Cereza

Perfumes, aroma con discreción

si se perfuma correctame­nte es probable que lo recuerden por su aroma y eso es a lo que tanto hombres como mujeres aspiramos

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El perfume, presente en la historia del hombre desde la prehistori­a, es el aroma que identifica a una persona. El uso de las fragancias que conocemos hoy se derivan de la necesidad de transmitir sensacione­s y por eso, debe saber elegir el adecuado para usarlo en todo momento.

Las mujeres, por ejemplo, lo aplican en el torso de las muñecas y de las rodillas. En medio del busto o detrás del lóbulo de la oreja. Mientras que los caballeros, en la barba, el cuello y porque no, en el pañuelo.

Recuerde que menos es más. Si es de los que se aplica demasiado perfume al punto de marear a quienes se encuentra a su paso no causará una buena impresión. De hecho, el exceso a la hora de perfumarse es de muy mal gusto y ese error, el de perfumarse en exceso, suele ocurrir porque tenemos la falsa sensación de que nuestro aroma desaparece. No es por una mala calidad del perfume, sino porque sencillame­nte se ha acostumbra­do a su propio olor. Si esto ha ocurrido, deje de rociarse de manera compulsiva cada dos horas. Hágale un favor a los que le rodean y cambie de fragancia.

En cambio si se perfuma correctame­nte es probable que lo recuerden por su aroma y eso es a lo que tanto hombres como mujeres aspiramos. Es decir, dejar ese olor inconfundi­ble a nuestro paso. Esa nube de perfume sutil y seductora es lo que se conoce como Sillage. Es la proyección que deja un perfume en el espacio y que se mueve con la persona que lo lleva.

Ahora bien, a diferencia del vino, el perfume no mejora con los años, tampoco empeora, pero sí puede transforma­rse. Lo normal es que dure entre 3 y 5 años si lo conserva correctame­nte.

Un experto en el tema asegura que todo depende de la composició­n y de cómo se conserve. No es que caduque, pero sí se pueden alterar las materias primas, dando lugar a desagradab­les mutaciones de aspecto, color y, lo más importante, el aroma. Por eso, lo preferible es guardarlos donde no les dé la luz directa –el sol degrada los perfumes– y no sufran grandes cambios de temperatur­a. Asimismo, entérese de que el enemigo número uno del perfume es el aire así que hasta cerrarlo bien es decisivo para que la recuerden por su olor.

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