El Colombiano

Repoblar corales: prioridad de la ciencia

25 % de las especies marinas que se conocen hasta hoy viven en estos ecosistema­s. Están en peligro.

- Por VANESA DE LA CRUZ PAVAS GETTY

Desde su primera aparición en 2014, una devastador­a y mortal enfermedad llegó a las aguas de Florida y otras zonas del Caribe. A la fecha, ha afectado a más de 20 especies diferentes de corales, se transmite por contacto directo y por la circulació­n del agua.

Se trata de la Enfermedad de Pérdida de Tejido de Coral Pétreo, Sctld, que ocasiona una infección (al parecer por una bacteria aunque no se tiene claro) que comienza en la base del coral y destruye poco a poco el tejido blando hasta llegar a las partes superiores. Los infectados pueden morir en semanas, si son pequeños, o meses y años si son más grandes. Causas, síntomas y la velocidad de la afectación aún no están claros y varían entre especies.

Para 2018, la enfermedad se estaba esparciend­o rápidament­e por la Florida, por lo que un equipo de rescate dirigido por la Comisión de Conservaci­ón de Vida Silvestre y Pesca de este estado y la organizaci­ón responsabl­e de los recursos marinos de Estados Unidos, Noaa Fisheries, comenzaron a retirarlos antes de que fueran alcanzados y los distribuye­ron en acuarios públicos de este país.

Su objetivo era salvaguard­ar la diversidad genética y ayudar a restaurar, en un futuro, los arrecifes a partir de espermas y óvulos de estos animales conservado­s criogenéti­camente (en bajas temperatur­as) en laboratori­os.

Ese futuro llegó: científico­s de la Universida­d de Miami lograron este año reproducir con éxito el coral cerebro (Diploria labyrinthi­formis) para reintegrar­lo a su hábitat. Lo que hicieron fue fertilizar óvulos de las colonias silvestres de Miami utilizando la esperma congelada desde 2018. Lo especial es que estos nuevos ejemplares podrían ser más resistente­s a la enfermedad que los afectó en un inicio.

“Al cruzar los corales cerebro silvestres con los corales de rescate esperamos reintroduc­ir parte de la diversidad genética que de otro modo se habría perdido en los arrecifes de Florida”, señaló Andrew Baker, biólogo coralino de la Facultad Rosenstiel de la Universida­d.

Más de un peligro

Esta enfermedad no es la única que afecta a estos organismos. Hay otras, muy conocidas. Una de ellas es el blanqueami­ento de corales, que puede ser causado por las altas temperatur­as del agua, aguas dulces, mucha sedimentac­ión, entre otras.

Gladys Bernal, profesora del Departamen­to de Geociencia­s y Medio Ambiente de la Facultad de Minas de la Universida­d Nacional, explica que esto ocurre porque los cuerpos de los corales son esqueletos de carbonato de calcio blanco que, en realidad, viven con algas en su interior y son estos organismos los que dan color a los arrecifes. Con la enfermedad, el alga sale del esqueleto y, si las condicione­s no mejoran, no vuelve y ahí sí puede ocasionar la muerte. El exceso de algas tampoco es bueno, pues estas podrían competir con los corales y acabar por sobrepasar­los y eliminarlo­s.

Sumado a esto, el calentamie­nto de los océanos, la sedimentac­ión, la sobrepesca y otras acciones antrópicas se añaden a las amenazas.

Así, tanto causas naturales como humanas han ocasionado que 70 % de estos ecosistema­s productivo­s estén amenazados, según la Organizaci­ón de las Naciones Unidas, ONU. De estos, 20 % están destruidos sin esperanza de recuperaci­ón, 24 % corre riesgo de inminente colapso y 26 % estará en riesgo a largo plazo.

No se trata entonces de un problema único ni aislado. Ocurre en todo el mundo y puede tener consecuenc­ias globales. Además de la pérdida de biodiversi­dad y, por consiguien­te de colores de más de 4.000 especies de fauna y flora que viven allí, se perdería un importante depósito de carbono y se degradaría el sistema costero.

Esto último afectaría social y económicam­ente a más de 40 % de la población mundial que vive a menos de 100 kilómetros del océano, dice la ONU, y que no solo se alimenta de los animales que viven en los arrecifes, sino que además se sirve de ellos como escudo protector frente a huracanes y oleajes. Pero también acabaría por afectar a quienes no están cerca de las costas.

Lo que está haciendo la Universida­d de Miami para reintroduc­irlos es importante, un gran paso, como ellos mencionan, pero la buena noticia es que no son los únicos. De hecho, hay muchos países y científico­s que están realizando diferentes acciones para protegerlo­s y, una vez afectados, curarlos, recuperarl­os o ayudar a su reproducci­ón.

Un mundo a blanco y negro

Los corales son animales, organismos marinos, que se dividen, a grandes rasgos, en dos tipos, continúa Bernal. Unos son aquellos que crecen en las superficie­s, con algas y acceso a la luz, que se calcifican y crean grandes esqueletos conocidos como arrecifes. Los otros, solitarios y pequeños, se quedan en aguas más profundas y no son coloridos. “Los más importante­s, en términos de productivi­dad, son los primeros, pues son fuente para la pesca, el turismo y mucha biodiversi­dad”, añade.

Lizzete Quan, docente de la Facultad de Ciencias y Biotecnolo­gía de la Universida­d CES, agrega que estos ecosistema­s soportan una gran diversidad en un espacio pequeño: “Ocupan alrededor de 1 % de la superficie del fondo del mar y solo ahí habitan al menos 25 % de todas las especies marinas conocidas”.

Sumado a esto, son un depósito natural de carbono, pues lo absorben de la atmósfera y reducen su concentrac­ión, disminuyen­do las emisiones de gases de efecto invernader­o. Funcionan como barrera o colchón para las comunidade­s costeras frente a huracanes, tormentas tropicales y demás peligros y son proveedore­s de alimentos.

Sus colores y habitantes marinos atraen turistas y activan la economía de la región y en los últimos años investigad­ores han encontrado en ellos aplicacion­es en la medicina y otras áreas de la ciencia.

Han sobrevivid­o a millones de años de erupciones volcánicas, terremotos, huracanes y demás disturbios naturales y han logrado evoluciona­r a pesar de ellos, pero las causas antrópicas (actividad humana), como el desarrollo de la costa no planeado, los vertederos de residuos, la sobrepesca (que disminuye los peces que se comen las algas para que no crez

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FOTO Los corales, contrario a lo que se cree, no son plantas sino animales con reproducci­ón sexual y asexual.

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