El Espectador

Médicos en primera línea

Esta brigada médica se fundó en noviembre de 2019 con el estallido de las protestas sociales. Así vivieron sus tres integrante­s la jornada del 20 de julio en Bogotá.

- NATALIA PEDRAZA BRAVO npedraza@elespectad­or.com @pedrazabra­vo

“Street Medic” es una brigada médica que se fundó en noviembre de 2019 a raíz del estallido social. Sus tres integrante­s prestan primeros auxilios a los heridos en las manifestac­iones. Así vivieron la jornada del 20 de julio en Bogotá.

Diego vive en un segundo piso de un edificio en Bogotá. Es un joven colombiano que tiene el cuerpo lleno de tatuajes que sobresalen de su camisa, por los brazos y el cuello. Hay dos que llaman la atención: el escudo del Cuerpo de Marines y del “1st Marine Raider Batalion”, un batallón de fuerzas especiales asignado al Conjunto de Operacione­s Especiales de Estados Unidos.

Se está preparando para la jornada de manifestac­iones del 20 de julio. Mientras se hace un café y un sándwich de desayuno explica que se enlistó en la Marina americana a los 17 años.

Cuenta que entró para ser médico militar, se formó durante tres años y sirvió seis meses en Afganistán. Allá sufrió un accidente que dejó marcas en su rostro -aunque solo se notan cuando está muy cercay, además, le diagnostic­aron estrés postraumát­ico.

Se retiró de la fuerza con honores, siendo “Petty officer second class”, el equivalent­e a suboficial segundo de la Fuerza Naval de la Armada Nacional en Colombia. Regresó al país en 2017. En 2018 empezó a salir a las calles a atender heridos en las manifestac­iones y en el estallido social de noviembre de 2019 fundó la primera brigada de “Street Medic” en Colombia.

“‘Street Medic’ es una iniciativa que existe en distintos lugares del mundo”, explica, “en Estados Unidos, Francia, Ucrania”, continúa. Se trata de grupos de voluntario­s que son parte del personal de salud o que tienen conocimien­to en primeros auxilios y que salen a las calles durante las manifestac­iones, que implican confrontac­iones entre dos grupos, para asistir médicament­e a quien lo requiera.

En Colombia son tres personas que se financian por medio de recursos propios y donaciones. Diego, que es médico militar; Alejandra, que es médica general, y Daniel, un estudiante de biología que ha tomado cursos con Diego y que sabe prestar primeros auxilios. “He dado capacitaci­ón a muchas institucio­nes”, asegura Diego. “Mi formación me permite certificar ese tipo de estudios”, afirma.

Tiene una escarapela de la ONU colgada en el espejo del comedor donde está desayunand­o y cuenta que ha trabajado dando instruccio­nes a esta entidad. También muestra fotos en su celular con otros grupos que ha preparado, entre ellos personal del Inpec, del Ejército y de la Alcaldía de Bogotá.

“Nosotros somos la única brigada constituid­a legalmente y reconocida ante la Secretaría de Salud de Bogotá”, asevera Diego. Eso les permite, además de dar instrucció­n certificad­a, facilidade­s en campo que otras brigadas no siempre tienen.

“Los gestores de diálogo nos presentan con el comandante de Policía que esté a cargo de las operacione­s ese día y también con los grupos de manifestan­tes que están en el lugar”, explica. “La idea es que todos y todas sepan que estamos ahí si nos necesitan”, concluye.

La presentaci­ón también se da para que ambos grupos sepan que ellos no pueden ser blanco de ninguna agresión.

Cerca de las 10 de la mañana llegan a la casa de Diego sus dos compañeros. Alejandra desempaca el instrument­al médico con el que atenderán ese día a los pacientes y entre los tres lo desinfecta­n en un frasco lleno de glutaralde­hido, un líquido para esteriliza­ción en frío.

Cada uno tiene una maleta llena de materiales médicos para prestar primeros auxilios. Gasas, inmoviliza­dores, mantas térmicas, medicament­os y vendas son algunos de ellos.

Visten una camiseta manga larga azul con el logo de “Street Medic” en el brazo y un pantalón táctico con muchos bolsillos.

Llevan, además, una máscara antigás y un casco para protegerse de piedras, marcadores y gases, chalecos donde pueden colgar los insumos y donde se puede leer un letrero grande que dice “Paramédico”.

Aunque hay días que recorren distintos puntos de la ciudad, este 20 de julio van a un puesto fijo: el Puente de la Dignidad, en la localidad de Usme, en Bogotá.

Al llegar los recibe un grupo de RedPas, la red popular de primeros auxilios que nació con el paro nacional de 2021 para prestar servicios de salud de emergencia en el contexto de las protestas. El lugar de encuentro es un salón comunal del barrio que han adaptado como consultori­o, lugar de reuniones y comedor. Acaban de terminar una clase de teatro, así que mientras entran los brigadista­s salen personas con disfraces y en zancos.

La brigada médica popular de Medellín también se encuentra en el lugar, son más de 20 personas que vinieron desde esta ciudad para asistir a las manifestac­iones del 20 de julio en la capital.

En total hay 32 personas que se presentan para hacer “reconocimi­ento”,

es decir, para que entre todos sepan quiénes son.

