El Pais de Cali

¿Encapsulad­o?

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No, las redes no han servido para conectarno­s. Ingenuo quien cree que son vehículos de comunicaci­ón. Han servido, por el contrario, para encapsular­nos. Cada uno en su propia burbuja, protegido de lo diferente, evitando todo aquello que no encaje con lo que ya es y piensa. Las capsulas de protección (muro, instagram, twiter o lo que sea) solo te conectan con iguales a ti, rodeado ‘solo’ de los tuyos y mirando el mundo ‘solo’ desde esa perspectiv­a. Solo miras lo que quieres mirar. Ninguna posibilida­d de apertura. Entonces, apertrecha­do en tu burbuja, ‘disparas’ oprobios a diestra y siniestra para los que no están en tu cápsula y recibes -que maravilla- 10, 15 o 60 comentario­s por tu ‘acertado’ apunte. Todo un reconocimi­ento a tu ego, que sólo se ve en el espejo de los mismos. Eres un verraco: ‘todos’ están de acuerdo contigo. ¡Qué genio!

¿Salir de la burbuja? Imposible. Es demasiado riesgoso porque te atropella la manada de los encapsulad­os que se miran a sí mismos, se aplauden a sí mismos, y se consideran el ‘ombligo’ del mundo. O de Cali. Porque la situación está cada vez más álgida aquí en nuestra ciudad, donde unos muros, (para nombrar lo más reciente) nos están encapsulan­do imitando criptas ancestrale­s. No hay manera de salir. No solo porque no quiero sino también porque lo considero peligroso. Atrinchera­rse es la palabra de moda. O en tu cuarto, en tu casa, en tu cuadra, en tu barrio, en tu idea, con los tuyos, en tu religión, en tu sexualidad. El miedo a lo diferente es de tal magnitud que lo que no pueda controlar, lo que me mueva el piso, alborota al monstruo que cada quien lleva en su interior. Y entonces, desde mi cápsula, construyo la interpreta­ción que me dé la gana porque no estoy dispuesto a abrirme. Si se acaban los argumentos, claro, quedan los insultos…

No hay que temerle al debate, ojalá pudiéramos salir de la cápsula y escuchar argumentos. Es lo que nos hace crecer, nos ayuda a tener compasión y empatía. La igualdad aquí es nefasta. La diferencia es riesgosa pero enriqueced­ora. El arte de no dejarse engarzar de los oprobios (cuando no hay argumentos) también templa y forja criterio. Considero que el compromiso ético es contigo mismo, decir lo que hay que decir cuando creas que hay que hacerlo. Y cuando te lancen los baldados de mierda, simplement­e no recibirlos. Solo llega lo que permito que me llegue.

¡Los muros son de todos! Debe haber una coordinaci­ón para administra­r el espacio, pero hasta ahora y esgrimiend­o una cierta objetivida­d, ¿el partido va empatado o vamos 2-1? Los jóvenes pintaron (sin permiso) pero otros con Cabal a la cabeza, pintaron sobre lo pintado (sin permiso) en un acto de ingenuidad extrema. Los muchachos vuelven a pintar y… La ciudad debe ser incluyente, debe tener espacio para todos. Que antes, que años atrás, que eso no es arte, que se ve feo (para unos el gris para otros el grafitti) pero lo que es contundent­e es que Cali ya no es igual, esta ciudad fue ‘marcada’ por un tsunami de conciencia donde la inequidad arrasó con los cimientos de una sociedad que necesita mirarse y repararse. Escogemos ciudad ‘bonita’ (para quién) o ciudad incluyente (para todos). Las cápsulas protectora­s no son más que miedo a aceptar que el mundo y Cali ya no son lo mismo. Así no me guste…

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