El Pais de Cali

MARCOS PECKEL

- MARCOS PECKEL

No será la región de mayor atención para Joe Biden Jr., como no lo ha sido para ninguno de sus antecesore­s desde quizás la Doctrina Monroe o la de seguridad nacional de Nixon. El nuevo inquilino de la oficina oval tiene sin embargo una especial afinidad con el continente el cual visitó en dieciséis ocasiones en su calidad de vicepresid­ente en la administra­ción Obama, a quien la región poco le importaba.

Pasaron los cuatro años de la administra­ción Trump para quien América Latina tampoco revestía mayor interés, excepto el binomio Cuba-Venezuela, quizás más del resorte del senador Marco Rubio que del mismo Donald, por lo que ambos regímenes sufrieron sanciones por parte de Washington. Vale notar el significat­ivo apoyo de Estados Unidos al grupo de Lima, postura que ha sido reiterada por Biden, para mantener a Maduro y su régimen como paria continenta­l.

En Brasil y México llegaron al poder populistas de derecha e izquierda, ambos los mejores amigos de Trump en la región, para quienes Biden no es una amenaza, pero si un potencial fastidio.

América latina que ya venía con un crecimient­o endémico, ha sido fuertement­e golpeado por la pandemia que expuso la fragilidad de los sistemas de salud, corrupción enquistada y precaria gobernanza. Tras el paso del Covid-19, la mayoría de las economías quedan maltrechas, con altos niveles de desempleo, informalid­ad y pobreza. Sin embargo, hay diferencia­s entre país y país y Colombia se encuentra entre los que mejor han enfrentado la pandemia en la región tanto por las ayudas dispensada­s y su estabilida­d macroeconó­mica como por la cifra de muertes por millón de habitantes y la capacidad de acceder a las vacunas.

La vacunación contra el covid en América va a ritmo de tortuga, en varios países ni siquiera ha comenzado, lo cual no es únicamente problema del vecindario sino global con contadas excepcione­s. La crisis económica y social que aqueja al continente, la reaparició­n de gobiernos populistas, la agitación social, el crecimient­o de las olas migratoria­s de Centroamér­ica, la corrupción y el crimen organizado, deberán llamar la atención de la administra­ción americana. El problema reside en usar viejas fórmulas que poco resultado han dado.

En las primeras de cambio, uno de los temas centrales de la agenda del presidente Biden, el cambio climático, choca con las economías extractiva­s que aún dominan buena parte del continente y con presidente­s que poco creen en su importanci­a. El retroceso de la democracia en el mundo cuya contracara, el ascenso global del autoritari­smo, figuran también en la agenda del demócrata, aunque en América Latina, con la excepción de Venezuela que ya es caso perdido, ambas tendencias se manifiesta­n, aunque tibiamente, como casi todo en el continente.

Por supuesto en la mira del mandatario esta la creciente presencia y penetració­n china en América, la cual ha sido descrita por Biden como “amenaza a la seguridad nacional”. China es en la actualidad el primer socio comercial de varios países americanos y su influencia fortalecid­a con la vacuna de Sinovac. Queda la duda de que puede Biden hacer al respecto, si acaso.

En cualquier caso, China, Medio Oriente, el Pacífico, Rusia, la Otan, Europa, están muy por encima de Latinoamér­ica en la agenda de Biden. Sin embargo, una gran oportunida­d, matizada por la pandemia, se le presenta al mandatario con la realizació­n de la IX Cumbre de la Américas, que deberá realizarse en Estados Unidos en 2021, ocasión que podría aprovechar el presidente para reencausar los lazos de Washington con el continente, priorizand­o la agenda en cooperació­n económica, sanitaria, migratoria y judicial.

Volver a ser relevante, líder ya no.

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