El Espectador

Las primeras damas

- MACROLINGO­TES ÓSCAR ALARCÓN NÚÑEZ

INICIADO EL GOBIERNO PETRO COmenzaron las críticas a la primera dama, Verónica Alcocer. Primero, con el vestido el día de la posesión; luego, porque se inmiscuía en algunos nombramien­tos; después, porque su despacho, que legalmente no existe, se llenó de “asesores”. Que se recuerde, el poder que ella ejerce no se había visto jamás en ninguna otra esposa de un jefe del Estado. Pero quizá solo haya una, doña Soledad Román, cónyuge del presidente Rafael Núñez. Y lo tuvo a pesar de que la sociedad mojigata de la época no aceptaba que el mandatario se hubiera casado con ella por lo civil, porque aún sobrevivía su primera esposa, la panameña Dolores Gallego.

Dudó mucho Núñez en traerla a Bogotá por esa circunstan­cia, pero al final tomó la decisión. Los conservado­res amigos de su gobierno la recibieron con beneplácit­o en la estación de la Sabana y los radicales —quién lo creyera—, defensores de la libertad de cultos, no hicieron más que criticarla poniéndole toda clase de epítetos.

Cuando la presentó a las autoridade­s y a lo más prestante de la sociedad de la época en un banquete en Palacio, llegó Núñez al salón de recepcione­s y doña Soledad ingresó de brazo de monseñor José Telésforo Paúl, arzobispo de Bogotá, escena que dio margen para que alguno de los presentes comentara en murmullo: “Están juntos el excelentís­imo, el ilustrísim­o y la grandísima”.

A pesar de todo, ella ha sido, repito, quizá la primera dama que ha tenido más poder en nuestra historia. Quién sabe si hoy le compite la señora Alcocer, que comenzó cambiando las cortinas de Palacio y hoy nombra y desnombra a funcionari­os, además de contar con un séquito de peluqueros y asesores de belleza para posicionar su imagen, que, según medios de comunicaci­ón serios, han costado $1.000 millones.

Ante los nuevos hechos no faltará quien diga: “De las primeras damas líbranos, Dios, que de los presidente­s me libro yo”.

 ?? ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Colombia