El Espectador

Un poder para el 2024

- ADRIANA COOPER

HAY PALABRAS QUE A VECES SE REPIten. En conversaci­ones o en escenas que vemos en la calle. La de este mes de diciembre ha sido esta: conversar. Todo empezó hace unos días con la llegada de una cajita. Al abrirla, encontré una bolsa con letras en la que se leía: “El capital conversaci­onal”. Adentro había un juego de cartas destinadas a que cada persona escoja una y el lado con el que se siente más cómodo.

Entre esos había uno que me gustó: “Soy capaz de escuchar más allá de las palabras, conectando contextos más amplios”. En otra tarjeta dice: “Cuando escucho, confirmo lo que yo ya sabía”. Fueron creadas por una organizaci­ón llamada Confluye que trabaja desde hace más de 10 años con personas y organizaci­ones para lograr que las conversaci­ones transforme­n lo que existe.

Días después de llegadas las cartas, recibí un bono de regalo para escoger un libro. En medio de todas las opciones que estaban en la estantería había uno que me llamó la atención: El poder de las palabras. Cómo cambiar tu cerebro (y tu vida) conversand­o, escrito por Mariano Sigman, doctor en Neurocienc­ia por la Universida­d Rockefelle­r, de Nueva York. En un principio, creí que se trataba de un libro que repetía lo que se ha dicho tantas veces: la importanci­a de cuidar lo que dices. Cuando empecé a leer entendí que se trataba de algo más profundo: es un recorrido por el mundo de la mente, esa que puede aprender toda la vida, hasta el último día, así nos hayan dicho lo contrario. “Así como concluimos en un segundo si una persona nos parece confiable, también los juicios sobre nosotros mismos son precipitad­os. Para mejorarlos, basta con aprender a conversar, con otros y con nosotros. La conversaci­ón es la herramient­a más extraordin­aria para transforma­r nuestra vida”, dice el autor.

¿Cómo lograrlo? A través de sus páginas, el autor demuestra cómo las palabras que se usan guardan relación con nuestras emociones y las decisiones que tomamos. Ser consciente­s de las que usamos nos permite detectar errores en el razonamien­to y una prueba de esto es el algoritmo de Landauer, que menciona y ha usado para entenderla­s. Conversar en grupos pequeños para resolver problemas y recibir la inteligenc­ia colectiva (aquí se menciona como ejemplo el caso del presidente John F. Kennedy en el caso de Cuba y el Caribe). Hablar con otros para aprender a hablar con nosotros mismos y saber pensar se convierten en una necesidad, en un mundo y en un país polarizado­s.

Mariano Sigman cita a Dan Gilbert, un psicólogo que descubrió que “la mayoría de las conversaci­ones que tenemos con nosotros mismos son tóxicas y la gente se siente menos feliz cuando divaga en conversaci­ones mentales porque estas voces suelen estar cargadas de ansiedad y frustració­n”. Y “nadie nos ha enseñado a ser viajeros en nuestra propia mente”, agrega.

También menciona algo demostrado con experiment­os: “La mente tiene una inercia enorme y le cuesta salir de los barrios en los que se ha asentado”. Cambiar hábitos, tonos y estilo de lo que nos decimos, y estar dispuesto a escuchar a otros a ver qué hay de valioso en eso será un poder en este 2024, si queremos tener un país mejor. Que sea un año 2024 muy bonito para todos los lectores, y gracias por haber estado aquí.

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