riand Castrejón Castañeda, que re­sul­ta ser una com­bi­na­ción en­tre los nom­bres de sus pa­dres, Ma­ri­bel y An­drés. Sin em­bar­go, es­ta jo­ven de 25 años na­ci­da en Cuer­na­va­ca (Mé­xi­co), se dio a co­no­cer en la web co­mo ‘Yu­ya’, el apo­do que so­lía de­cir­le uno de sus tíos cuan­do era pe­que­ña y que se po­pu­la­ri­zó en­tre sus ami­gos y fa­mi­lia­res.

Su pa­sión por el ma­qui­lla­je la mo­ti­vó a in­cur­sio­nar en YouTube cuan­do te­nía 16 años. Con un vi­deo en su pri­mer ca­nal, lady16ma­keup, par­ti­ci­pó en un con­cur­so co­mer­cial pa­ra ga­nar un set de bro­chas, y aun­que no ga­nó, des­cu­brió un nue­vo mun­do vir­tual en el que po­día com­par­tir sus ideas de pei­na­dos y ma­qui­lla­je.

Ya han pa­sa­do nue­ve años en los que las ‘gua­pu­ras’, co­mo lla­ma a sus se­gui­do­res, han apren­di­do tru­cos de be­lle­za, de­co­ra­ción, mo­da y has­ta pas­te­le­ría de la mano de la in­fluen­cia­do­ra me­xi­ca­na, quien lo­gró cons­truir una ca­rre­ra co­mo em­pre­sa­ria, pu­bli­car dos li­bros con la edi­to­rial Pla­ne­ta y cum­plir el sue­ño de crear su pro­pia mar­ca de cos­mé­ti­cos, Bai­lan­do Jun­tos. Pa­ra pre­sen­tar es­ta lí­nea de pro­duc­tos, que se ven­den en Fa­la­be­lla, Yu­ya vi­si­tó el país re­cien­te­men­te y ha­bló en ex­clu­si­va con ALÓ so­bre su fuen­te de ins­pi­ra­ción, sus pro­yec­tos y la ra­zón por la que man­tie­ne en pri­va­do su re­la­ción con el tam­bién you­tu­ber Beto Pa­si­llas. Tu pri­mer vi­deo en YouTube fue pa­ra par­ti­ci­par en un con­cur­so. ¿Qué te mo­ti­vó a se­guir con tu ca­nal? Dar­me cuen­ta de que ha­cer vi­deos pa­ra mí era te­ra­péu­ti­co; fue una ma­ne­ra de ex­pre­sar­me y de­cir lo que yo qui­sie­ra. Ade­más, em­pe­cé no­té que era muy in­ten­sa y me gus­ta­ba cui­dar to­dos los de­ta­lles, así que in­ten­té cre­cer más y po­co a po­co pu­de com­prar mi equi­po. Has­ta el día de hoy, pue­do de­cir que ca­da vez que pren­do la cá­ma­ra, lo ha­go con gus­to y con pa­sión. Ya son nue­ve años de ha­cer vi­deos ca­da se­ma­na.

¿En qué te ins­pi­ras? En lo ri­co y de­li­cio­so que es es­tar vi­vo. Me ins­pi­ran los co­lo­res, la ener­gía (...). No hay na­da más que es­te mo­men­to, en­ton­ces me ins­pi­ro en es­tar pre­sen­te, cons­cien­te y con los ojos bien abier­tos.

¿Crees que a tra­vés de YouTube se pue­de em­po­de­rar a otros?

Creo que las re­des so­cia­les en ge­ne­ral nos abren las puer­tas pa­ra com­par­tir cual­quier men­sa­je que de­ci­da­mos. En mi ca­so, he de­ci­di­do que to­do sea po­si­ti­vo, por­que soy una per­so­na co­mún y co­rrien­te, pe­ro que in­ten­ta sa­car­le el ma­yor pro­ve­cho a es­tar vi­va. La gen­te se da cuen­ta y al fi­nal eso sig­ni­fi­ca to­do pa­ra mí. En las re­des se pue­den ge­ne­rar mu­chos amo­res, pe­ro tam­bién mu­chos odios. ¿Có­mo has li­dia­do con los ha­ters y las crí­ti­cas des­truc­ti­vas?

Al­go im­por­tan­te pa­ra mí, por­que me da paz men­tal, es ver que lo que com­par­ti­mos es lo que lle­va­mos den­tro. En lu­gar de eno­jar­me o sen­tir­me mal por lo que otras per­so­nas pue­dan de­cir­me, lo que me da tris­te­za es que la gen­te re­fle­je co­sas tan ne­ga­ti­vas (…). Sé que no soy per­fec­ta, y eso me en­can­ta, así que me re­la­jo, dis­fru­to y me en­fo­co en mi tra­ba­jo. Com­par­tes gran par­te de tu vi­da con tus se­gui­do­res, pe­ro no re­ve­las mu­cho de tu no­viaz­go con Beto Pa­si­llas, quien tam­bién es you­tu­ber. ¿Por qué?