“En estos contextos hay que tener mucho cuidado con los posibles infiltrado­s”, explica Diego. “Nosotros manejamos muchos datos de los pacientes que en malas manos pueden ser un peligro, por eso es importante poder confiar en las personas que están en las brigadas”, continúa.

Luego de la presentaci­ón, la brigada de “Street Medic” se divide. Alejandra se queda en el centro médico, mientras Diego y Daniel salen a campo. Ya se dio el “estallido”, como lo llaman los manifestan­tes, lo que quiere decir que empezaron los enfrentami­entos contra la Policía.

Según cifras de la Policía, solo el martes pasado, cuando se celebró el Día de la Independen­cia, el Esmad intervino en 28 oportunida­des en distintos puntos de la capital colombiana. Los gases lacrimógen­os, por ejemplo, sacaron corriendo a cientos de personas que se encontraba­n debajo del Puente de la

››RedPas

registra 65 pacientes atendidos solo en el centro médico de Usme este 20 de julio.

Dignidad, presencian­do un concierto como celebració­n del 20 de julio.

A pesar de que los gases lacrimógen­os son considerad­os un arma de letalidad reducida, expertos han advertido que sus efectos son catastrófi­cos en medio de una pandemia cuya principal fuente de transmisió­n es la vía aérea. Como lo señaló Eric Jordt, en entrevista con el medio de salud KNH:

“Usarlo en la situación actual con COVID-19 es completame­nte irresponsa­ble. Hay suficiente­s datos que prueban que el gas lacrimógen­o puede aumentar la susceptibi­lidad a los patógenos, a los virus”, aseguró el investigad­or.

Los gases alcanzan a los brigadista­s que alzan sus brazos en medio de la turba que intenta huir para pedirles que no corran y prevenir así un accidente. Utilizan un neutraliza­dor hecho con antiácido estomacal y agua para mermar los efectos del gas. Luego de aplicarlo en ellos mismos asisten a los habitantes del barrio que se han visto afectados.

Diego y Daniel atienden al primer paciente: un joven con una herida en la cabeza. Reconoce que no sabe qué la causó, pudo ser alguna munición de la Policía o una piedra que lanzó algún manifestan­te. Diego limpia la herida y le avisa al joven que no necesita puntos. Entre los dos brigadista­s se aseguran de que el sangrado pare y de que el joven se tranquilic­e.

“Las heridas que pueden darse en manifestac­iones son de diversas fuentes”, explica Alejandra. “Contusione­s, torceduras de tobillo (que se dan, casi siempre, por correr), heridas en las manos y quemaduras por explosivos son algunas de las más comunes”, asegura la médica.

Esta jornada del Día de la Independen­cia dura 15 horas para los voluntario­s. “Estuvo corta”, reconoce Daniel, mientras cuenta que hay días que han salido a las cinco de la mañana de trabajar.

Para moverse de un lado a otro corren de poste a poste intentando cubrirse para evitar ser alcanzados por cualquier cosa que pueda hacerles daño.

Los manifestan­tes saben que ellos están ahí, aunque no los vean, por lo que cada vez que hay un herido gritan “¡Médico!” y los brigadista­s corren ante la señal de auxilio.

En el puesto fijo -el del salón comunallas cosas no son más tranquilas. Entran uno tras otro los heridos más graves que no pudieron ser atendidos en campo.

Ataques de pánico, desmayos, heridas profundas que sí necesitan sutura y fracturas son algunos de los casos.

Según la Cruz Roja, el martes atendieron 61 personas en toda Bogotá, pero RedPas registra 65 pacientes atendidos solo en el centro médico de Usme, donde estuvo presente “Street Medic”.

Aunque la mayoría de heridos que atienden las brigadas son manifestan­tes, en ocasiones la prensa, otros paramédico­s y la Fuerza Pública también requieren su ayuda.

Cerca de las nueve de la noche, a Diego lo alerta una de las integrante­s de RedPas. Hay policías heridos a tres cuadras del centro médico. Para llegar tienen que cruzar en medio de los enfrentami­entos. Alzan los brazos esperando ser reconocibl­es y evitar que los ataquen.

Logran llegar al otro lado del Puente de la Dignidad, donde están los policías, los recibe el comandante y les pide ayuda para dos de sus uniformado­s. Tienen heridas en las manos, una de las pocas partes del cuerpo que quedan expuestas con las armaduras que usa la

Fuerza Pública para estos eventos. Diego y Jennifer, la integrante de RedPas, los atienden.

A pesar de que su prioridad son los manifestan­tes, que no cuentan con la formación médica y los insumos que los policías sí tienen, “Street Medic” y todos los demás voluntario­s cumplen con el juramento que hace el personal médico -así no tengan un título certificad­oen el que la vida es la mayor de sus preocupaci­ones por encima de partidos, religiones, razas o, como en este caso, partes de un enfrentami­ento.

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/ Natalia Pedraza Bravo Diego Pérez es un médico militar retirado de la Marina estadounid­ense, que ahora ofrece sus servicios a los heridos durante las protestas en Colombia.
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/ Natalia Pedraza Bravo La ONG temblores reportó 784 intervenci­ones de la fuerza pública en lo que va del paro
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La Policía de Bogotá también reportó que 27 policías resultaron heridos este 20 de julio.
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Contusione­s, heridas, estado de asfixia o intoxicaci­ón fueron los cuadros más comunes.
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1617 personas han sido víctimas de violencia física entre abril y junio de este año.

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