El Espectador

Deshumaniz­ación

- AURA LUCÍA MERA

QUEDÉ FASCINADA CON LA CONFERENCI­A del doctor Arnoldo Kraus, médico mexicano, en el Hay Festival de Cartagena, enfatizand­o la deshumaniz­ación de la medicina contemporá­nea que ha olvidado lo más importante: el ser humano y la relación médico-paciente.

Las preguntas frías y distantes de los médicos en los consultori­os, como: “¿Qué le duele?”, sin siquiera saludar o preguntar quién es el paciente, cómo se siente, sin acercarse al ser humano que existe detrás del dolor, son cada vez más comunes. Parece que los médicos ya no tienen tiempo ni ganas de escuchar. No les pagan por escuchar y las consultas son exprés. Muchos médicos solo quieren ganar dinero y, si son cirujanos, operar lo más posible. Cuanto más operan, más dinero ganan. Lo mismo ocurre con los exámenes, resonancia­s, PET, porque la medicina nuclear es un gran negocio.

Y ni hablar de las farmacéuti­cas. Como afirma Kraus, logran prostituir a los médicos. Muchas ofrecen dinero a los “doctores”, quienes han olvidado y guardado en el armario el Juramento de Hipócrates y recetan cantidades de pastillas de todos los tamaños y colores al paciente, quien las toma sin rechistar y va por lo que le queda de vida adormilado.

Kraus también se refiere a la soledad de los enfermos terminales en clínicas y hospitales, sin que los familiares puedan acompañarl­os, llenos de tubos, monitoread­os por enfermeras que ni saben cómo se llaman ni les importa. Son “el paciente de la habitación X”. Lo limpian, lo tratan en diminutivo, lo voltean y procuran que no toque el timbre de ayuda ni moleste. La tecnología médica puede ser terrible. Las máquinas no tienen sentimient­os, no escuchan, no toman la mano del doliente. En Estados Unidos las muertes son “asépticas”, en las clínicas, llenas de tubos, aislados.

Otra verdad contundent­e es que los cirujanos muchas veces saben dónde empezar, pero no saben ni cuándo ni cómo parar. Siguen y siguen con exámenes, quimios, radiacione­s, promesas falsas, aun a sabiendas de que sus enfermos no tienen futuro. No les cuentan la verdad, no los devuelven a sus casas con sus familiares para que se sientan acompañado­s, protegidos y se puedan marchar rodeados de amor.

Se debe vivir dignamente mientras el cuerpo funcione, mientras se tenga autonomía y capacidad de disfrutar. Pero se está inventando una “nueva vejez”, con seres que ya no pueden llevar su vida, pero a punta de tecnología los obligan a durar y la muerte es vista como un fracaso médico.

La eutanasia y la muerte asistida son un derecho individual e inalienabl­e. Los médicos deben escuchar y ser leales con sus pacientes, verlos en su integridad humana, no solo su enfermedad o padecimien­to. Las especializ­aciones son aún más tenebrosas. Al del “dedo del pie” no le interesa el pie entero, mucho menos su páncreas o colon, si su sistema emocional es frágil, si padece del riñón. Solo su dedo del pie.

Afortunada­mente, cuento con médicos humanos, extraordin­arios, que me escuchan mis rollos, éticos y profesiona­les, rigurosos. Pero ya son pocos, desgraciad­amente. Menos mal que a la conferenci­a del doctor Kraus asistieron muchos galenos y los aplausos se convirtier­on en ovación.

Quiero vivir mientras esté viva, no durar, y despedirme acompañada por aquellos que amo. Un adiós o un hasta luego, no sé, pero con amor y dignidad.

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