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MONTOYA

Don Juan - - Sumario -

La Toya se de­jó un­tar ar­ci­lla ro­ja en el cuer­po pa­ra es­tas fo­tos es­pec­ta­cu­la­res de Her­nán Puen­tes en la in­men­si­dad del de­sier­to de la Ta­ta­coa.

LA TOYA, MA­RÍA VIC­TO­RIA, CO­MO PO­COS LA CO­NO­CEN, ES SAMA­RIA, AMAN­TE DE LA NA­TU­RA­LE­ZA, DE LOS VIA­JES Y DEL SU­SHI. SUE­ÑA CON DE­JAR TO­DO E IR­SE DE VIA­JE POR EL MUN­DO EN UN VE­LE­RO. ES­TU­DIÓ PU­BLI­CI­DAD, ES PRE­SEN­TA­DO­RA, MO­DE­LO Y AHO­RA YOU­TU­BER. NOS FUIMOS HAS­TA EL DE­SIER­TO DE LA TA­TA­COA PA­RA TOMAR­LE ES­TAS FO­TOS DE AN­TO­LO­GÍA.

Cuan­do era ni­ña que­ría ser bo­xea­do­ra, pe­ro cla­ra­men­te no se me dio [risas].

Mi in­fan­cia es el mar. Yo cre­cí ju­gan­do en la ca­lle, cre­cí yen­do to­dos los días a la pla­ya, cre­cí co­mo si la ciu­dad fue­ra el pa­tio de mi ca­sa. Cre­cí li­bre.

Ca­da vez que vuel­vo a San­ta Mar­ta ten­go que ir al Tay­ro­na. En el co­le­gio no era tan jui­cio­sa, no era tan bue­na bue­na [risas]. Pe­ro es que en el co­le­gio lo que la gen­te ha­ce es mal­da­des. Co­sas de chi­qui­tos.

El via­je, o los via­jes, que re­cuer­do de chi­qui­ta eran los que ha­cía­mos con mi fa­mi­lia a Ve­ne­zue­la. Nos íba­mos en ca­rro por to­do ese país. Me acuer­do de Is­la Mar­ga­ri­ta. Eran otras épo­cas.

En Ibi­za, don­de vi­vo ha­ce va­rios años con mi no­vio, mi plan fa­vo­ri­to es dis­fru­tar la na­tu­ra­le­za, las pla­yas, la co­mi­da. Soy fe­liz vi­vien­do ahí. La gen­te cree que Ibi­za es so­lo fies­ta, pe­ro no es tan así.

El via­je más ex­tre­mo que he he­cho, apar­te de mi ex­pe­rien­cia en don­de es­tu­ve 53 días sin co­mer [risas], fue cuan­do ca­mi­né por sie­te días por los An­des pe­rua­nos.

Fue tan du­ro que el guía me di­jo que si me que­da­ba quie­ta me iba a mo­rir de hi­po­ter­mia. Así que no ha­bía op­ción de pa­rar a sen­tar­me a llo­rar [risas].

En mi ma­le­ta, cuan­do voy de via­je, nun­ca pue­den fal­tar unos za­pa­tos có­mo­dos pa­ra ca­mi­nar, ca­mi­nar y ca­mi­nar. Uno no pue­de ir a co­no­cer un país con unos za­pa­tos in­có­mo­dos.

Siem­pre tra­to de no ir a los lu­ga­res tu­rís­ti­cos. Tra­to de bus­car a al­guien lo­cal pa­ra que me dé tips y así en­ten­der la cul­tu­ra real de los si­tios que vi­si­to. Y cla­ro, lo me­jor, a ve­ces, es per­der­se.

La co­mi­da más ra­ra que he pro­ba­do fue en el Ama­zo­nas ecua­to­riano. Es­ta­ba pre­sen­tan­do un pro­gra­ma y tra­té de pro­bar un gu­sano que se lla­ma chon­ta­cu­ro, no pu­de. ¡Se los co­men vi­vos!