Creo que el amor es al­go bien per­so­nal. Y si es com­pli­ca­do cuan­do nues­tra fa­mi­lia nos di­ce que una re­la­ción de­be­ría ser de una ma­ne­ra o la otra, aho­ra ima­gí­na­te que mu­cha gen­te –que po­dría o no sa­ber qué es lo que es­tá pa­san­do– me acon­se­je... Eso no me ha­ce sen­tir en paz. Lo más im­por­tan­te que to­dos te­ne­mos es nues­tra paz, así que él y yo in­ten­ta­mos cui­dar el amor de la me­jor ma­ne­ra. Vi­nis­te a Co­lom­bia pa­ra pre­sen­tar tu lí­nea de ma­qui­lla­je. Cuén­ta­nos so­bre Bai­lan­do Jun­tos.

Es una mar­ca de ma­qui­lla­je in­clu­yen­te: los pro­duc­tos pue­de uti­li­zar­los quien quie­ra, de la ma­ne­ra que quie­ra (…). Y es una lí­nea que te in­vi­ta a que­rer­te pro­fun­da­men­te. Por ejem­plo, hay un la­bial que se lla­ma 'Me quie­ro', por­que creo en lo im­por­tan­te que es el amor pro­pio; hay otro que se lla­ma ‘Ma­ri­ta’, por­que mi ma­má me di­ce así y ella es lo que más amo en el uni­ver­so; hay otro con una ima­gen de ve­na­do, por­que mi pa­pá di­ce que ten­go ca­ra de ve­na­do (ri­sas). Es to­da mi his­to­ria plas­ma­da en los pro­duc­tos. ¿Qué otros pro­yec­tos vie­nen pa­ra Yu­ya en el fu­tu­ro?

Veo la mar­ca de ma­qui­lla­je co­mo al­go a lar­go pla­zo. Me veo en­ve­je­cien­do mien­tras tra­ba­jo en es­to por­que me apa­sio­na, me gus­ta­ría lle­gar a nue­vos lu­ga­res (…). Sue­ño no pa­rar de tra­ba­jar y en­fo­car­me en lo real de la vi­da y de ma­ne­ra agra­de­ci­da. ¿Has con­si­de­ra­do com­ple­men­tar tu mar­ca con pren­das de ro­pa?

Sí, me en­can­ta­ría. Pe­ro co­mo di­go, a pa­sos fir­mes. No quie­ro

“Cuan­do las mu­je­res sa­be­mos

aplau­dir­nos e im­pul­sar­nos unas a las otras, co­sas in­creí­bles su­ce­den”.

ser esa per­so­na que ha­ce cien co­sas na­da más por ha­cer­las. Me en­can­ta es­tar to­do el tiem­po del tin­go al tan­go, to­da mi ener­gía es­tá en­fo­ca­da en el pre­sen­te. ¿Qué les acon­se­ja­rías a quie­nes es­tán co­men­zan­do su ca­nal?

La clave es ha­cer­lo de ma­ne­ra na­tu­ral. Más allá de sen­tir­se pre­sio­na­dos, dis­frú­ten­lo, por­que cuan­do lo disfrutan, to­do empieza a fluir (…). Que no les preo­cu­pe tan­to si los vie­ron, eso es par­te del pro­ce­so, de que se en­cuen­tren y se adap­ten a es­te me­dio. Pe­ro so­bre to­do, nun­ca de­jen de ha­cer lo que les gus­ta, com­par­tan lo que quie­ran com­par­tir y sean cons­tan­tes. ¿Y qué les di­rías a las co­lom­bia­nas em­pren­de­do­ras que sue­ñan te­ner tan­to éxi­to co­mo tú?

Que se atre­van, que le echen ga­nas, que lo ha­gan sin mie­do al éxi­to y sin mie­do al fra­ca­so. Si las co­sas no son pa­ra ti, no van a ser, y si son, qué chi­do, pe­ro es par­te del pro­ce­so, equi­vo­car­nos, fra­ca­sar y te­ner días di­fí­ci­les. Si las co­sas fue­ran fá­ci­les, qué f lo­je­ra, ¿no? (...). Yo soy el re­fle­jo de que cuan­do quie­res, se pue­de. Soy una cha­ma­qui­ta a la que siempre le ha gus­ta­do tra­ba­jar y cre­cer, en­ton­ces... si yo pue­do, to­das us­te­des pue­den.

Los nom­bres y Las iLus­tra­cio­nes de ca­da La­biaL, es­maL­te, Lá­piz y pa­Le­ta de som­bras de La mar­ca bai­Lan­do Jun­tos es­tán ins­pi­ra­dos en La his­to­ria de vi­da de yu­ya.

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