Laura Acu­ña

LA PRE­SEN­TA­DO­RA PO­SÓ POR PRI­ME­RA VEZ JUN­TO A SUS DOS HI­JOS PA­RA FES­TE­JAR ES­TAS FIES­TAS DE­CEM­BRI­NAS CON LOS LECTORES DE LA RE­VIS­TA ALÓ. LA BE­LLA SAN­TAN­DE­REA­NA RE­VE­LA SU LA­DO MÁS ÍN­TI­MO Y PER­SO­NAL EN ES­TAS IMÁ­GE­NES Y EN­TRE­VIS­TA, EN LA QUE CON­FIE­SA QUE VI­VE

Alo (Colombia) - - Contentnido - Fo­to Her­nán Puen­tes Ma­qui­lla­je y pe­lo Mau­ri­cio Leal Pro­duc­ción Pau­la Sanmiguel

Se res­pi­ra pu­ra fe­li­ci­dad y cal­ma en el ho­gar Kling-Acu­ña. Los am­plios ven­ta­na­les de la ca­sa, ubi­ca­da a las afue­ras de Bo­go­tá, y ca­da uno de los es­pa­cios es­tán lis­tos y dis­pues­tos pa­ra ce­le­brar la Na­vi­dad. To­do el am­bien­te lleno de Pa­pás Noel, de lu­ce­ci­tas, de adornos y de mu­ñe­cos de pe­lu­che ves­ti­dos de ro­jo y ver­de ha­ce ver que la pre­sen­ta­do­ra san­tan­de­rea­na Laura Acu­ña (36) se ha con­ver­ti­do en una ex­per­ta de­co­ra­do­ra.

Per­fec­ta­men­te ma­qui­lla­da y ves­ti­da y jun­to a los amo­res de su vi­da: He­le­na y Ni­co­lás, nos abre las puer­tas de su ho­gar y po­sa por pri­me­ra vez pa­ra una pu­bli­ca­ción jun­to a sus dos hi­jos pa­ra ce­le­brar es­tas fies­tas na­vi­de­ñas y los 30 años de la Re­vis­ta ALÓ. Su me­le­na ru­bia es la mis­ma de sus ini­cios, cuan­do Co­lom­bia en­te­ra que­dó en­can­ta­da con la be­lle­za, la son­ri­sa y el des­par­pa­jo de la abo­ga­da bu­man­gue­sa que ini­cia­ba su ca­rre­ra. La mis­ma que pa­seó por el set de No­ti­cias RCN y de

Muy bue­nos días du­ran­te 13 años. Lue­go de sie­te me­ses fue­ra de las pan­ta­llas, Laura di­ce que más allá de las apa­rien­cias, sien­te las mis­mas ga­nas de ge­ne­rar pro­yec­tos que cuan­do era una vein­tea­ñe­ra, sue­ños que ma­te­ria­li­za­rá en la pan­ta­lla chi­ca en el 2019.

Es­tá pen­dien­te de sus ni­ños to­dos los días, co­me lo que le pro­vo­ca sin con­tar ca­lo­rías y se de­di­ca a ser ma­dre y es­po­sa 24/7. De esa ma­ne­ra man­tie­ne el mis­mo sem­blan­te que la con­vir­tió en una de las mu­je­res más ven­de­do­ras de la te­le­vi­sión. Sin em­bar­go, es­ta tar­de, pa­ra sus pa­dres Ger­mán y Yo­lan­da lu­ce más lin­da que nun­ca. Ella, co­que­ta, acep­ta fe­liz el pi­ro­po. Más aún cuan­do es­toi­ca­men­te se ha de­di­ca­do a la crian­za de sus ni­ños y aho­ra no tie­ne tiem­po pa­ra ir a la pe­lu­que­ría, al spa o al gim­na­sio. “De­fino el amor que sien­to por mis hi­jos co­mo el más pu­ro, sin­ce­ro, de­sin­te­re­sa­do y eterno amor; eterno de ver­dad”, di­ce.