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El ca­lor en el de­sier­to de la Ta­ta­coa fue te­rri­ble. Y eso que no hi­zo tan­to sol co­mo nor­mal­men­te ha­ce. Allá hay que es­tar tran­qui­li­tos de 12 del día a cua­tro de la tar­de, es­tar­se muy quie­ti­co [risas].

Quie­ro ex­plo­rar Co­lom­bia. Y des­pués del pro­ce­so de paz creo que se abrie­ron mu­chos lu­ga­res inex­plo­ra­dos que te­ne­mos que co­no­cer.

Mue­ro por ir a Ciu­dad Per­di­da. Soy sama­ria y me da tris­te­za de­cir que no he ido. Es­te año voy sí o sí.

La pri­me­ra vez que es­tu­ve en una pa­sa­re­la fue en unos even­tos que hi­cie­ron en el co­le­gio, pe­ro en ese mo­men­to no me gus­ta­ba pa­ra na­da. ¡Nun­ca so­ñé con ser mo­de­lo! Pe­ro al fi­nal le fui co­gien­do ca­ri­ño.

Yo odio los pe­lu­ches, osos, cual­quier ti­po de mu­ñe­co, no me gus­tan na­da. Una vez me die­ron un oso y me to­có fin­gir que me pa­re­ció di­vino. Y eso que soy la más ro­mán­ti­ca y su­per­cur­si pa­ra al­gu­nas co­sas, pe­ro los pe­lu­ches si no [risas].

Ten­go dos rit­mos de mú­si­ca pre­fe­ri­dos: la sal­sa y el reg­gae. Soy fan de Bob Mar­ley.

¡Ten­go que ir a Ja­mai­ca! Ese es un pa­seo que ten­go que ha­cer, ir a ver la ca­sa de Bob Mar­ley, a ver de dón­de vino to­da su ins­pi­ra­ción.

La men­ti­ra pia­do­sa que más di­go es cuan­do me in­vi­tan a sa­lir. Por la tar­de siem­pre di­go que sí voy, y ya cuan­do lle­ga la no­che me in­ven­to cual­quier co­sa. Di­go mu­chas men­ti­ras pa­ra no sa­lir de fies­ta [risas].

Eso sí, cuan­do sal­go de fies­ta, de ver­dad, to­mo aguar­dien­te. Y cuan­do es­toy por fue­ra, si no ven­den aguar­dien­te, to­mo mez­cal. Los tra­gos que me to­mo me los to­mo so­li­tos, co­mo son.

¡Soy claus­tro­fó­bi­ca! Su­fro cuan­do me abra­zan mu­cho tiem­po, cuan­do voy en un as­cen­sor.

Ha­ce seis años que soy pes­ce­ta­ria­na. So­lo co­mo pes­ca­do y ma­ris­cos. Pe­ro de re­pen­te si me ofre­cen un ja­món de be­llo­ta y me pro­vo­co, me lo co­mo. Soy ce­ro ra­di­cal [risas].

Po­dría co­mer to­do el tiem­po su­shi.

Mi sue­ño de to­da la vi­da es man­dar to­do al ca­ra­jo e ir­me a re­co­rrer el mun­do en un ve­le­ro.

Ten­go mu­chas, mu­chí­si­mas mo­chi­las, des­de chi­qui­ta. Aho­ra creo que ten­go unas 46.

Soy bas­tan­te hi­po­con­dría­ca, ten­go que con­fe­sar­lo. Pe­ro lo chis­to­so de mi hi­po­con­dría es que no ha­go na­da al res­pec­to [risas].

F OTO G R A F Í A HER­NÁN PUEN­TES Asis­ten­te de fo­tog­rAfíA: dA­vid tru­ji­llo // MA­qui­llA­je cor­po­rAl, MA­qui­llA­je y pe­lo: juAn dA­vid ro­jAs // pro­duc­ción: isA­bel gonzález y lAu­rA Mo­reno // MA­nA­ger: irMA Aris­ti­zA­bAl [email protected] // AgrA­de­ciMien­to: Ho­tel...

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