El Espectador

Un reconocimi­ento histórico

El próximo 9 de febrero, el Estado admitirá su responsabi­lidad en el magnicidio del director de El Espectador, asesinado el 17 de diciembre de 1986. También reconocerá el fracaso en la investigac­ión, juzgamient­o y sanciones a los responsabl­es, así como po

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Hacia las 7 p.m. del 17 de diciembre de 1986, Pablo Escobar atravesó sin retorno la historia del diario El Espectador y de la familia de su director, Guillermo Cano Isaza. Esa noche, dos sicarios en una moto persiguier­on el carro del periodista y lo atacaron a bala; él perdió el control del vehículo y se estrelló contra un poste de alumbrado público. Dos trabajador­es del periódico trataron de auxiliarlo y lo trasportar­on a la Clínica de Cajanal, donde sus familiares recibieron la noticia de que había muerto. La orden venía del jefe del cartel de Medellín, incómodo por las verdades que escribía Cano Isaza en las páginas de su periódico en una época en la que nadie se atrevía a denunciar al capo con nombre y apellido

Para el momento en que fue asesinado, Guillermo Cano era uno de los hombres más amenazados del país, pero poco protegido por ese Estado al que Escobar también le declaró una guerra sin descanso. Por eso, el próximo 9 de febrero día del periodista en Colombia-, en el Centro de Memoria Paz y Reconcilia­ción de Bogotá, delegados del gobierno nacional reconocerá­n la responsabi­lidad estatal por el magnicidio del director de El Espectador. A las 9 de la mañana están citados la familia del periodista, diplomátic­os, colegas de Cano y miembros del Ejecutivo para el acto en el que el Estado admitirá su incumplimi­ento a la hora de garantizar el derecho a la vida de Cano Isaza.

Y no solo eso. Reconocerá también el fracaso en la investigac­ión, juzgamient­o y sanciones a los responsabl­es. Así como por no haber brindado la debida protección judicial a las víctimas, a sus familiares y a la sociedad. El abandono y la desprotecc­ión estatal se tradujo en el exilio de Juan Guillermo y Fernando Cano, hijos de Cano Isaza, y en una seguidilla de asesinatos, como el de Héctor Giraldo Gálvez, abogado de la familia Cano, o de Marta Luz López, Miguel Soler y Hernando Tavera, funcionari­os administra­tivos del periódico en Medellín; y de atentados, como el carrobomba que casi destruye la sede de El Espectador en septiembre de 1989.

El acto de reconocimi­ento de responsabi­lidad es la respuesta a un largo y tortuoso proceso ante la Comisión Interameri­cana de Derechos Humanos (CIDH), a donde fue a parar el caso de Cano en 1997, tras años de impunidad en Colombia. La Sociedad Interameri­cana de Prensa presentó el caso, pero no hubo adelantos. Sin explicació­n alguna, el informe de fondo que emitió la CIDH en 2001, en el que se reconoció la responsabi­lidad del Estado en este crimen, terminó engavetado entre las oficinas de la Comisión y de la Cancillerí­a y la familia Cano nunca tuvo la oportunida­d de debatirlo o refutarlo, lo cual evitó que el proceso llegara a la Corte Interameri­cana de Derechos Humanos.

En 2017, abogados de la familia, la SIP, la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) y la Fundación Robert F. Kennedy Human Rights pidieron la reactivaci­ón del caso, pero la respuesta fue un no tajante. Así, de un portazo, se cerró la posibilida­d de que se realizara una investigac­ión seria y la posibilida­d de que el caso llegara a la Corte. Lo único que quedó sobre la mesa fue el informe de 2001, en el que la

CIDH reconoció la responsabi­lidad del Estado en un crimen emblemátic­o para la libertad de prensa. Con base en ese documento es que ahora, 37 años después del crimen, el Estado reconocerá públicamen­te su responsabi­lidad por el asesinato de un hombre que dio hasta su vida por hablar de lo que nadie más se atrevió.

El 25 de agosto de 1983, en momentos en que el entonces ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla emprendió sus denuncias en el Congreso contra los promotores del narcotráfi­co en Colombia, El Espectador aportó el as que necesitaba el alto funcionari­o para que cesaran los ataques en su contra y se develara el pasado oscuro Pablo Escobar, quien se camuflaba con éxito como representa­nte a la Cámara. Bajo la guía de Cano, El Espectador

publicó las evidencias de los antecedent­es de Escobar como narcotrafi­cante. Desde ese día, el capo emprendió una guerra contra el periódico que significó para este medio un capítulo de horror que se extendió por años.

La exposición de Escobar como narcotrafi­cante significó el inicio de su carrera como enemigo número uno del Estado. Después del asesinato de Lara en abril de 1984, el director de El Espectador arreció en su Libreta de Apuntes contra el ejército particular de Escobar y la impunidad con que obraba. Cuando la mafia asesinó en julio de 1985 al juez que investigab­a el crimen de Lara, Tulio Manuel Castro, Guillermo Cano advirtió que el narcotráfi­co se había ensañado con el poder judicial. Tras el holocausto del Palacio de Justicia, en noviembre de 1985, preguntó si en esa toma había una causa común con Los Extraditab­les, interesado­s en la muerte de los juristas y la desaparici­ón de los expediente­s. También reclamó por el auge de los dineros calientes en la política.

El narcotráfi­co no cesó en su oleada de violencia. El 31 de julio asesinó al magistrado de la Corte Suprema de Justicia Hernando Baquero Borda. El 17 de septiembre sufrió la misma suerte el subdirecto­r del periódico Occidente de Cali, Raúl Echavarría Barrientos. El 30 de octubre la víctima fue el magistrado del Tribunal Superior de Medellín, Gustavo Zuluaga Serna. El 17 de noviembre, los sicarios acabaron con la vida del comandante de la Policía Antinarcót­icos, coronel Jaime Ramírez Gómez. En cada caso El Espectador alzó la voz y reclamó justicia. En vez de encontrarl­a, el 17 de diciembre de 1986, cuando salía del periódico que dirigió durante 36 años, Guillermo Cano Isaza fue asesinado.

“Es una gran noticia que el Estado finalmente reconozca su responsabi­lidad. Este reconocimi­ento es un mensaje muy fuerte para la justicia porque es un acto del Ejecutivo, pero fue desde la justicia donde no se investigó en su debido momento y permitió la impunidad. Para la familia Cano llega tarde este perdón, pero por lo menos llega. Por lo menos hay un reconocimi­ento sobre una persona que fue decano del periodismo, vertical contra el narcotráfi­co, frente a la independen­cia y contra todo abuso de poder. Una persona que ha sido un modelo a seguir para todo el periodismo”, concluyó la periodista e investigad­ora, María Teresa Ronderos, en memoria del director de El Espectador cuyo caso verá la primera demostraci­ón de perdón en 37 años.

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Estado pedirá disculpas por los daños causados por el homicidio de Cano.

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/ Archivo Guillermo Cano Isaza asumió la dirección de El Espectador en 1952, cuando tenía 27 años.

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