Se­cun­da­da por su pe­que­ña He­le­na, quien aca­ba de cum­plir dos años, Laura, con una mez­cla de dul­zu­ra y au­to­ri­dad, re­ve­la que vi­ve el me­jor mo­men­to de su vi­da. En sus bra­zos, el me­nor de la fa­mi­lia, Ni­co­lás, no pa­ra de son­reír, ella res­pon­de con una ca­ri­cia en la ca­be­za e in­me­dia­ta­men­te, con su in­con­fun­di­ble voz, guía a sus pe­que­ños có­mo po­sar fren­te al fo­tó­gra­fo Her­nán Puen­tes.

“Es de­li­cio­so. No me can­so de dar­le gra­cias a Dios por ha­ber­me per­mi­ti­do es­tar es­tos pri­me­ros años al la­do de mis ni­ños. Mis pla­nes aho­ra son bai­lar, can­tar, ha­cer ga­lle­tas, mo­ti­var a Ni­co a que ga­tee, lle­var a He­le­na a cla­ses que le gus­tan, etc. Es­ta­mos dis­fru­tan­do to­dos; yo más que ellos”.

Re­cién lle­ga­do de tra­ba­jar, Ro­dri­go Kling, su es­po­so, y quien pre­fie­re es­tar tras las cá­ma­ras, los mi­ra des­de un rin­cón. Al ver­lo aflo­ra el la­do más sen­ti­men­tal de Laura, una mu­jer in­te­li­gen­te, tra­ba­ja­do­ra y que nun­ca ha te­ni­do pe­los en la len­gua: “Por años, siempre he di­cho las co­sas co­mo son, sin dis­fra­zar­las y eso a ve­ces ha po­di­do no caer muy bien”, cuen­ta. Sin em­bar­go, afir­ma, en es­te tiem­po tam­bién ha ma­du­ra­do y hoy vi­ve la vi­da con más cal­ma, en el re-

fu­gio de su ho­gar, y es­tá aún más lin­da. “En reali­dad, no ha­go na­da es­pe­cial. Si me per­ci­ben así es por­que es al­go que se re­fle­ja des­de mi in­te­rior, pues ja­más ha­bía si­do tan fe­liz en mi vi­da. Mis hi­jos me lle­na­ron de una ener­gía y una di­cha que se no­ta”, di­ce.

“La ver­dad, no sé qué ha­bría he­cho sin ella. Me la so­ñé, es mi prin­ce­sa”, di­ce mien­tras abra­za a la di­vi­na He­le­na. La pre­sen­ta­do­ra le aca­ri­cia las ma­nos, le de­vuel­ve una mi­ra­da con­tem­pla­ti­va y su­su­rra: “Yo ado­ro a es­ta ni­ñi­ta. No de­ja de sor­pren­der­me. Es una ma­ra­vi­lla”. La com­pli­ci­dad en­tre ellas es la de quie­nes se re­co­no­cen has­ta en las más mí­ni­mas ma­nías, pe­ro tam­bién la de dos se­res que com­par­ten la mis­ma mi­ra­da del mun­do. Cuan­do le­van­tan el men­tón y mi­ran ha­cia el cie­lo pa­re­cen prác­ti­ca­men­te idén­ti­cas. Hay al­go en la fuer­za de sus ojos que no pue­de ser más que una ma­ni­fes­ta­ción ge­né­ti­ca de lo que las une. Una suer­te de ADN com­ba­ti­vo y trans­gre­sor.

¿Có­mo ha si­do la lle­ga­da de Ni­co­lás a tu ho­gar?

Cuan­do na­ció Ni­co se com­ple­tó el círcu­lo. No sa­bía có­mo iba a ha­cer pa­ra amar más de lo que ado­ra­ba a He­le­na, pe­ro na­ció y el amor se mul­ti­pli­ca de una ma­ne­ra que ja­más uno se ima­gi­na. Ser ma­má de dos es una de­li­cia.

Pa­ra ti no fue fá­cil que­dar em­ba­ra­za­da; son co­mo dos mi­la­gros de vi­da…

De esa for­ma los des­cri­bo. Pa­ra mí, son mis dos mi­la­gros. El sen­ti­mien­to de agra­de­ci­mien­to no me ca­be en el pe­cho. Es­to es la obra de Dios re­pre­sen­ta­da en mis hi­jos. Sien­to que soy tes­ti­mo­nio de que en la vi­da na­da es im­po­si­ble.

