Chi­le: un ex­pe­ri­men­to de fu­tu­ro

El Heraldo (Colombia) - - OPINIÓN | PUNTOS DE VISTA - Por Jo­sé Amar Amar jo­sea­ma­ra­[email protected]

Los es­tu­dios de so­cie­da­des com­pa­ra­das in­da­gan por qué unos paí­ses pros­pe­ran más que otros, bus­can­do ex­pli­ca­cio­nes des­de la his­to­ria, la geo­gra­fía, la eco­no­mía y la po­lí­ti­ca.

A raíz de mi vi­si­ta en es­tos días a Chi­le, me re­sul­ta in­tere­san­te pre­gun­tar por qué es­ta pe­que­ña na­ción fue la co­lo­nia más po­bre del Reino es­pa­ñol–, es hoy la que tie­ne el in­gre­so per cá­pi­ta más al­to de la re­gión, ocu­pa el pri­mer lu­gar en desa­rro­llo hu­mano, po­see el más ba­jo ni­vel de co­rrup­ción, el me­nor por­cen­ta­je de per­so­nas vi­vien­do en po­bre­za y se­rá, a me­dia­dos del pró­xi­mo de­ce­nio, el pri­mer país desa­rro­lla­do de Amé­ri­ca La­ti­na.

Los da­tos dan cuen­ta de una na­ción que pue­de mi­rar su fu­tu­ro con op­ti­mis­mo, con gran­des ex­pec­ta­ti­vas. A ni­vel de per­cep­ción, los chi­le­nos con­si­de­ran que su vi­da ac­tual es no­to­ria­men­te me­jor en com­pa­ra­ción con la de sus pa­dres. Es un con­jun­to de fac­to­res los que le han per­mi­ti­do a es­te país un in­ne­ga­ble pro­gre­so; pe­ro qui­zás el más im­por­tan­te es que los chi­le­nos apren­die­ron la lec­ción del pe­li­gro que im­pli­ca cuan­do el odio al otro su­pe­ra la ra­zón, y co­mo con­se­cuen­cia les to­có vi­vir un lar­go pe­rio­do de dic­ta­du­ra. De­bi­do a ello, los chi­le­nos apren­di­mos a ser me­su­ra­dos, a es­cu­char al que pien­sa di­fe­ren­te, a res­pe­tar­nos en­tre no­so­tros mis­mos, sin re­co­no­cer enemi­gos a los que hay que ani­qui­lar.

Chi­le es un ejem­plo del pa­pel im­por­tan­te que jue­ga la po­lí­ti­ca en el bie­nes­tar de to­dos cuan­do pre­do­mi­nan las bue­nas prác­ti­cas. Des­de que se vol­vió a la de­mo­cra­cia, el 70% de los re­cau­dos tri­bu­ta­rios se des­ti­na­ron a lo so­cial, con efec­tos muy po­si­ti­vos: del 50% de per­so­nas que vi­vían en con­di­ción de po­bre­za du­ran­te la dic­ta­du­ra, hoy so­lo el 10% vi­ve en es­ta con­di­ción. La mi­tad de los jó­ve­nes de fa­mi­lias de me­no­res in­gre­sos pue­den con­ti­nuar sus es­tu­dios uni­ver­si­ta­rios gra­tui­ta­men­te. Más del 80% de los chi­le­nos es due­ño de la ca­sa don­de vi­ve y 8 de ca­da 10 tra­ba­ja­do­res tie­nen em­pleos for­ma­les.

Qui­zás el cam­bio más no­to­rio en es­tos días es la gran can­ti­dad de mi­gran­tes que ha re­ci­bi­do el país. Los co­lom­bia­nos son la cuar­ta co­lo­nia con más re­si­den­tes en Chi­le. En los úl­ti­mos años han in­gre­sa­do mi­les de hai­tia­nos. Co­mo Chi­le siem­pre ha si­do un país pro­gre­sis­ta, fue el pri­me­ro en abo­lir la es­cla­vi­tud, por lo que los due­ños de los es­cla­vos se los lle­va­ron a otros paí­ses, y por eso prác­ti­ca­men­te no se veían afro­des­cen­dien­tes; en cam­bio, hoy se ven hai­tia­nos en to­dos los lu­ga­res. Aun­que al­gu­nos chi­le­nos se que­jan del au­men­to del flu­jo mi­gra­to­rio y su im­pac­to en el ám­bi­to la­bo­ral y en los ser­vi­cios, al fi­nal los paí­ses re­cep­to­res de mi­gran­tes se be­ne­fi­cian con el tra­ba­jo y la crea­ti­vi­dad que apor­tan es­tos flu­jos cul­tu­ra­les.

Chi­le no es un pa­raí­so, pe­ro con una po­lí­ti­ca res­pon­sa­ble ha lo­gra­do en me­nos de 30 años ser una so­cie­dad de cla­se me­dia. Aun­que to­da­vía es un país que tie­ne gran­des desafíos, es un ex­pe­ri­men­to in­tere­san­te pa­ra es­tu­diar. No so­lo por la glo­ba­li­za­ción de su eco­no­mía, sino por­que ha de­mos­tra­do que cuan­do las de­mo­cra­cias tie­nen pro­ble­mas, la so­lu­ción no es el au­to­ri­ta­ris­mo, sino pro­fun­di­zar los va­lo­res de­mo­crá­ti­cos en la so­cie­dad ci­vil.

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