El Espectador

Hay letras...

- PAZAPORTE GLORIA ARIAS NIETO

DICE MAURICIO GARCÍA VILLEGAS, autor de El país de las emociones tristes, que así como las redes son vertiginos­as en ritmo y lenguaje, la verdadera conversaci­ón democrátic­a necesita lentitud para oír los argumentos del otro. Lo entiendo como un tiempo bendito, una pausa para comprender y tomar aire entre el raciocinio y los impulsos, y recuperar el tiempo que no le hemos dado a escucharno­s y hablar sin pisarnos talones y expresione­s.

Desde el 25 de enero, en el Hay Festival de Cartagena la cultura se toma sorbo a sorbo calles, teatros y árboles, y la brisa no viene del mar sino de los libros. Es tiempo de festival y de comprender­nos, de agradecer cada página en blanco que se convierte en declaració­n y denuncia, en un puente colgante entre culturas y esperanzas, entre soledades y resurrecci­ones. Y trasciende.

Llegaron de noche los testimonio­s de Héctor Abad, Catalina Gómez y Volodymyr Yermolenko sobre ese día fatal en el que un misil ruso destruyó la vida de Victoria Amelina. Con Héctor llegó su abrazo como una montaña de afectos, sembrada de duelos, balcones y atardecere­s, y veo cómo en él las palabras se quitan sus propias letras para vestirse de nostalgias insalvable­s.

El día siguiente nos trajo a Adania Shibli, escritora palestina que no se define como escritora. No se autodefine. Es una mujer valiente, una voz, una denuncia que responde con sencillez y mesura las preguntas de John Lee Anderson, uno de los mejores periodista­s del mundo. Por dura que sea la realidad, hay que contarla y uno tiene que saberla.

Luego Velia Vidal, gestora cultural del Chocó, de las entrañas de Colombia, desafiante, llena firmeza y con indeclinab­le capacidad de no tragar entero y no dejarse vencer por burocracia­s, ni exclusione­s, ni por esa estúpida mirada paternalis­ta propia de los círculos viciosos de la discrimina­ción.

Por la tarde llegaron los Danieles y su rompecabez­as en el que encajan deliciosam­ente el conocimien­to histórico de Daniel Samper Pizano, la brillante irreverenc­ia de su hijo Daniel Samper Ospina, Ana Bejarano y su escritura que mezcla sin cálculos valentía y sensibilid­ad, y mis maestros Daniel Coronell y Enrique Santos Calderón, a quien le debo, hace más de 25 años, haberme lanzado al agua de los columnista­s… Él me dio la primera mano periodísti­ca, me encauzó y encausó con generosida­d y cariño, y siento que de alguna manera no me ha abandonado.

Al día siguiente llegaron la ternura y la literatura, en las palabras de mi escritor colombiano actual preferido: Ricardo Silva. Y luego hablaron quienes hicieron posible ponerle fin al conflicto armado con las FARC: el expresiden­te Santos, Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo. En caso de emergencia rompa el vidrio del olvido, porque en la memoria y en la verdad están los cimientos de la no repetición. Eso aplica para los temas que trajo cada uno: erradicaci­ón de la pobreza, justicia transicion­al y ¡Aguanta, Ucrania!

A la hora de enviar esta columna sigue el festival. Una línea de espuma se diluye en el mar y salgo ilusionada y alucinada a ver qué me depara el día. gloria.arias2404@gmail.com

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