¿Ha si­do muy dis­tin­ta la crian­za de am­bos ni­ños?

Al prin­ci­pio de­cía que Ni­co­lás era un po­co más tran­qui­lo que He­le­na, sien­do He­le­na muy tran­qui­la, pe­ro des­pués des­cu­brí que fui yo la que se tran­qui­li­zó, así que to­do ha si­do mu­cho más fá­cil. Am­bos es­tán en eta­pas don­de quie­ren to­da la aten­ción. He­le­na es­tá en su mo­men­to de sal­tar, su­bir, ba­jar, co­rrer, y Ni­co­lás ape-

nas va em­pe­zan­do. Es co­mo pa­sar de un mar en­fu­re­ci­do a la pis­ci­na. Así que ten­go de to­do. Di­ría que la va­rie­dad es lo que más dis­fru­to en es­te ins­tan­te de mi vi­da.

Des­pués de más de una dé­ca­da con ‘Muy bue­nos días’, ¿ex­tra­ñas el pro­gra­ma?

Mu­chí­si­ma nos­tal­gia me da aún. Ex­tra­ño ver a mis com­pa­ñe­ros to­dos los días, ha­blar de la vi­da y pa­sar bueno, por­que al fi­nal eso era lo que ha­cía­mos siempre. Aún ten­go con­tac­to con ellos, pe­ro el des­ape­go ha si­do du­ro.

¿Te volveremos a ver en pan­ta­lla en el 2019?

Pa­ra mí vie­nen mu­chos pro­yec­tos, el ca­nal es­tá en un pro­ce­so di­vino de re­no­va­ción y sé que les va a gus­tar mu­cho. Son pro­duc­tos que siempre le han gus­ta­do al pú­bli­co, que nos lle­nan de bue­na ener­gía y de sen­ti­mien­tos lin­dos, de esos que ha­cen que uno quie­ra lle­gar a la ca­sa a pren­der el te­le­vi­sor. A eso le es­ta­mos apos­tan­do en es­te 2019. Se­rá ma­ra­vi­llo­so.

A pe­sar de no ver­te en TV, si­gues muy ac­ti­va tra­ba­jan­do con va­rias mar­cas.

Sí. Sim­ple­men­te es que siempre que tra­ba­jo lo ha­go con res­pe­to y con el ma­yor ca­ri­ño con las mar­cas. Es no trai­cio­nar la con­fian­za de las em­pre­sas que de­ci­den con­tar con­mi­go pa­ra sus cam­pa­ñas. Creo que cuan­do to­do se ha­ce con el co­ra­zón, na­da sa­le mal.

To­dos coin­ci­di­mos en que es­tás aún más lin­da. ¿Có­mo te cui­das?

Siempre he si­do muy del­ga­da; los lectores y los te­le­vi­den­tes lo sa­ben por­que me han vis­to des­de ha­ce 14 años igua­li­ta. Si te soy sin­ce­ra, es­to de adel­ga­zar rá­pi­do sí se lo de­bo a la ge­né­ti­ca. ¿Ejer­ci­cio? ¡Na­da! Vi­vo co­rrien­do de­trás de He­le­na y aten­dien­do a Ni­co­lás. Pe­ro de­bo em­pe­zar a en­tre­nar, aun­que ya se­rá des­pués de di­ciem­bre, por­que es­to de de­jar los bu­ñue­los y las na­ti­llas es un aten­ta­do a la épo­ca. ¡Me go­zo mis di­ciem­bres con to­do!

A es­tas al­tu­ras, ¿te im­por­ta lo que los otros opi­nen de ti?

Las per­so­nas a ve­ces ha­blan por he­rir, sin em­bar­go, hay otras que, en su in­men­sa ge­ne­ro­si­dad, ha­cen crí­ti­cas con bue­nas in­ten­cio­nes y a ve­ces me ha­cen ver co-

Con mi es­po­so (Ro­dri­go Kling) he­mos lo­gra­do una re­la­ción muy fuer­te apos­tán­do­le a lo real, A ESA PER­SO­NA que a pe­sar de co­no­cer lo peor de ti, te abra­za y te quie­re en su vi­da”.

