EL DÍA DE LA IN­MA­CU­LA­DA CON­CEP­CIÓN

El Colombiano - - OPINIÓN - Por CARLOS AR­TU­RO PA­BÓN

El nom­bre del Día de la In­ma­cu­la­da Con­cep­ción se ha ido di­lu­yen­do año tras año pa­ra dar paso a la co­lo­quial de­no­mi­na­ción de Día de las ve­li­tas, el cual se ha con­ver­ti­do en un car­na­val de lu­ces de es­per­ma, más inofen­si­vas que la ex­plo­si­va y atur­di­do­ra pól­vo­ra, pe­ro no por ello exen­ta de cui­da­dos, ya que en es­te tra­di­cio­nal día, en el cual ce­le­bra­mos la con­cep­ción de la san­tí­si­ma Vir­gen, son los ni­ños quie­nes más dis­fru­tan en­cen­dien­do ve­las y re­co­gien­do es­per­ma pa­ra ha­cer bo­las, lo que ha­ce ne­ce­sa­rio pres­tar vi­gi­lan­cia pa­ra evi­tar una tra­ge­dia, pues no son po­cos los ac­ci­den­tes en los cua­les el ori­gen ha si­do una ve­la o ve­la­do­ra mal pues­ta o mal ma­ni­pu­la­da. Ojo pues con los ni­ños y que el ho­me­na­je a la Vir­gen trans­cu­rra en paz y amor

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