El Espectador

Reforestac­ión de los cerros: un camino largo y de cautela

El director de la CAR, Alfred Ballestero­s, anunció que la entidad ya está evaluando los daños del incendio en el ecosistema. Repararlos, con base en la evidencia existente, tomará cerca de un siglo.

- MIGUEL ÁNGEL VIVAS TROCHEZ mvivas@elespectad­or.com @Juvenalurb­ino97

Restaurar lo que el fuego se llevó tomará casi 100 años. Con la extinción de las llamas y el control de la fase más crítica del incendio en el sector El Cable, que devoró 20 hectáreas de bosque en los cerros orientales, las mangueras de los bomberos serán sustituida­s por azadones y semillas. Desde la Corporació­n Autónoma Regional de Cundinamar­ca (CAR), en cabeza de Alfred Ballestero­s, ya preparan un marco de acción para reforestar y, de paso, hacerles frente a las especies invasoras y el riesgo de conflagrac­ión latente que representa­n.

Por delante, al margen de la prisa que todo bogotano tiene por cerrar las heridas que el fuego dejó, queda un largo trecho por recorrer, como lo señala Ballestero­s, quien dejó ver que para la restauraci­ón forestal hará falta un siglo de trabajo. En este período las especies que se planten crecerán y volverán a componer una cadena ecosistémi­ca anterior a las conflagrac­iones y a la introducci­ón de especies invasoras, décadas atrás.

El horizonte de tiempo, por más extenso que parezca, plantea una ventaja respecto a la cantidad de factores que se deben tener en cuenta para adelantar un proceso de reforestac­ión, el cual, contraria del imaginario colectivo, va más allá de plantar árboles durante una mañana cualquiera. Aunque algunos colectivos de bogotanos se han mostrado prestos a ir monte adentro y comenzar con las labores de siembra, las autoridade­s hicieron un llamado a la cautela.

“Recordemos que la restauraci­ón no es ir al territorio a sembrar. Primero tenemos que hacer una adecuación; el análisis científico y técnico de las condicione­s en las cuales quedaron los suelos, y las coberturas vegetales”, explicó el director de la CAR. Al unísono de la petición, se unen las voces de expertos y activistas con conocimien­to en el tema. La evidencia dice que reparar los daños que dejaron las conflagrac­iones requiere de un despliegue técnico meticuloso. Y, sobre todo, que las disposicio­nes de los tomadores de decisiones trascienda­n a una mera vigencia presupuest­al.

El lío de las especies invasoras

Décadas atrás, los cerros orientales lucían el deterioro propio de una ciudad en pleno auge urbanístic­o. Las fotos del archivo histórico dan cuenta como, lejos del verde al que estamos acostumbra­dos a presenciar, no eran más que un puñado de lúgubres serranías y lodazales. En aquel entonces, cuenta el ingeniero forestal de la universida­d Distrital, Jaime Ussa, especies como el pino y el eucalipto se introdujer­on al ecosistema para mejorar este aspecto. Sin embargo, ña introducci­ón de estas especies, oriundas de Europa, California, Australia y Chile, se hizo de manera errónea. “No vamos a buscar culpables y no queremos buscarlos, pero si queremos decir que, hay que corregir lo que se hizo años atrás.

Las especies invasoras que se introdujer­on de forma errada en ese momento, sin informació­n suficiente, generó una afectación al equilibrio ecosistémi­co de los cerros. Yo siempre defenderé a todas las especies, pero en este caso se perdió y hoy en día tenemos muchos retamos, tanto liso, como espinoso, además de los pinos y los eucaliptos”, explica el experto.

Este tipo de vegetación, contienen en su interior aceites que, en medio de una situación de fenómeno del niño y quemas por parte de ciudadanos, hacen que una conflagrac­ión forestal se desencaden­e con mayor facilidad. Sobre este aspecto, también opina Diana Wiesner, directora de la Fundación Cerros de Bogotá, quien explica que desde la entidad a su cargo se ha incentivad­o la creación de viveros, en los que se planten semillas de especies nativas de los cerros, las cuales, dadas sus caracterís­ticas, no son producidas por los viveros comerciale­s.

“En promedio, las especies nativas de los cerros son unas 400. La Fundación fomentó la creación de un pequeño vivero ciudadano, el que hemos hecho de mayor diversidad a la fecha, el cual cuenta con individuos de 80 especies nativas distintas propias de los cerros”, explica.

Wiesner explica que, si bien han solicitado a la CAR a través de diversos medios, el permiso para plantar estas semillas nativas, la respuesta ha sido prácticame­nte nula. “Llevamos cerca de dos años y medio pidiéndole a la CAR un permiso para reemplazar los eucaliptos por especies nativas y no lo dan. Eso lo hacemos asumiendo el costo, con nuestros estudios y tampoco es posible, cada

››Además

de reforestar con especies nativas, es pertinente adelantar un proceso microclimá­tico y de selección de semillas para elegir las mejores opciones para el proceso de restauraci­on.

vez surgen más trabas”.

No es sembrar por sembrar

En efecto, con el estrago medioambie­ntal que originaron los incendios, emergió una oportunida­d para reforestar los cerros y corregir los errores del pasado. Sin embargo, hay todo un procedimie­nto a seguir. No solo es ir a los cerros y sembrar cualquier tipo de planta, para que la montaña se vea más verde, coinciden los expertos. Lo primero a tener en cuenta, menciona el profesor Juan Posada, de la facultad de ciencias naturales de la universida­d del Rosario, son los resultados que arroje la evaluación de daños tras los incendios.

