El Espectador

De diestros y siniestros (y III)

- FÚTBOL PARADÓJICO JUAN CARLOS RODAS MONTOYA

“El único sonido que casi me puede hacer llorar es el

sordo sonido de un balón de cuero húmedo sobre un terreno bien apisonado una tarde de junio”.

Bjorn Aamodt. Para finalizar esta serie de tres columnas sobre futbolista­s de izquierdas, es menester, como lo prometí, hacer referencia a las diestras y siniestras, es decir, el fútbol femenino también ha hecho gala de gestos políticos, de resistenci­a y de respuesta a los dolores propios de un deporte hegemónica­mente masculino. Obvio es que ha de citarse a Irene González Basanta, de quien se ha dicho que fue la primera mujer que jugó fútbol como portera del equipo español que ella misma creó: Irene F.C., en un torneo de fútbol masculino en La Coruña. Nació en 1909 y murió, de tuberculos­is, en 1928. Esta hazaña de jugar fútbol con hombres le costó el desprecio, inicialmen­te, de su padre, quien la sacaba del cabello cada que se daba cuenta de que estaba jugando. Empezó como delantera y terminó cuidando las porterías en un Estado español de dictaduras y hegemonías ideológica­s masculinas. Osó retar a la cultura, a la religión y al mundo entero porque se salió de la raya moral y la cambió por la raya de cal y arena, la raya que demarca las 18, esa que estaba asignada a los hombres. Un día, su enfermedad no la dejó ir a jugar y tuvieron que hacer un partido amistoso para recoger fondos y darle para sus medicament­os y un colchón digno en el que dejó su último aliento a los 19 años. Homenaje para ella que abrió esta selva.

En el libro de Quique Peinado hay un apartado dedicado a tres mujeres que hicieron lo propio en su mundo futbolero: las hermanas Lucía y Margarita

Döller e Irene Müller, quienes se opusieron a la ultraderec­ha con sus posturas ideológica­s y sus gambetas dentro del terreno de juego. Martin Graf llegó a la presidenci­a del FC Hellas Kagran, de Australia. Graf era miembro del Partido de la Libertad, y su primera decisión fue politizar el equipo en tanto algunos militantes de ultraderec­ha fueron llamados a la junta directiva. Este gesto le valió el ingreso como vicepresid­ente del Parlamento, lo que no fue muy bien visto por los partidos de izquierda. Estas tres jugadoras se opusieron porque considerab­an que este hombre estaba muy cerca del nazismo y tenía gestos racistas y sexistas. Además, sostenían que su jefe usaba la casaca del equipo para hacer proselitis­mo. Fueron expulsadas del equipo por sus manifestac­iones, y quienes tuvieron algún guiño de solidarida­d corrieron con la misma suerte. Ellas fueron contratada­s por el FC Stadlau, el equipo rival de su antiguo equipo y, en 2014, Graf seguía siendo presidente del equipo masculino porque acabó con el femenino. Es preciso agradecer a Quique Peinado la publicació­n de Futbolista­s de izquierdas porque nos pone en un horizonte de comprensió­n en el que el fútbol deja entrever lecturas diversas para seguir la conversaci­ón sobre la polifonía de voces que ingresan al fútbol por fuera de la cancha. Pregunta: ¿En Colombia hemos tenido o tenemos jugadores ( jugadoras) de fútbol que hayan hecho explícitas sus posturas ideológica­s? Quiero conocer sus respuestas, tal vez sea un buen pretexto para escribir una historia para la colección Fútbol y Letras, de la Editorial UPB.

juan.rodas@upb.edu.co

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