Me gus­ta ayu­dar a EM­PO­DE­RAR A LAS MU­JE­RES. Ya era ho­ra de que se die­ran cuen­ta de lo que va­len y de lo que pue­den ha­cer. En mi opi­nión, fal­ta mu­cho, pe­ro ca­da vez es un ca­mino con más luz”.

sas en las que tie­nen to­da la ra­zón, y esas crí­ti­cas las to­mo en cuen­ta, cla­ro que sí.

¿Te tras­no­cha el éxi­to?

Creo que a to­dos nos gus­ta ser exi­to­sos en lo que ha­ce­mos, pe­ro ho­nes­ta­men­te, so­lo quie­ro te­ner éxi­to en el tra­ba­jo más im­por­tan­te de mi vi­da, que son mis hi­jos. Es en mi pa­pel co­mo ma­má en el que quie­ro ser la más exi­to­sa.

¿Fun­cio­na tu ra­dar pa­ra de­tec­tar a ese ti­po de gen­te que se acer­ca a ti por in­te­rés?

¡Noooo, ja­más! Yo na­cí con eso da­ña­do. Pe­ro me que­da mi con­cien­cia tran­qui­la, por­que lo que doy lo en­tre­go de co­ra­zón y con la me­jor in­ten­ción, así que no hay reproches y así vi­ve uno tran­qui­lo. Los de­más vi­vi­rán con lo su­yo.

¿Qué te ha­ce man­te­ner los pies so­bre el sue­lo?

Sa­ber que las co­sas ma­te­ria­les no son pa­ra siempre, ni son to­do. Que el re­co­no­ci­mien­to y to­das esas co­sas du­ran mien­tras lle­ga otro u otra más fa­mo­sa, más bo­ni­ta o más ta­len­to­sa. Lo úni­co a lo que uno tie­ne que apos­tar­le es a la fa­mi­lia, por­que es lo úni­co real, du­ra­de­ro y ver­da­de­ro.

Has cons­trui­do una re­la­ción muy lin­da y es­ta­ble con tu es­po­so. ¿Có­mo lo lo­gras­te?

Apos­tán­do­le a lo real. A esa per­so­na que a pe­sar de co­no­cer lo peor de ti, te abra­za y te quie­re en su vi­da. Nues­tra re­la­ción es sin más­ca­ras, fuer­te y ate­rri­za­da.

¿Pla­nean te­ner más hi­jos?

Son di­vi­nos, pe­ro no. Te­ne­mos ‘full hou­se’ con es­tos dos mu­ñe­cos sa­nos y per­fec­tos (pa­ra no­so­tros, ob­via­men­te). Dos ni­ños son su­fi­cien­tes.

¿Có­mo ce­le­bra­rán Na­vi­dad y fin de año?

La Na­vi­dad es­te año se­rá muy dis­tin­ta a la de los de­más, por­que to­do gi­ra­rá al­re­de­dor de los ni­ños y sus ho­ra­rios, que ter­mi­nan a las 8 p. m. En­ton­ces mis pa­pás, mis her­ma­nos, mis so­bri­nos, etc. es­ta­rán en la ca­sa des­de el desa­yuno y no ten­dre­mos ce­na sino al­muer­zo, así que es­te año el Ni­ño Dios lle­ga­rá al me­dio­día y ce­le­bra­re­mos la fe­cha du­ran­te to­do el día. El 31 se­rá igual.

Laura, con top nu­de de Johan­na Ru­biano,y fal­da do­ra­da de Johan­na Or­tiz. He­le­na, con ves­ti­dode Mo­ni­ke­rias, @ mo­ni­ke­rias­co­lom­bia

Laura, con top y pan­ta­lón ver­dees­me­ral­da de Re­na­ta Lo­zano.El pe­que­ño Ni­co­lás, con sa­co ro­jo y pan­ta­lón a cua­dros de Pi­liCa­rre­ra

Radiante, Laura lu­ce un top de Johan­naRu­biano

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