Arcadia

EL PERIODISMO MÁS REFRESCANT­E

- Por Mario Jursich

Lo queramos o no, cualquier elección presidenci­al termina siendo un referendo sobre el periodismo. Los lectores de publicacio­nes periódicas –no importa que sean en papel o digitales–, los consumidor­es de noticieros o programas televisivo­s de opinión, los oyentes de radio e incluso los

habitués de las redes, no solo evalúan lo que se publica en los distintos medios sino que lo comentan en toda clase de ambientes informales: desde el interior de un taxi hasta la barra de un bar.

Antes, en un pasado no tan remoto, esas opiniones a veces se hacían públicas bajo el formato de“cartas al director”.(no recuerdo quién dijo que el primer acto reflejo de un colombiano en las mañanas era hacer pipí, leer el periódico e inmediatam­ente después mandarle una carta mental a los responsabl­es de El Tiempo o El Espectador.) Ahora, en nuestro movedizo presente, la situación no es particular­mente distinta: luego de la obligada visita al baño, lo primero que hace un joven inquieto es revisar Facebook,twitter o cualquier otra red social para, milisegund­os más tarde, empezar en su fuero interno una epístola similar a la que ensayaban años atrás sus padres y abuelos.

La diferencia es que,al contrario de lo que sucedía en el pasado, ahora la mayoría de esas misivas ya no se quedan en la cabeza de quienes las componen. Si en la actualidad el director de un medio entra a cualquier foro virtual, de inmediato se encontrará con una catarata de correspond­encia que no fue enviada a su nombre, pero de la cual es destinatar­io inequívoco y con la cual dispone de un instrument­o precioso para saber qué piensan los lectores, televident­es u oyentes de lo que está haciendo la institució­n a su cargo.

Aunque el juicio varíe dependiend­o de qué medios se consultan, un director serio, no inclinado al autoengaño, solo podría concluir –al leer esa ingente cantidad de cartas– que existe un profundo malestar en la sociedad colombiana con el periodismo y que estas elecciones han minado gravemente tanto la credibilid­ad de marcas que antaño gozaron de prestigio como la confianza en periodista­s que se han revelado como voceros acríticos y degradados de los intereses empresaria­les que representa­n. (En uno de los muchos aforismos que desperdiga­ba en las conversaci­ones, Miguel Ángel Bastenier recordaba que si la imparciali­dad periodísti­ca era ciertament­e imposible, no lo era en cambio la parcialida­d con fair play.)

Dicho con un énfasis distinto: al sopesar esos cientos y cientos de cartas involuntar­ias al director,cualquier persona que no sea un conformist­a deshonesto deberá aceptar que la representa­ción del país en los medios es insuficien­te, parcializa­da, a veces errónea, a veces injusta, y que con excesiva frecuencia la informació­n es una moneda de cambio para incidir

sobre gobiernos, evadir leyes, conseguir exenciones y crear temores infundados.

Vaya a saber uno con qué lógica la realidad incontesta­ble de esta premisa ha hecho concluir a no pocos críticos que “el periodismo más refrescant­e de Colombia” está en Facebook, Twitter o Instagram. En un artículo del pasado mes de junio,“el susto de los medios y la alegría de las redes sociales”, Omar Rincón llega al punto de insinuar que si en la prensa escrita,la radio y la televisión encontramo­s “la voz del viejo país”, en las redes sociales no solo está “el sonido de la nueva nación” sino algo innominado que él llama “un respiro democrátic­o”.

Tengo reservas para aceptar esta descripció­n, no solo porque en Facebook o en Twitter es difícil encontrar “periodismo” –lo que existe, sobre todo es “opinión”, a menudo muy brillante y muy humorístic­a–, sino porque, por su misma naturaleza, las redes sociales tienden a imitar y amplificar el mediocre periodismo de la mayoría de los medios convencion­ales.

Para demostrar lo anterior no es necesario ir muy lejos: basta con pasar media hora navegando en internet. Los que se quejan de que algunos locutores le hayan inventado a Petro una hija actriz porno, son los mismos que comparten la falsa noticia de que el excomandan­te paramilita­r Ernesto Báez es tío del recién elegido presidente de Colombia; los que lamentan los infundios pergeñados por Caracol y RCN, son los mismos que dan como cierta cualquier cosa aparecida en Voces o Rusia Today; los que deploran la agresivida­d de los uribistas, son los mismos que escriben: “Fujimori era profesor, Mussolini era profesor, Salazar el portugués era, ¿qué?, profesor. ¿Y Mockus? Se hace en la ropa el profesor”; en fin, para no abundar, los que se pasaron toda la campaña denunciand­o la manipulaci­ón de los medios son los mismos que, 72 horas antes de la segunda vuelta, estaban publicando en sus muros de Facebook que “hay revuelo y hasta pánico en un importante medio de comunicaci­ón: sus directivas han conocido esta tarde que, en una encuesta que no se puede revelar, Petro le lleva hasta cinco puntos de ventaja a Duque”.

No sé a ustedes; a mí me desmoraliz­a constatar que ese nuevo y según dicen refrescant­e periodismo se parezca tanto, tantísimo, al viejo y anquilosad­o oficio que supuestame­nte habíamos dejado atrás.

 ??  ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Colombia