El Espectador

¡Es ahora!

- LA TRIBUNA DE MAROCCO ANDRÉS MAROCCO

Aprovechem­os la coyuntura. Tocamos fondo con la selección sub-23 después de no sumar un punto y ni siquiera marcar un gol en el Preolímpic­o de Venezuela, que acaba de terminar en su primera fase, dejando a Colombia llorando una vergüenza más en este certamen.

Estábamos engañados, pareciera que en desgracias deportivas siempre nos podemos superar. Lo que sufrimos en Londrina ya hace 24 años, cuando nos devolviero­n temprano también al ser goleados 9-0, ya no está solo en el podio de las miserias del fútbol tricolor.

Fuimos últimos sumados los dos grupos, con cero unidades, cero goles a favor y ocho anotacione­s en contra, ¡increíble!

El principal culpable es Héctor Cárdenas, quien a propósito ni siquiera era el técnico oficial, según él afirma “of the record”, pero no está solo en el patíbulo.

Detrás están quienes lo eligieron hace más de un lustro para estar al frente de los procesos juveniles. Ya había dejado el vallecauca­no un registro penoso con la sub-17 en 2019, solo clasificó a un Mundial con la sub-20, de locales, pasamos terceros, y en el resto de misiones nos eliminó.

Su mensaje, que se traduce claramente en el juego de sus dirigidos, siempre ha sido pobre, temeroso, amarrado, limitador. Ha dilapidado talentos y buenas sensacione­s. Pero lo peor del caso es que se lo permitiero­n…

Si la tendencia del señor Cárdenas es eliminarno­s de cuanto torneo existe, ¿por qué lo dejaron tanto tiempo? Seguro de que los jugadores ya en una edad profesiona­l también son responsabl­es.

La cantidad de goles que se perdieron en los cuatro encuentros fue notable. Los errores individual­es y de concepto no son culpa del técnico y dan escalofrío. Pero la mayoría de inconvenie­ntes que se veían en la cancha tienen el sello de siempre de don Héctor, que aceptó un encargo muy pesado para sus capacidade­s.

Por enésima vez en esta tribuna invocamos a que se haga algo ya. No podemos seguir así, hay que barajar y volver a repartir, pero no es solamente cambiando a los entrenador­es, hay que empezar desde abajo. Definir una línea y capacitar a los formadores de las categorías básicas. Todo empieza desde abajo, desde el primer mensaje al prospecto.

Unificar criterios e ideas y trabajar en nuestras falencias para “reforzar las fortalezas” que de una vez por todas hay que identifica­rlas.

Somos buenos generalmen­te con la pelota y se dan por montones extremos y centrales, por poner un ejemplo, entonces que siga pasando lo bueno, pero hay que enfocarse también en otras posiciones y, sobre todo, en lo que siempre falta, la mentalidad.

Si no hay maestros fuertes en ese sentido, van a seguir apareciend­o temores en sus discípulos. Profesores bien pagos, con la menor cantidad de falencias posibles en sus hogares para que transmitan esa armonía, es lo que se requiere.

Hay que hacer un alto en el camino ya y reestructu­rar, o nos vamos a despertar demasiado tarde cuando no haya futuro.

‘‘Fuimos

últimos sumados los dos grupos, con cero unidades, cero goles a favor y ocho anotacione­s en contra, ¡increíble!”.

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/ Cortesía Los jugadores y el técnico Héctor Cárdenas después de la derrota ante Bolivia.
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