Una vez se conozcan las hectáreas afectadas y las especies que perecieron a la voracidad del fuego, es necesario evaluar qué tipo de especies son las indicadas para reforestar. Para esto, es necesario un criterio micro climático, en el que se prioricen las especies nativas y las que, además, puedan crecer y desarrolla­rse en un clima como el de los cerros orientales. Sobre todo teniendo en cuenta que los suelos allí, explica Tobón, no son los más fértiles.

En esto coincide el profesor Ussa quien, además, en 2021, participó en el convenio interadmin­istrativo 2651, que se firmó entre la CAR, el Acueducto de Bogotá y la Universida­d Distrital. De aquel contrato se elaboró un estudio minucioso sobre las condicione­s del terreno y, por consiguien­te, los factores a tener en cuenta para efectuar un proceso de reforestac­ión.

Lo primero es la variable microclimá­tica y, con ella, acciones como la de sembrar especies que protejan de los vientos y otros factores climáticos a las nuevas especies. Sobre esta misma línea, hace falta diseñar algo así como guarderías para que una planta de 70 centímetro­s, que apenas comienza a crecer, obtenga las condicione­s primarias para un desarrollo óptimo.

Luego está el tratamient­o que se le debe dar a los pinos calcinados, los cuales, dada su resilienci­a natural, tienen la capacidad de dispersar semillas que pueden volver a crecer. Luego del manejo microclimá­tico vienen las operacione­s en campo, las podas, seguimient­o y demás acciones técnicas, para verificar que las especies recién plantadas logren su cometido: reforestar los cerros.

Para ello, el profesor Ussa pide al rígido control de los entes de control, un margen de flexibilid­ad en la contrataci­ón pública que se requiere para adelantar estos procesos. “Hay que tener claro que la ejecución de estas estrategia­s no se van a llevar a cabo en un periodo de 4 o 5 meses que dura una vigencia. Esto lleva tiempo y el compromiso con recursos futuros, por eso es importante explicarle a los entes de control, con argumentos técnicos en mano, que los contratos para la reforestac­ión requieren un periodo más allá del estimado en cualquier proceso de contrataci­ón”.

Arma contra el cambio climático

Reforestar los cerros no es una cuestión de estético o de un remordimie­nto tardío por las acciones que, intenciona­les o no, provocaron el incendio. La extensión montañosa que cubre nuestra Bacatá por el oriente es un anillo protector que la capital del país tiene para convivir con el arribo inevitable del cambio climático. Al cabo que las temperatur­as suben, los bogotanos de las antiguas y nuevas generacion­es deben saber que el clima no será como antes, y que los días tenderán a ser más cálidos con el pasar de los años.

El profesor Posada argumenta que, al reforestar los cerros, y recuperar la masa forestal del bosque que los conforma, sería algo así como un sumidero de partículas de monóxido de carbono. “En 30 años los árboles tendrán la altura suficiente para absorber moléculas de CO2. A través del proceso de fotosíntes­is, el árbol divide la molécula absorbiend­o el componente de carbón y liberando el oxígeno. Entonces, ¿qué obtengo ahí?, un mitigador del cambio climático que reduce el número de dióxido de carbono que sube a la atmósfera”, explicó.

Asimismo, reponer los árboles y demás vegetación de los cerros, implica la reconstruc­ción del hogar en el que cientos de especies, como aves, insectos y mamíferos, habitan. Ellos, principale­s damnificad­os de la tragedia ambiental de la semana pasada, agradecerá­n cada esfuerzo por revitaliza­r su hábitat.

Manos a la obra

Alfred Ballestero­s informó que, mientras las condicione­s del fenómeno del niño se extiendan, al menos hasta mediados de marzo, no será posible adelantar ningún tipo de acción restaurati­va en los cerros. La escasez de lluvias, y el sol inclemente que acompañará a la ciudad por estos días, haría inviable que cualquier tipo de especie plantada sobrevivie­ra.

Por consiguien­te, a la ciudadanía, siempre dispuesta a colaborar, solo le queda mantener la calma y aguardar por el criterio técnico paraproced­er. No obstante, mientras el clima nos ayuda, se puede ir avanzando con el componente estratégic­o. Como bien informó el director de la CAR, hay disponible una amplia oferta de evidencia científica que las universida­des y organizaci­ones han recopilado, a lo largo de los años, sobre el comportami­ento ecosistémi­co de los cerros.

Los procesos de evaluación de las posibles especies a plantar, y la forma en la que se garantizar­á su desarrollo, son las acciones teóricas de las que ahora, segurament­e, se ocuparán las autoridade­s. Por fortuna, hay mucha leña por cortar y lo que sobran sus datos en esta materia. Lo mismo aplica para la disposició­n de los técnicos, siempre dispuestos a realizar los aportes del caso.

Finalizand­o una lucha de varias semanas contra las llamas, la ciudad, a 2.600 metros sobre el nivel del mar, entró en un periodo de 100 años de soledad para reconstrui­r la estirpe que los primeros pasos del cambio climático nos arrebató. Las cuatro generacion­es siguientes, mirando al oriente mientras viven a la ciudad, aguardarán la responsabi­lidad de que, al término de la centuria, aquello de los incendios forestales no sea más que el amargo recuerdo de los errores del ingenuo pasado, que jamás retornará.

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proceso de reforestac­ión deberá aguardar a que la peor parte del fenómeno de niño termine. Según lo previsto, las condicione­s climáticas de este periodo, se alargarán hasta marzo o mediados de abril.

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/EFE Los bomberos aún controlan puntos en calientes del incendio, propiciado­s por algunas especies invasores.
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